La cuestión religiosa en el siglo XXI

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Todo lo que uno pueda escribir hoy va a tener relación con los atentados de París del 13 de Noviembre. Tenemos una nueva sigla en el imaginario común en relación a los atentados de índole yihadista, eso sí, siempre en territorio occidental. No voy a dedicar éstas líneas a discutir sobre los hechos ocurridos. He leído ya demasiados comentarios en twitter, facebook y hasta he escuchado a tertulianos especular sobre si ha sido un ataque bajo bandera enemiga, un auto-golpe, quintas columnas, conspiraciones involucrando a los Illuminati (sí, los Illuminati). Tampoco entraré en el debate de por qué nos escandalizamos tanto cuando esto sucede en París, pero no cuando esta misma semana sucedió en Beirut. Creo que lo más sano, tanto a nivel individual como colectivo, es seguir la información, procurar no abrir demasiado la boca a menos que sepamos algo con certeza o podamos aportar algo útil y, sobretodo, dejar que se enfríe el asunto para poder tratarlo con la dignidad que se merece. Sé perfectamente que en los tiempos que corren, la inmediatez es la norma y que esto no sucederá, pero no por eso deja de ser útil mi recomendación.

Anoche, cuando después de cenar mi padre me dijo que había un tiroteo en Francia, lo primero que se me pasó por la cabeza fue un acto terrorista más perpetuado por algún lobo solitario, alguien medianamente afín a ISIS o alguna otra organización. No había indicios que apuntaran a ésta tesis, pero es la impresión que me daba. Más tarde, Hollande decía en rueda de prensa que el acto había sido organizado en el exterior por Daesh y ejecutado con ayuda del interior del país. No ha sido hasta esta mañana que la organización ha reclamado el acto como propio. ¿Qué implica que la atrocidad haya sido cometida por Estado Islámico? Que va a haber otra ola de manifestaciones islamófobas y racistas, que se va a mirar con más recelo todavía a los refugiados que vienen hacia tierras europeas (irónico que, siendo ellos los que huyen de actos como estos en sus propios hogares, día tras día, vayan a ser ellos los señalados como culpables) y que, inevitablemente, se hablará de religión, y se mezclará ésta con aspectos raciales y debatiremos estérilmente si el Islam es una religión de paz o no, si el Islam predica el odio hacia el Occidental y, sobretodo, pasaremos por alto que los mismos musulmanes son los que en los últimos años han venido sufriendo estas atrocidades, con el añadido de intervenciones extranjeras y ataques con drones que tienen la mala costumbre de impactar sobre civiles – pasados a llamar ‘daños colaterales’.

9788430606252Es por esto que me ha venido a la cabeza una de las lecturas más útiles que he podido realizar este año: La cuestión religiosa en el siglo XXI. El autor de la obra es Georges Corm, libanés formado en Francia durante los años sesenta en ciencias políticas, económicas y derecho. No os asustéis no es una obra densa, e invito a todo el mundo a leerla.

En esencia, y motivo por el cual hablo del libro en un día como hoy, la tesis de la obra es que, debido a la globalización económica y financiera del pasado siglo, las viejas democracias han perdido capacidad de legitimación. Esta crisis no sólo ha afectado a los Estados-nación sino que ha afectado a los tres grandes monoteísmos, siendo en parte el causante de la aparición de los extremismos religiosos. Ejemplos de ello son los hijos de migrantes magrebíes en Francia y España o hijos de migrantes pakistaníes o sirios en Reino Unido, que perciben que el Estado les ha fallado, alienándolos y empujándolos hacia extremismos religiosos, identidad que los acoge con los brazos abiertos, no como la de los Estados dónde viven y de los cuales tienen la ciudadanía.

