21D, ¿Y ahora, qué?

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Ayer 21 de diciembre se celebraron las elecciones más atípicas desde el regreso de la democracia a España. Convocadas por Rajoy, posiblemente de modo irregular, en base al artículo 155, con Puigdemont en Bruselas, con Junqueras, entre otros, en prisión preventiva, y celebradas en un jueves laborable. Con el 99,89% del voto escrutado y con un diputado en disputa entre PP y C’s en Tarragona, los resultados son los siguientes: C’s gana con 37 diputados (25,37%), JxC queda como segunda fuerza con 34 diputados (21,65%), ERC como tercera fuerza con 32 diputados (21,39%), PSC cuarta fuerza con 17 diputados (13,88%), CeC-Podem quinta fuerza con 8 diputados (7,45%), CUP sexta fuerza con 4 diputados (4,45%), y PP séptimo y último lugar con 3 diputados (4,24%). Veamos, a falta de análisis más concienzudos, qué ha pasado. La participación, sin recuento del voto exterior, ha sido récord: 81,94%. Dicha cifra puede considerarse una ‘participación total’.

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Inés Arrimadas ha ganado sobre todo en el área metropolitana de Barcelona, antiguo cinturón rojo y capital incluidos, y en Tarragona y sus alrededores, así como en el Valle de Arán y en Lleida capital. El President Puigdemont, desde Bruselas ha ganado en la Cataluña interior, desde la província de Lleida hasta Girona, ganando en esta última capital de província. Esquerra Republicana, a pesar de Marta Rovira, ha ganado en las tierras del Ebro, en algunos municipios pequeños del área metropolitana de Barcelona y algunos otros municipios en la província de Lleida. El PSC es el único otro partido en haber ganado en algún municipio, concretamente en Canejan, un pequeño municipio del Valle de Arán de apenas 97 habitantes.

La victoria de Arrimadas puede ser efímera. El bloque independentista sigue sumando más que el bloque constitucionalista, se incluya a Cataluña en Comú-Podem o no. Junts x Catalunya y ERC suman 66 diputados, más que suficiente para formar gobierno en minoría, y con los 4 diputados de la CUP se superan en 2 la mayoría absoluta. Por el otro lado, Ciudadanos, PP y PSC llegan a los 57. Si nos olvidamos que CeC no se han querido situar en la cuestión independencia-unión, que han dicho que en CeC hay sitio para independentistas, que la prensa de la caverna ha situado a Podemos del lado de los independentistas; si olvidamos todo esto, digo, el bloque constitucionalista sigue sin sumar, pues de 57 pasaría a 65, tres por debajo de la mayoría absoluta, y cinco por debajo del bloque independentista. Sería hacer trampas sumar los ocho diputados de los de Doménech y Colau al bloque independentista, pues ellos mismos han dicho que no van a luchar por dicha idea, y la prensa independentista los ha acusado de unionistas y de ponerse del lado de los del 155 y las porras.

El bloque independentista baja en 2 diputados, pero rompe la idea de que una alta participación lo perjudica. El voto independentista ha ido creciendo desde 2012. En dichos comicios obtuvieron 1.740.818 votos, en 2015, 1.966.508, y en las elecciones de 2017 2.063.361 votos, cifra incluso superior a la del referéndum del 1O: 2.044.038. Aun así, el bloque independentista sigue sin sumar más de la mitad de los sufragios. Esta vez suman 47,49%, porcentaje ligeramente inferior a los comicios de 2015 (47,8%) o de 2012, (47,87%). Por el camino hemos descubierto que a ERC y a la ex-Convergència no les sale a cuenta ir juntos, y también que PDeCat no es muy buena marca: cuanto más se esconda, mejor.

