¿Botifler por no querer a Mas como President?

Pretendía hacer un análisis de las elecciones del pasado 27, pero hoy en día todo va tan rápido que, tan sólo tres días después, todo lo que uno pudiera decir ya deja de ser relevante por estar desfasado. Ahora lo que parece estar en boca de todos es la posible investidura o no de Artur Mas, para lo cual hacen falta los votos de las CUP, pero que estos ya han anunciado que por ahí no va a ir la cosa.

En estos tres días hemos visto muchas cosas, algunas de las cuales ya predije en mi anterior entrada a éste blog, aunque tampoco hacía falta ser un gran adivino para verlas venir. Los partidos independentistas consiguen mayoría absoluta con 72 escaños. Los anti-independentistas consiguen 52, y entre medio, con 16, los diputados de CSQEP, que día tras día dicen que sus votos no pueden contarse como independentistas, pero tampoco como anti-independentistas.

En escaños no hay mucha discusión. Miremos los votos: CUP y JxSí suman un nada desdeñable 48%, la única discusión al respecto es si es una mayoría suficiente para iniciar un proceso de secesión, ya sea pactado o unilateral; PP, C’s y PSC suman 39%; y el 13% restante lo componen CSQEP, UDC, PACMA, votos en blanco y hasta el Partido Pirata. Estos resultados han tenido a los tertulianos y opinólogos profesionales entretenidos, discutiendo cosas que a mi me parece como hablar del sexo de los ángeles. Aquí podéis encontrar un buen resumen el cual coincide enteramente con mi opinión.

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Como decía, en estos tres días ha pasado de todo, baile de cifras aparte, y de lo que más se ha hablado últimamente es si JxSí contará con el apoyo de las CUP para investir a Mas como President. La posición de las CUP es muy simple: independencia sí,  gobierno de la Generalitat de JxSí también, pero con otra figura que no sea Artur Mas. Y no lo han dicho al obtener diez escaños y la clave para la investidura del President, lo llevan diciendo de hace tiempo. A quien confunda el proceso de independencia con el señor Mas le parecerá raro, ¿acaso no era todo esto un invento suyo para tapar corruptelas?

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En la capital del reino se lo pasan genial. No les ha hecho falta ninguna estrategia de división para vencer, porqué se han dividido solos. Hasta hace una semana temían por lo que pudiera pasar y ahora disfrutan con la campaña de acoso y derribo de estos días hacia las CUP. Gente que debe haber votado a JxSí les equipara con C’s y con PP, demostrando una miopía y un partidismo brutal. ¿No era el proceso, acaso, transversal y del pueblo? Mas tiene potencial como mártir, sobretodo después de que lo hayan citado a declarar el 15-O, pero también tiene una carga que no creo conveniente si lo que queremos es un nuevo Estado, más justo y más democrático. Nadie ha exigido a Antonio Baños como President, por muy divertido que pudiera ser, sólo se exige a alguien que esté limpio y no relacionado con los tijeretazos. Si no es Mas, ¿quién, entonces? En la tertulia matutina de El Món a Rac1, mientras entrevistaban a Junqueras, ayer le comentaban que él o Romeva serían buenas opciones, pues son figuras intermedias en el eje izquierda derecha, donde las CUP están muy a la izquierda y Mas en el centro-derecha. A mi me parece bien cualquiera que el parlamento elija, pero que no tenga ni la más mínima mácula.

El caso es que por las redes, y en comentarios de periódicos on-line, he empezado a ver que se acusa a los diputados de las CUP, y supongo que también a sus votantes y miembros, de botiflers (significados aquí), lo cual, si hablamos en ‘clave del proceso’ es más dañino que sacrificar a Mas a nivel político. Hace ya mucho tiempo que se acusa a los catalanes de ser racistas hacia las gentes que, allá en los cincuenta, tuvieron que migrar desde el resto de España, y también hacia su descendencia, los mundialmente conocidos xarnegos una casta inferior para los catalanes, siempre según la prensa radicada en la capital del reino. De nada sirvió que en 1964 Paco Candel publicara un ensayo llamado Los otros catalanes, o que se lleve años considerando catalán aquel que vive, trabaja y se siente catalán.

Llamar botifler a quien tiene una postura distinta a la tuya sobre una misma cuestión -el proceso de independencia- es exactamente lo mismo que llamar a alguien facha por no pensar como tu o ser de derechas. Estas cosas sí hacen daño, y no que haya una cara visible del independenismo distinta.

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#27S, ¿Catalunya Sí Que Es Pot?

catalu_a_espa_aEs 27 de setiembre y sucede que, tras dos semanas de campaña electoral, más un par más de pre-campaña, los ciudadanos españoles residentes en Cataluña van a votar. No voy a hacer ningún análisis de la campaña ni de los candidatos porqué, principalmente, no la he seguido en demasía. Me gustó el que hizo una compañera de facultad (que podréis encontrar aquí) al respecto de los candidatos. Habremos votado en libertad, como es menester, y seguramente habremos votado más que en otras ocasiones. Decir qué es lo que habremos ido a votar es harto complicado.