El libro no es sólo ésta tesis. Habla también el señor Corm de temas que nos interesan para entender los repulsivos actos de París. Como se puede deducir por el título, el libro trata sobre la cuestión religiosa en el siglo XXI. Esto incluye un repaso histórico de la instrumentalización de la religión en distintas épocas de la historia de la humanidad, incluyendo el colonialismo europeo, justificado en la época por intelectuales franceses como el deber de imponer el progreso a aquellos menos desarrollados. Pero la religión ha sido también un instrumento clave durante la Guerra Fría, y de aquéllos polvos éstos lodos. Para combatir la invasión soviética de Afganistán, el bloque occidental fomentó grupos yihadistas, como por ejemplo Al-Qaeda, que luego se volvieron contra Occidente cuando se intervino en Irak, y algunas de cuyas facciones ahora integran el Estado Islámico.

Y hablando de violencia, ¿hay mayor expresión de violencia que el terrorismo indiscriminado? Los que veis tertulias donde aparece Francisco Marhuenda habréis tenido la oportunidad de escucharle situar el origen de la violencia política en la Revolución Francesa, culpando, sobretodo, a Voltaire, y mezclando la Revolución Francesa, la violencia indiscriminada y el anticlericalismo. Georges Corm cree que esto es un error: no sólo es una mala interpretación de la Revolución Francesa, motivo por el cual todos ahora podemos disfrutar de derechos y libertades independientemente de nuestra condición -todo en teoría- sino que además es peligrosa, pues culpa al laicismo de los horrores religiosos. Nadie dice que la Revolución Francesa fuera cosa de hippies. Hubo violencia, y la hubo con fines políticos, pero no fue ésta la génesis del terrorismo. El origen tiene lugar un par de siglos antes, en Europa, y de mano de la religión.

Entre el siglo XVI y el XVIII se dieron en Europa una serie de conflictos que comenzaron con la Reforma Protestante, cuya característica principal era el papel de la religión y las tácticas empleadas. No fue una guerra de grandes ejércitos en campos de batalla, como lo fueron las guerras napoleónicas. Las guerras de religión en Europa tenían varios objetivos, entre ellos eliminar al diferente, exterminarlo a él y a su estirpe, atemorizarlos. Para hacerlo empleaban tácticas que sólo pueden ser calificadas de terroristas: quemaban a pueblos enteros con sus gentes dentro, envenenaban pozos, etc. Lo hacían, en parte, porqué encontraban justificaciones bíblicas para hacerlo, tantos unos como otros. Y en parte de estos eventos tuvo un cierto protagonismo la Santa Inquisición. ¿Qué tiene que ver esta institución, totalmente religiosa, con la política y con los recientes eventos? Pues la institucionalización de los delitos de opinión, que es lo que los autos de fe fueron. (Como podemos ver la violencia y el terrorismo no es sólo cosa del Islam).

Es posible que no se vea claramente la relación del libro con los atentados de París. Hemos visto que la religión ha sido, desde hace siglos, instrumentalizada para satisfacer diversos intereses: colonialismo (expansión territorial y colonial pero no así de derechos como la ciudadanía), guerras subsidiarias (Talibanes, Al-Qaeda, islamistas moderados en Siria e Irak, etc.). Y también que los orígenes del terrorismo (violencia política) tienen mucha relación con la religión (de hecho fue a causa de conflictos intra-religiosos), que ahora algunos se empeñan en verlo como inherente sólo a una (el Islam).

0102192_xl¿Qué podemos extraer del libro que nos pueda ser útil para entender los sucesos del 13N? Primero de todo: la instrumentalización de la religión y el terrorismo con fines religiosos no es inherente a una religión concreta. Los grandes monoteísmos se basan en verdades reveladas en forma de libro, los cuales tienen como mínimo un milenio. Nada de lo que ahí se mencione debe tomarse al pie de la letra, ni para bien ni para mal. La religión es también un tipo de identidad, que no tiene nada que ver con la violencia. Es en casos de alienación y de radicalización (yihadista) cuando se empieza a mezclar religión con violencia y terrorismo. Muchos de estos fenómenos (de radicalización, de violencia) tienen su origen en el Estado moderno y sus errores, ya sea de puertas a dentro o hacia fuera. Uno de los principales puntos de las agendas de las democracias actuales debería ser cómo conseguir que la gente no se radicalice, que no tenga motivos para dejar de identificarse con los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad que a su vez son los que permiten que las distintas identidades puedan coexistir en paz. De puertas a fuera hay que tener en cuenta que los Estados y las guerras no son laboratorios donde podemos tener todo controlado a excepción de una variable: cualquier intervención que hagas en pro de unos intereses puede tener consecuencias desastrosas. Ahí tenemos el 11S, el 11M, el 7J y ahora el 13N.