El bloque unionista también ha crecido. Para hacer dicho cálculo he excluido a ICV, CSQEP y CeC. Ya en las anteriores elecciones escribí al respecto de la falta de posicionamiento de CSQEP (aquí). En 2012, PSC, PP y C’s sumaban 1.271.395 votos (34,96%), en 2015 sumaban 1.608.840 (39,11%), y en estas elecciones 1.889.176 (43,49%). El unionismo sube más que el independentismo, pero aun así, excluyendo a ICV-CSQEP-CeC de la ecuación, sigue estando por debajo. Si añadiéramos los votos que recibieron estas formaciones, las cifras cambian significativamente: en 2012 1.6331.100 votos (44,85%), en 2015 1.976.453 (48,05%), y en 2017 2.212.871 (50.94%). Con o sin la contribución de los comunes, con una participación de más del 80% no se puede volver a usar la mal llamada ‘mayoría silenciosa’.

¿Y ahora, qué? El tablero de juego ha cambiado, aunque no demasiado. Un gobierno no independentista es prácticamente imposible. Arrimadas no será capaz de formar gobierno, pero nos espera una legislatura en la que reivindicará haber obtenido uno de cada cuatro votos, que la Cataluña real es la que representa su partido. Un ejecutivo independentista parece de fácil formación, pues se tienen los escaños, pero me surgen varias preguntas: ¿Quién será President? ¿Habrá buena relación entre JxCat y ERC? ¿Con qué apoyos? ¿Se podrá hacer entrar en vereda a las CUP para que den apoyo a un ejecutivo que puede que no sea tan unilateralista como ellos?

El independentismo y el unionismo suben. ¿Entonces, quién baja? Los comunes y la esperanza de que un cambio de gobierno en España pueda solucionar algo en Cataluña. El difícil equilibrio que han intentado mantener Doménech y los afines a Iglesias no ha dado resultado. La formación pasa de ganar las elecciones generales en Cataluña a obtener 3 diputados menos que en la legislatura anterior. Con un 81,94% de participación ya no hay dualidad de voto generales-autonómicas.

Pese a los buenos resultados del independentismo, no me atrevo a afirmar que estos hayan ganado. La Cataluña post-21D, post-155 y post-1O, con procesos judiciales abiertos, con el Supremo queriendo incluir a Marta Rovira, Anna Gabriel y Artur Mas en las causas por sedición y rebelión es una Cataluña dividida en casi dos mitades iguales. El gobierno que salga de estos comicios, seguramente independentista, deberá hacer más para incluir aquella mitad que no es independentista. No es seguro que Puigdemont, posible presidenciable, pueda regresar sin ser detenido. Figuras importantes del anterior ejecutivo tampoco es seguro que puedan tomar posesión de sus actas de diputados. El independentismo, fuerte en las calles, está tocado en las instituciones.

La victoria de Arrimadas puede ser amarga para la derecha española. Por un lado, es la fuerza mayoritaria en Cataluña. Recordemos que Ciudadanos es un partido que nació hace 11 años, en Cataluña, y que en este poco tiempo ha pasado a ser el primer partido de la oposición en la anterior legislatura, y la primera fuerza en el parlamento tras los presentes comicios. No solo ha tenido un crecimiento meteórico en Cataluña, en las Cortes Generales ha obtenido unos resultados decentes, y tras la victoria en Cataluña, seguramente sigan creciendo en España. Pero por otro lado, Ciudadanos ha crecido a costa de PSC y de PP, crecimiento que seguramente no se consolide, y que es la victoria con el porcentaje de votos más bajo en 37 años. El artículo 155 ha sido aplicado gracias al PP, pese a que Rajoy no quería hacerlo si no era con el apoyo de PSOE y C’s. Ahora hemos visto que C’s ha capitalizado todo el voto de los partidarios del 155. El PP, con 3 diputados, ha sido relegado al grupo mixto junto a la CUP. El 21D ha sido la derrota del PP en Cataluña, y esta derrota puede resonar en el resto de España. Al PP se le culpa de la mala gestión de Cataluña, y Ciudadanos se lleva el mérito del 155. Seguramente Ciudadanos crezca en el resto de España a costa del PP en los próximos meses.

