Algunas impresiones sobre el Estado Islámico (I)

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El pasado dieciocho de marzo hubo un atentado en la capital tunecina, reivindicado posteriormente por el Estado Islámico. En el atentado murieron, entre muchos otros, un matrimonio de Barcelona, del cual el periódico El Mundo destacaba que eran de fuertes convicciones independentistas. No sé si ésta información realmente aportaba algo a la noticia, pero ellos, por supuesto, son libres de publicar lo que quieran. Más información, sobre el atentado, aquí.

Simplificando mucho: al menos tres sujetos, uniformados pero con fusiles no reglamentarios, intentaron entrar en el Parlamento mientras allí debatían una nueva ley antiterrorista; la seguridad del Parlamento se dio cuenta que los fusiles no eran los reglamentarios, se desató un tiroteo, y los asaltantes huyeron hacia el cercano Museo del Bardo, disparando a los pasajeros de un autocar lleno de turistas y atrincherándose en dicho museo. Tras un tiroteo, el escape de los rehenes, dos asaltantes abatidos y cuatro más detenidos, el Estado Islámico asumió el ataque como propio al día siguiente. Hasta aquí nada nuevo, lo hemos visto todos en las noticias y, por supuesto, lamentamos todas las muertes.

Pero el Estado Islámico es algo nuevo que nos ha cogido a todos por sorpresa. Poco parece saberse de ellos, pero intentaré aclarar algunas cosas basándome en dos libros recientes ISIS, el retorno de la yihad, del periodista irlandés Patrick Cockburn, y El fénix islamista dela experta en la financiación del terrorismo Loretta Napoleoni. Los libros tratan del mismo tema, el Estado Islámico, pero desde diferentes ópticas y con estilos muy diferentes. El libro de Cockburn es una recopilación de artículos periodísticos de su autoría, ordenados según temática, en la que a veces parece repetirse información (datos tales como víctimas o efectivos, nada molesto). El libro de Napoleoni, más estructurado, es un análisis sobre éste nuevo engendro del próximo oriente, desde los orígenes de sus líderes a su financiación y su forma de actuar.

Empecemos por el nombre. No siempre se han llamado Estado Islámico. En origen formaban parte de Tawhid al Yihad, luego se transformó en Estado Islámico de Irak y después pasó a formar parte de Al Qaeda en Irak. Es en 2010, cuando el actual líder Abu Bakr al Bagdadí asume el poder de la organización, que ésta recupera su anterior nombre de Estado Islámico de Irak, y es en 2013, tras una fusión con una sección del grupo yihadista sirio afiliado a Al Qaeda Jabhat al Nusra que la organización pasa a llamarse Estado Islámico de Irak y Levante. Desde la proclamación del califato, han regresado a la denominación Estado Islámico. Todo esto para ilustrar que no surgen de la nada. Sus orígenes pueden trazarse unos 10 años atrás, en la insurgencia iraquí contra la coalición internacional liderada por los Estados Unidos que llevó a cabo la invasión de 2003 para derrocar a Saddam Hussein con el pretexto de que éste poseía armas de destrucción masiva.

Es fácil pensar que son la nueva Al Qaeda. Han luchado juntos, son yihadistas, fundamentalistas islámicos sunnitas, que odian (casi) todo lo relacionado con occidente. Pero el nombre nos da una pista de una de las principales distinciones. Al Qaeda (más o menos traducido como la base en árabe) era una red de pequeñas células terroristas, esparcidas por el mundo, con un objetivo común: la destrucción de occidente y, ya más lejanamente, la proclamación del regreso del califato. El principal objetivo de la organización de Bin Laden era Estados Unidos y el occidente que representa. Para el Estado Islámico las cosas son bien distintas.

El nombre ya deja claro que no son (o no quieren ser) una organización terrorista más. Ellos quieren la creación de un Estado nacional, una suerte de Israel, pero para los musulmanes sunitas, un califato. Si bien han hecho llamamientos para que lobos solitarios realicen atentados contra ciudadanos y Estados occidentales, sus enemigos están en la región de Oriente Próximo, y no son otros que los Estados que allí existen, cualquier rama del islam que no sea la sunní –con especial odio hacia los chiís- así como otras religiones. El razonamiento es el siguiente: según sus interpretaciones del sagrado Corán (si alguien lo ha estudiado que me corrija) no puede disociarse el poder político del religioso, y por tanto, el jefe del estado y del gobierno no puede ser una figura secular, como bien pueda ser un dictador o un presidente. Los miembros del Estado Islámico los consideran apóstatas, al igual que a los chiís, que dentro del islam, como en otras religiones, es algo bastante grave.

Hasta aquí algunos apuntes básicos. La cosa seguirá en el próximo artículo.

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