Silbidos, caricaturas y desnudez. Tres ejemplos de libertad.

Hablar sobre lo que pretendo yo hoy es complicado. En mi mente tengo las ideas bastante claras, pero escribirlas no ha resultado tan sencillo como esperaba. Hablar de la libertad, de forma seria, es algo complicado, pues numerosos factores entran en juego y, evidentemente, lo que filósofos no han aclarado en libros enteros no lo explicaré yo en una entrada de un blog. No soy yo la clase de personas que tiene una idea o un modelo de sociedad y pretende obligar al resto. Al contrario, debido al respeto a la libertad y a las personas, creo que lo ideal serían unos marcos, esquemas, que permitieran una amplia libertad igual para todos. Pondré tres ejemplos en los que pienso que lo sensato sería respetar la libertad de cada uno, y los pondré a sabiendas que no todo el mundo estará de acuerdo conmigo. Estos tres ejemplos son las pitadas a los himnos, las caricaturas de Mahoma y el ir (semi)desnudo por la calle.

El pasado sábado 30 de mayo se disputó la final de la Copa del Rey de fútbol entre el FC Barcelona y el Athletic Club de Bilbao. Como era de esperar, al sonar el himno español previo al partido, este fue sobradamente pitado, hasta el punto en que (en la emisión de TV3) el himno apenas podía intuirse. No han faltado los periodistas, tertulianos y opinólogos profesionales, expresando su apoyo a la libertad de cada cual de pitar los himnos, pero también aquellos a los que les ha salido la bilis y han llegado a pedir sanciones contra los individuos que pitaron al Rey o a los clubes, por no hacer nada, o asociaciones que lo hayan promovido. Evidentemente, creo que sancionar un ejercicio de expresión como puede ser pitar un himno o institución, por muy símbolo de la Nación que sea, está fuera de lugar. Si bien Floriano juzga horrorosa dicha acción (que está en su pleno derecho) porqué son símbolos que nos representan a todos, precisamente porqué dicha representación no ha sido consultada a los representados, no veo problema alguno en protestar mediante silbidos. El problema con los símbolos nacionales del Estado español, como su bandera, himno y jefe del Estado, es que no son excesivamente democráticos: el rey no ha sido elegido para su cargo, la bandera y el himno no cuentan con el apoyo de todas las naciones que forman parte de España y, por tanto, no representan a la totalidad de su población. Evidentemente puede ofender que a uno le piten su himno, pero, como en muchas otras situaciones en la vida, a veces no hay más que aguantarse. Pero al igual que el que no está conforme lo silba, el que sí está conforme lo aplaude y, por tanto, no veo cual es el sentido de querer prohibir que se silbe por el hecho de ofender.