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Las elecciones las ha ganado Ciudadanos, pese a que sea una victoria inútil; el independentismo ha revalidado mayoría absoluta y resultados del 1O. Tenemos un empate con dos bloques casi idénticos. Pero lo importante de estas elecciones no es quién las ha ganado mas quién las ha perdido. El 21D suma varios perdedores. Ha perdido el PP, a quien se le va a complicar lo que queda de legislatura española. Ha perdido CeC-Podem, que deberían ver que su equidistancia y ‘tercera vía’ no tiene apoyos significativos en Cataluña. La única vía sensata, según Iglesias, no es querida por los catalanes. Miedo me da saber qué pensará ahora. Y también ha perdido el 155. La intervención exprés no ha servido para nada bueno. Los partidarios de dicho artículo, en vez de aceptar la derrota, encontrarán excusas en la no-intervención del sistema educativo catalán, y en la no-intervención de los medios públicos catalanes. Con semejante cortedad de miras, no creo que el conflicto desescale.


Cataluña, 27 de octubre: ¿independencia?

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Bru Aguiló/Fotomovimento

Vivimos en Cataluña, y supongo que también en el resto del Estado, unas semanas de vértigo. A muchos nos vendría bien una desintoxicación informativa, pero antes de que todos apaguemos televisiones, radios, móviles y tabletas, leed estas breves líneas.

El jueves 26 de octubre por la mañana el entonces President de la Generalitat Puigdemont amagó con convocar elecciones autonómicas para ver si el Gobierno presidido por Mariano Rajoy retiraba o suspendía la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Dicho movimiento por parte de Puigdemont suscitó múltiples interpretaciones: un último intento, a la desesperada, para entablar diálogo (sin las condiciones exigidas por Rajoy, claro); un intento de desescalada en el conflicto, con tal de poder recuperar algo de sensatez y moderación por ambos lados (Santi Vila y Ana Pastor mediante); miedo ante la concreción de la amenaza… Pero yo me decanto más por la siguiente, siendo consciente que puede haber más: mostrar, de un modo exprés, que el Estado no tiene intención de recular, y que iba a intervenir la Generalitat hiciera lo que hiciera Puigdemont, aludiendo así a la Teoría de la Causa Justa para justificar una declaración de independencia, admitámoslo, un poco parca en apoyos internos y externos.

Así las cosas, el viernes 27 de octubre el Senado decidía cómo aplicar el 155, y el Parlament votaba una resolución mediante la cual, parece, se declaraba la independencia. Si el jueves 26 de octubre Puigdemont había dominado la escena, haciendo quedar al Gobierno español como un gobierno contrario al autogobierno de Cataluña, el viernes Mariano Rajoy, ofreciendo un 155 más moderado de lo que todos esperábamos y realizando el Senado la votación de las medidas después de la votación en el Parlament, ha demostrado que no era tan duro y, gracias a la pronta votación en el Parlament, que no tiene problema alguno con el autogobierno de Cataluña, sino con la declaración de independencia. En todo caso, ahora todo el Govern de Puigdemont está destituído y se han convocado elecciones autonómicas para el 21 de diciembre.

Hay dos detalles que me parecen importantes. El primero es que lo que se votaba el viernes no era la independencia de Cataluña sino varias resoluciones por las cuales se activaban artículos de la Ley de Transitoriedad Jurídica, y se instaba a la Generalitat a negociar ciertos ítems con el Gobierno de España. La declaración de independencia no era parte de la propuesta de resolución, sino un preámbulo (disponible aquí). El otro detalle, hecho notar hasta la saciedad por Ferreras en el especial de Al Rojo Vivo, es la presencia de la bandera española junto a la catalana en la Generalitat de Cataluña. Si se ha declarado una república soberana e independiente lo lógico sería retirar la rojigualda de la sede del ejecutivo catalán. Por estos dos detalles me surge la siguiente duda: ¿se ha declarado la independencia de verdad, o se está usando, como creo, para poder negociar?