Una vez haya terminado el recuento de votos y se hayan asignado los escaños como es debido -sistema proporcional de representación, Ley d’Hondt mediante- empezarán las interpretaciones de los resultados. Para ser justos, deberíamos dejar todos claro de antemano cuál va a ser nuestro criterio de interpretación. Me da en la nariz que la interpretación de algunos medios será que todo lo que no sea voto pro-independencia es voto pro-status quo.

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Hay que tener en cuenta que, de las seis candidaturas que con más seguridad entrarán en el parlamento, sólo de cuatro podemos tener claro qué opción representan. Éstas cuatro candidaturas pueden dividirse en dos bloques: el soberanista, formado por Junts pel Sí y las CUP, y el constitucionalista, formado por Ciutadans y Partido Popular. Los otros dos partidos que con toda seguridad obtendrán representación parlamentaria son PSC y Catalunya Sí Que Es Pot. El PSC tienen muy clara su posición, resumida en su eslógan electoral “por una Cataluña mejor dentro de una España diferente”: quieren ir hacia una relación federal, pese a que su máximo exponente, lamentablemente, ya ni se acuerde. Y Catalunya Sí Que Es Pot, la plataforma integrada por Podemos e ICV, quieren que los catalanes decidan su futuro, pero mediante un referéndum acordado con el Estado. En realidad tienen más claro que es lo que no quieren: una Cataluña, independiente o no, gobernada por el sr. Mas.

Como estos comicios son para elegir el parlamento catalán, lo que es lógico es que se contabilicen escaños. En este sentido, la intepretación debería ir tal que así:

  • Los escaños obtenidos por JxS más la CUP deberían interpretarse como partidarios de la independencia.
  • Los escaños obtenidos por PP más C’s deberían interpretarse como los partidarios del status quo o incluso de la reducción de autonomía. Es importante remarcar que sólo los escaños de estos dos partidos representarán dicha opción.
  • Los escaños obtenidos por PSC deberían contabilizarse como los partidarios de una reforma federal, por muy tarde que ésta llegue, o por mucho que en el resto del PSOE no terminen de creérselo.

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Y, ¿cómo interpretamos los escaños obtenidos por CSQEP? Pues francamente, no lo sé. Entre sus filas hay independentistas -el mismo Rabell- pero no parece que quieran ser contados como tal. Pablo Iglesias y la cúpula de Podemos han dicho por activa y por pasiva -con clara intención electoral más que como análisis politológico- que en estas elecciones había tres opciones (la casta de Mas, la casta del PP+PSOE+C’s o la fuerza del cambio encarnada en su candidatura) obviando a las CUP, su rival en la izquierda en lo que a cambio se refiere. En ICV hay independentistas, pero no a cualquier precio, una Cataluña en manos de Mas y compañía es peor que una España dónde aún hay esperanzas para algunos, y recordemos que Pujol gobernó durante veintitrés años.

Debido a la doctrina de partido, se permite que haya coerciones internas -mediante multas y otras sanciones- para garantizar el voto en bloque de todos los representantes del mismo partido. La gran pregunta es si los diputados de CSQEP tendrán libertad para votar, si habrá doctrina de partido o si, pese haberla, habrá diputados rebeldes.

En caso de que haya versos sueltos, me planteo el siguiente escenario hipotético: Junts pel Sí, sin mayoría absoluta tal como pronostican la mayoría de encuestas, deberían recurrir a los votos de las CUP con tal de investir a un presidente en primera instancia -se requiere mayoría absoluta-; pero dicha formación ha dejado claro por activa y por pasiva que no investirían a Mas como President, dejando la puerta abierta a votar a favor de algún otro candidato -¿una presidencia de Romeva o Junqueras o ambos?- a cambio de concesiones de carácter social, a lo cual podría añadirse algun verso suelto de CSQEP dentro de las filas del separatismo.

La gran incógnita es, en definitiva, cómo deberán interpretarse los resultados obtenidos por Catalunya Sí Que Es Pot.


El independentismo y la izquierda

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En estas líneas que hoy escribo espero poder hacer entender por qué uno puede ser de izquierdas e independentista, como lo han sido numerosos movimientos secesionistas a lo largo de la historia, y aún lo son varios partidos en Europa. Mi tesis se resume tal que así: no hay incompatibilidad alguna entre estas dos ideas puesto que no todas las razones para independizarse tienen que ver con criterios étnico-raciales; de hecho, desde una perspectiva izquierdista, la independencia ofrece la posibilidad de crear un nuevo futuro, más justo y democrático, con el centro de toma decisiones más cercano a la sociedad; además, no hay razón alguna para suponer que la independencia de Cataluña vaya en detrimento de la gente más necesitada en otros lugares.