Las caricaturas de Mahoma han sido polémicas y han traído alguna que otra amenaza y alguna que otra muerte. No es un fenómeno exclusivo del Islam.  La revista El Jueves dibujó al actual Rey con su mujer, cuando todavía eran príncipes, teniendo sexo con la intención de obtener una ayuda económica para sus hijos –sí, el polémico cheque bebé de Zapatero. También ha habido quejas entre comunidades católicas (muy, muy católicas) por caricaturas del Papa, de Obispos y por satirizar sobre la pedofilia y el excesivo ímpetu de los pro-vida en defender su posición. Pretender prohibir una caricatura, o realizar amenazas contra las personas que las hacen, es algo muy peligroso. Al hacerlo uno (o una comunidad) asumeque hay algo extremadamente sagrado y que, por tanto, nadie puede mancillarlo. Entiendo a la perfección que dentro de cada una de estas comunidades se ofendan y prohíban a sus miembros dichas acciones que mancillan aquello que para ellos es sagrado, pero deberíamos entender que extender dicha prohibición a aquellos que no forman parte de la comunidad es algo reprobable. La literatura es un buen ejemplo de ello. Autores como Salman Rushdie han sido amenazados de muerte por escribir libros como Los versos satánicos, en cuyas páginas se ofrece una descripción poco ortodoxa del profeta Mahoma. Libros como Lolita de Nabokov, Trópico de Cancer, de Henry Miller o El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger han sido censurados y prohibidos por ofender la moral pública. ¿A quién puede ofender que alguien cuente historias donde hay sexo, sodomía, pedofilia o lenguaje barriobajero? Evidentemente, estos libros no han ofendido a sus lectores, han ofendido a otros, que a su vez han pretendido que nadie pueda leerlos. Evidentemente, a día de hoy en los países occidentales poca gente hay que pida la censura de libros, pero no todo el mundo fue igual de contundente cuando mataron a los caricaturistas del semanario satírico Charlie Hebdo. Un par de ejemplos más: ¿qué opinaríais de que se prohibieran libros como Manifiesto comunista de Marx y Engels, o Anarquía, Estado y Utopía de Robert Nozick? El segundo dudo que se prohibiera en los Estados Unidos, pero el primero lo llegó a estar.

Finalmente, y quizás el tema más polémico, la desnudez en la vía pública. En Barcelona, hace años, se podía andar desnudo por la calle. Mi tío tiene la foto de un hombre que paseaba por Portaferrissa, desnudo salvo por los zapatos, con unos calzoncillos rojos tatuados y una piercing en el pene. Finalmente, el Ayuntamiento de Barcelona, por quejas de los comerciantes –sobretodo restaurantes- prohibió la desnudez o semidesnudez en la vía pública, excepto en las playas. Mucha gente opinará que es ofensivo, porqué nadie tiene porqué ver la desnudez de otra persona –mucho menos si hay niños delante, y el desnudo va con un trozo de metal colgado ahí abajo- pero no es este mi caso. Asumamos que el criterio “es ofensivo” es válido para prohibir a alguien ir por la calle como le plazca. ¿Qué sucede si a alguien le ofenden los tatuajes o los piercings, por set antinaturales? Todos entendemos que dicha prohibición es absurda, estoy seguro. Y si a alguien le ofende que dos personas homosexuales se besen y vayan de la mano por la calle, ¿habría que prohibirlo? Evidentemente que no. Alguien podría decirme que estoy mezclando churras con merinas, no es lo mismo enseñar un tatuaje o hacer una muestra pública de afecto que ir desnudo por la calle. Pero el siguiente ejemplo es más puñetero. ¿Qué sucede si alguien decide ir con ropa totalmente transparente y sin ropa interior? ¿O con esas camisetas de mallas que no ocultan nada excepto aquellas partes del cuerpo tapadas por las costuras? Si la desnudez en público debe ser prohibida, estas dos prendas también deberían prohibirse, pero las personas que las visten no irían desnudas.

Preguntémonos lo siguiente: ¿es la ofensa personal motivo suficiente para alterar la conducta de otros? Buscad algo vuestro que pudiera molestar a alguien (la barba, la falta de estilo vistiendo, el estado de la ropa, piercings, tatuajes, peinados, etc.), ¿estaríais de acuerdo con que se os prohibiera llevarlo?

Como decía al inicio, soy partidario de buscar un esquema de libertades que sea el más amplio posible e igual para todos y, a su vez, soy partidario de la total libertad en los tres casos. Que algo me ofenda a título personal no debería ser razón para que se prohibiera y, del mismo modo que pienso esto sobre aquello que me molesta, espero que el resto de gente tenga un respeto similar por la libertad de otros, ya sea ésta ejercida silbando himnos nacionales, caricaturizando aquello que pueda ser sagrado o vestir (o no) como a uno le dé la gana.