Veremos como se desarrollan los eventos en las próximas horas y semanas. Veremos si los partidos soberanistas se presentan a las elecciones convocadas por Rajoy (convocatoria que, por otra parte, podría ser inconstitucional). Veremos, en caso de que se presenten, qué resultado obtienen, y si no se presentan, cuál termina siendo la participación en las que seguro serán las elecciones autonómicas más polémicas de la historia española y catalana. Y, sobretodo, veremos como hacen los distintos líderes para gestionar la más que previsible decepción y enfado colectivos.


Atentado en Mánchester

 http://cdn.newsapi.com.au/image/v1/ad984fac471335b5b4e19620ddd55fc6?width=650 Mientras escribo estas líneas, todavía no sabemos demasiado sobre el atentado ocurrido en Mánchester anoche. Lo que sí sabemos es que una persona, se sospecha que un hombre, al terminar el concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena ha hecho explotar un artefacto explosivo casero en el vestíbulo del edificio. El atentado ha sido revindicado por Estado Islámico.

Al respecto, varias consideraciones. La primera es la prudencia que todo evento de esta índole requiere. Para más información fiable va bien seguir el perfil de twitter de la policía de Greater Manchester (aquí) o de medios fiables (The Guardian, BBC). La difusión de bulos puede hacer más daño del que uno piensa, a no ser que ya se divulguen intencionadamente, en cuyo caso espero que lo reconsideres.

Este ataque se sale un poco de la tendencia de los últimos ataques yihadistas, que habían adquirido una metodología y un modus operandi low cost. Los ataques de Berlín, de Londres, de Niza, todos ellos, atropellos y cuchilladas, por mucho miedo que puedan dar, revelan que los perpetradores no tienen entrenamiento alguno para cometer ataques a gran escala. En este caso se sospecha que el atacante se ha inmolado usando un explosivo de fabricación casera -algo que, ciertamente, es más fácil de aprender de lo que parece-, pero igual que el atentado en el Aeropuerto de Bruselas, se ha hecho antes de cruzar las medidas de seguridad. Esta es una tendencia esperada con la creciente pérdida de territorio por parte de Estado Islámico en Siria e Irak. Algunos comentaristas destacan el hecho de que se haya atentado contra jóvenes, sobretodo adolescentes, que  asistían a un concierto. Este tipo de objetivos se conocen como soft targets (objetivos blandos), en contraposición a objetivos duros, como puedan ser ministerios, bases militares o embajadas, lugares que, por su naturaleza, están fuertemente vigilados y no todo el personal es civil. Los ataques a soft targets siguen la misma lógica anterior.

Two women wrapped in thermal blankets stand near the Manchester Arena following the explosion

(Como breve recordatorio, Estado Islámico se caracterizó en sus primeros años por tácticas de guerra enfocadas a la conquista, más que por el terrorismo, y ha usado lo que entendemos por terrorismo como respuesta a sus derrotas en Oriente Medio. También hay que recordar que Estado Islámico como organización ha planeado más bien pocos ataques, siendo su modus operandi el incentivar a que sus adeptos cometan ataques y reclamarlos a posteriori.)

Se comenta que este tipo de ataques son cometidos por ‘lobos solitarios’. En realidad, los ‘lobos solitarios’ no son tan solitarios como el nombre sugiere. Sí es cierto que es gente que actúa en solitario, pero la preparación y motivación para el ataque, generalmente, provienen gracias a otras personas. Internet hace que dicho proceso no requiera de contacto físico, y Estado Islámico se aprovecha de ello. Mediante contenido que sube a Internet, incluyendo su revista Dabiq, alienta a musulmanes en todo occidente a luchar por el Califato como puedan. Dichos ataques tienen varios objetivos. Es un modo de mantener la moral alta entre sus filas (seguimos en activo), mientras que al mismo tiempo esperan causar más odio y discriminación hacia la población musulmana en países objetivos de dichos ataques, lo que al mismo tiempo sirve para conseguir más adeptos (os odian por ser musulmanes; nosotros representamos y defendemos el Islam auténtico). Entre los adeptos no todos cometerán atentados o viajarán a Siria o Irak, pero cuanto mayor sea la red con más facilidad se cometerán futuros ataques y con más facilidad se reclutará a nuevos adeptos.