Hoy es ‘Onze de setembre’, ‘diada nacional’ de Cataluña e inicio de campaña para los comicios del 27-S. Como ya ha sucedido en los años anteriores, el periódico ‘La Razón’ hace un peculiar seguimiento, no me quiero ya ni imaginar medios de información como ‘Intereconomía’ o ’13TV’.

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En ‘El País’ no son especialmente más comprensivos, ni tampoco en el PSOE ni en PODEMOS, pese a que estos últimos se llenaran la boca defendiendo que los catalanes tengan derecho a decidir, o una suerte de federalismo que nadie termina de creerse. Pero lo que me ha molestado e impulsado a escribir estas líneas ha sido una opinión de Pau Luque Sánchez, doctor en filosofía e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, en ‘El País’, donde afirma que es incongruente ser de izquierdas e independentista. Groso modo, como ser de izquierdas quiere decir buscar la emancipación del más desfavorecido, pretender la independencia de un territorio es contrario a la izquierda, porque excluyes a todos aquellos desfavorecidos fuera del territorio que se quiere secesionar. Para más inri, añade que el proceso debería ir hacia la eliminación de las fronteras, no hacia la creación de estas -es otro tema interesante y da para mucho, así que ya daré mi opinión al respecto otro día- demostrando una peculiar miopía, como si una frontera fuera, por definición, una alambrada coronada de concertinas para dificultar el paso a la gente pobre. La opinión de Pau es una gota más en un océano de negaciones publicadas por ‘El País’ para negar algo muy razonable y legítimo como es poder decidir desde donde quiere uno ser gobernado, o qué parlamento y ejecutivo son los encargados de representar sus intereses y gobernar en consecuencia.

No nos engañemos, dentro de esta amalgama que son los independentistas los habrá que quieran un Estado por motivos étnicos y nacionales, una suerte de Israel en la orilla occidental del Mediterráneo, pero no son estos los de izquierdas. Los que somos de izquierdas, como bien dice Pau en su columna, queremos la independencia para poder tener un país más justo. Y esta justicia no se traslada únicamente en tener unos mejores servicios sociales, algo que el actual status quo no garantiza –ni con Más ni con España- sino, también, en algo más básico: queremos desplazar el centro de toma de decisiones de Madrid a Barcelona, para presupuestos, para revaluación, pero también para decidir cuestiones básicas de cualquier Estado, como el tipo de fuerzas armadas que se quieren, en caso de quererla, a quién se da asistencia médica o para regatear o no a cuántos refugiados sirios podemos ayudar. En otras palabras, no queremos que nuestra ley suprema –la suerte de constitución que es el Estatuto de Autonomía- sea vetado, recortado y aprobado en Madrid, cuando ya pasó todo trámite parlamentario en Barcelona.

La-vicepresidenta-Soraya-Saenz_54373134662_54028874188_960_639Si alguien quiere argumentar, como Soraya Sáenz de Santamaría, que España es el segundo país más descentralizado del mundo, sólo después de Canadá, habrá que recordar que es sólo en la gestión de los recursos, no en cómo se ordena y rige territorialmente.

Por eso las supuestas incompatibilidades que el señor Pau comenta no tienen mucho sentido. No hay relación alguna entre querer tener las herramientas de un Estado a tu disposición y la falta de solidaridad con el resto de clases o pueblos desfavorecidos. Lo que hay es un tremendo respeto por las decisiones que cada cual toma. ¿Os imagináis la reacción que generaría entre la izquierda el que un líder europeo dijera a un líder africano qué debe hacer dentro de su Estado? ¿O que una potencia extranjera intervenga en otro país?

En el imaginario colectivo, ser de izquierdas debería incluir el respeto por las decisiones que otros toman y, sobretodo, no meterte a decidir por otros. Los hay que dicen que es incongruente querer poner una frontera entre Cataluña y España cuando lo que debería buscarse es la unión con Portugal. A esas cabezas pensantes de izquierdas les pregunto: ¿Entonces la Unión Europea es vuestro objetivo y no le tenéis ninguna crítica?

Consciente de la longitud de estas líneas, quisiera terminar, pero no sin antes dejar constancia de las palabras de Pablo Iglesias el día 9 de septiembre en Rubí. Siguiendo el hilo de lo que decía en el anterior párrafo, ¿cuán de izquierdas es decirle a otro qué debe votar en función de su origen o el de su familia?

Pau, Pablo, si lo que vais a hacer es campaña, decidlo abiertamente, pero sed conscientes, como dijo Antonio Baños en su presentación del libro ‘La rebelión catalana’, que si hay alguna posibilidad de cambio y de progreso hacia una mayor democratización en España, esta pasa por el apoyo al derecho a decidir de los catalanes, y esto es tan fácil como poner unas urnas, hacer campaña y votar. No hace falta andarse con remilgos como hace ahora Lluís Rabell, que votó Sí-Sí el 9N, pero ahora dice que hay que hacer un referéndum pactado con el Estado, y que sino, pues ya esperaremos un poco más.

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