Sumisión

Nota: em refereixo a la novel·la en castellà per ser l’idioma en la que l’he llegit. També està publicada en català amb el títol Submissió.

denis-rouvreSumisión va aparèixer a les llibreries franceses el fatídic 7 de gener de 2015, el mateix dia de l’atemptat contra el setmanari satíric Charlie Hebdo (eldiario.es en parla aquí). Si afegim que la novel·la tracta una hipotètica França en que, a les eleccions presidencials de 2022, a la segona volta, l’electorat ha d’escollir entre la candidata del Front Nacional, Marine Le Pen, o el candidat del jove partit Germanor Musulmana, Mohammed Abbes, i que aquest últim és qui guanya, la polèmica ja està servida. L’altre dia al metro una senyora, al veure que llegia Sumisión, em va preguntar si estava bé. Això només m’havia passat amb l’Stieg Larsson, esperant a l’aeroport de Santiago de Compostela, amb la diferència que, en aquella ocasió, la majoria de gent que llegia esperant per a embarcar, llegia alguna de les novel·les de Millennium.

Houellebecq no ha destacat mai ni per ser moderat, ni políticament correcte, ni molt menys per importar-li el que diran, i en aquesta novel·la es nota (també és bona mostra el seu aspecte físic. A Charlie Hebdo se’n fotien). L’acusaran d’islamòfob, i segurament amb raó, però, tal com reconeix el protagonista de la seva novel·la (i, més o menys, alter ego),  és un masclista partidari de “l’ordre natural del patriarcat”. Però això tampoc ens hauria de sorprendre.

La novel·la en sí, tot i la premissa esmentada anteriorment de la elecció presidencial, pot dissecar-se en tres grans elements: els paral·lelismes amb la vida de Huysmans, la degeneració de l’individu a occident (encarnada en el protagonista), i els arguments que intenten donar versemblança a un President musulmà, islamista moderat, que acaba amb el greu problema de l’atur amb mesures tan senzilles (i sorprenentment acceptades tant per la dreta com per l’esquerra) com allunyar a la dona del món laboral. Sí, ja us havia dit que Houellebecq és un masclista.

Però hom no llegeix a Houellebecq perquè hi estigui d’acord amb el que diu. El llegeix perquè li agraden els autors que són capaços de transmetre el fàstic que sent per les societats del segle XXI, amb una certa tristor i melancolia. A Houellebecq no el consideren l’enfant terrible de la literatura francesa perquè sí. Amb altres novel·les ha guanyat importants premis, com el Goncourt, i sempre ha generat cert debat a la societat francesa. Segurament perquè el lector, sobretot el francès, deu veure una bona fotografia de la realitat, i li dol que sigui expressada amb aquest fàstic.

Sumissión no és la seva millor novel·la que hagi caigut a les meves mans (amb humilitat he de reconèixer que només he llegit Ampliación del campo de batalla i Plataforma, les quals em semblen excepcionals), però es llegeix bé, i sempre et fa dubtar i reflexionar: seria possible que l’eix esquerra-dreta deixés de ser el principal en el país en que es van originar? Un front republicà? És plausible que sigui l’islam la solució a dècades de degeneració individualista?

Publicada per Anagrama, tant en català com en castellà, la novel·la val 19.90€ i la podreu trobar aquí i aquí. També us deixo aquí una entrevista que li fan per a Babelia.


Algunas impresiones sobre el Estado Islámico (I)

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El pasado dieciocho de marzo hubo un atentado en la capital tunecina, reivindicado posteriormente por el Estado Islámico. En el atentado murieron, entre muchos otros, un matrimonio de Barcelona, del cual el periódico El Mundo destacaba que eran de fuertes convicciones independentistas. No sé si ésta información realmente aportaba algo a la noticia, pero ellos, por supuesto, son libres de publicar lo que quieran. Más información, sobre el atentado, aquí.