Además, conviene siempre recordar la naturaleza comunicativa de los atentados terroristas. Si nos quedamos en la simpleza argumentativa representada por ‘nos odian’, raramente avanzaremos a poder evitar que nuevos adeptos se unan a sus filas. Un ataque terrorista -incluiré aquí los tiroteos escolares en Estados Unidos- siempre tiene una motivación ideológica. El tiroteo de Columbine reclamaba poner fin a las injusticias en las escuelas hacia los ‘marginados’; el 11M, y otros similares, reclamaban poner fin a la presencia occidental en Oriente Próximo; y así un largo etcétera.

Sin más dilación termino estas líneas. Esperemos que todas las víctimas hospitalizadas se recuperen, y que a los responsables del ataque se les pueda detener y juzgar.


Pedro Sánchez I el renacido

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Os engañaría si dijera que he seguido con atención y detenimiento la campaña para la Secretaría General del PSOE. De hecho, mi interés despertó, mínimamente, tras el debate que los tres candidatos tuvieron, pese a que no lo seguí en directo. Pero, pese a que despertó, se durmió pronto. Pese a la victoria de Patxi López en el debate, seguí creyendo que Susana Díaz ganaría sin problema alguno: la andaluza contaba con el apoyo de todas las figuras históricas de su partido, con el apoyo de la mayoría de barones territoriales y, sobre todo, era la única candidata que ostentaba algún puesto de relevancia.

El domingo hasta bien pasadas las ocho ni se me ocurrió consultar cómo iban las votaciones. Abrí twitter y vi un par de mensajes de periodistas  anunciando la confianza que tenían en la candidatura de Pedro Sánchez y lo desanimados que estaban en la candidatura de Susana Díaz. Ahí sí despertó mi interés. La, al menos para mi, inesperada victoria de Sánchez aclara elementos de la actual política española, y bien harían los barones del PSOE en darse cuenta. Pero la victoria de Sánchez, aunque aplastante, con más del cincuenta por ciento de apoyos, no es tan dulce como parece.

Vayamos con lo que la victoria de Sánchez aclara sobre el actual panorama político español.

Para empezar, queda claro que la decisión de abstenerse para permitir la investidura de Rajoy no fue del agrado de la militancia del partido. Los sanchistas, ganadores, coreaban ‘Sí es sí’, aludiendo al mítico ‘No es no’ de Sánchez a la investidura de Rajoy. El apoyo mayoritario a Pedro, después de haberlo defenestrado y humillado, obligándole a renunciar a su escaño y a abandonar la Secretaría General, es un toque de atención hacia las prácticas internas del partido. A la militancia parece haberle importado poco que Sánchez no cosechara buenas relaciones con el aparato del partido (de hecho, lo acusan de ser poco dialogante internamente). La irrupción de Podemos en el parlamento ha dejado claro que la izquierda española no quiere directismo desde las élites del partido; prefieren, al menos en apariencia, un partido que responda a los intereses de sus militantes.

La campaña de Díaz ha estado llena de despropósitos. No sólo era la candidata apadrinada por medios tan de izquierda como La Razón, si no que además su campaña se basaba en que a ella le gusta ganar y en que Sánchez había obtenido los peores resultados del PSOE (obviando que, aunque ganando y gobernando, en 2015 obtuvo los resultados más bajos del PSOE en el Parlamento de Andalucía). Para más inri, Zapatero dijo que si no se la votaba en Cataluña era por ser mujer y andaluza, sugiriendo una cierta misoginia y racismo por parte de los militantes del PSC. Anoche quedó claro que los militantes catalanes no son los únicos misóginos y racistas. Además, Díaz tuvo la desfachatez de presentar su programa cuatro días antes de las elecciones, cuya única explicación es que no lo creían necesario para ganar: teniendo a todo el aparato del partido detrás, incluyendo las vacas sagradas y la mayoría de barones, siendo el único rival con opciones Pedro Sánchez, al cuál daban por muerto desde hacía meses, a los militantes no les importaba el programa en absoluto. Pues bien, la realidad le ha pasado la mano por la cara a la señora Díaz.