Simplificando mucho: al menos tres sujetos, uniformados pero con fusiles no reglamentarios, intentaron entrar en el Parlamento mientras allí debatían una nueva ley antiterrorista; la seguridad del Parlamento se dio cuenta que los fusiles no eran los reglamentarios, se desató un tiroteo, y los asaltantes huyeron hacia el cercano Museo del Bardo, disparando a los pasajeros de un autocar lleno de turistas y atrincherándose en dicho museo. Tras un tiroteo, el escape de los rehenes, dos asaltantes abatidos y cuatro más detenidos, el Estado Islámico asumió el ataque como propio al día siguiente. Hasta aquí nada nuevo, lo hemos visto todos en las noticias y, por supuesto, lamentamos todas las muertes.

Pero el Estado Islámico es algo nuevo que nos ha cogido a todos por sorpresa. Poco parece saberse de ellos, pero intentaré aclarar algunas cosas basándome en dos libros recientes ISIS, el retorno de la yihad, del periodista irlandés Patrick Cockburn, y El fénix islamista dela experta en la financiación del terrorismo Loretta Napoleoni. Los libros tratan del mismo tema, el Estado Islámico, pero desde diferentes ópticas y con estilos muy diferentes. El libro de Cockburn es una recopilación de artículos periodísticos de su autoría, ordenados según temática, en la que a veces parece repetirse información (datos tales como víctimas o efectivos, nada molesto). El libro de Napoleoni, más estructurado, es un análisis sobre éste nuevo engendro del próximo oriente, desde los orígenes de sus líderes a su financiación y su forma de actuar.

Empecemos por el nombre. No siempre se han llamado Estado Islámico. En origen formaban parte de Tawhid al Yihad, luego se transformó en Estado Islámico de Irak y después pasó a formar parte de Al Qaeda en Irak. Es en 2010, cuando el actual líder Abu Bakr al Bagdadí asume el poder de la organización, que ésta recupera su anterior nombre de Estado Islámico de Irak, y es en 2013, tras una fusión con una sección del grupo yihadista sirio afiliado a Al Qaeda Jabhat al Nusra que la organización pasa a llamarse Estado Islámico de Irak y Levante. Desde la proclamación del califato, han regresado a la denominación Estado Islámico. Todo esto para ilustrar que no surgen de la nada. Sus orígenes pueden trazarse unos 10 años atrás, en la insurgencia iraquí contra la coalición internacional liderada por los Estados Unidos que llevó a cabo la invasión de 2003 para derrocar a Saddam Hussein con el pretexto de que éste poseía armas de destrucción masiva.

Es fácil pensar que son la nueva Al Qaeda. Han luchado juntos, son yihadistas, fundamentalistas islámicos sunnitas, que odian (casi) todo lo relacionado con occidente. Pero el nombre nos da una pista de una de las principales distinciones. Al Qaeda (más o menos traducido como la base en árabe) era una red de pequeñas células terroristas, esparcidas por el mundo, con un objetivo común: la destrucción de occidente y, ya más lejanamente, la proclamación del regreso del califato. El principal objetivo de la organización de Bin Laden era Estados Unidos y el occidente que representa. Para el Estado Islámico las cosas son bien distintas.

El nombre ya deja claro que no son (o no quieren ser) una organización terrorista más. Ellos quieren la creación de un Estado nacional, una suerte de Israel, pero para los musulmanes sunitas, un califato. Si bien han hecho llamamientos para que lobos solitarios realicen atentados contra ciudadanos y Estados occidentales, sus enemigos están en la región de Oriente Próximo, y no son otros que los Estados que allí existen, cualquier rama del islam que no sea la sunní –con especial odio hacia los chiís- así como otras religiones. El razonamiento es el siguiente: según sus interpretaciones del sagrado Corán (si alguien lo ha estudiado que me corrija) no puede disociarse el poder político del religioso, y por tanto, el jefe del estado y del gobierno no puede ser una figura secular, como bien pueda ser un dictador o un presidente. Los miembros del Estado Islámico los consideran apóstatas, al igual que a los chiís, que dentro del islam, como en otras religiones, es algo bastante grave.

Hasta aquí algunos apuntes básicos. La cosa seguirá en el próximo artículo.