Otro tema importante es la cuestión territorial. Pedro Sánchez ha ganado en todas las provincias a excepción de las ocho andaluzas, Huesca, Biskaia, Gipuzkoa, Cuenca, Ávila y Badajoz. En Cataluña ha arrasado con un 82% del apoyo de la militancia. Con su idea de nación de naciones, y la brillante contestación de Patxi López (aquí un post sobre nacionalismo), pareciera que Sánchez ganaría en la periferia de la peninsula, pero no conseguiría apoyos en las zonas más centrales. Queda claro, tanto con Podemos como la mitad de la miltancia socialista, que la izquierda española no es tan partidaria de la unidad centralizada. No quiero decir esto que haya apoyos a la independencia de Cataluña, ni siquiera que se vea con buenos ojos un referéndum, pero queda clara la división ideológica al respecto de la unidad centralizada de España. Mientras el centro-derecha es partidaria de la centralización (con C’s en contra del los fueros vasco y navarro), la izquierda es más partidaria de una idea descentralizada, quizás federal, entendiendo a España como una nación de naciones cuanto menos.

Pero todavía es pronto para cantar victoria. A Sánchez le vendría bien recordar que no hay que vender la piel del oso hasta que sea cazado. Su victoria no deja lugar a dudas a excusas: no sólo ha obtenido más apoyos que el resto de candidatos, si no que ha obtenido el apoyo de más de la mitad de la militancia y, además, ha ganado en casi todo el territorio. Pero el pésimo discurso de Díaz tras la derrota (lo podéis ver aquí), así como la foto, dejan claro que no se lo va a poner fácil a Sánchez. Pedro tiene la dura tarea de unificar el partido, no a la altura de la militancia, si no unos cuantos escalones más arriba. Con la mayoría de barones en contra tendrá que decidir a quienes seducir y a quienes (al menos tratar de) cambiar. Su  historial de derrotas electorales así como las malas prácticas no parece que le van a ayudar. El PSOE, para poder ser gobernado por Sánchez, debe abandonar las actuales estructuras de poder, algo que puede resultar imposible. Con un Secretario General elegido por la militancia, los órganos de contra-poder deben ser elegidos también por ellos. En pleno siglo XXI la izquierda española no está dispuesta a tolerar otra defenestración u otra puñalada cual Bruto asesinando a César (como hizo Antonio Hernando).

A todas estas dificultades se le suma un posible, aunque poco probable, adelanto electoral por parte del Partido Popular, el cual, viendo la actual situación del PSOE podría optar por terminar de hundirlos, en lo que podría ser el peor resultado obtenido por los socialistas con Pedro Sánchez a la cabeza, por tercera vez consecutiva. Por suerte, viendo la creciente suciedad popular, que emerge semana tras semana, un adelanto electoral no parece estar en el horizonte cercano.

Faltará ver cómo evoluciona la relación PSOE-Podemos. Varios dirigentes de la formación morada, anoche, felicitaron por twitter al nuevo Secretario General, recordándole la decisión que su partido tomó para permitir la investidura de Rajoy. ¿Se podemizará el PSOE, o se moderará Podemos?

Sólo me queda desearle mucha suerte a Pedro Sánchez. La necesitará para mantener su partido a flote, y sobre todo, para hacerse respetar dentro de su formación.

 


De qué hablamos, cuando hablamos de nacionalismo y nación

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A día de hoy vivimos un resurgimiento del nacionalismo. Marine Le Pen y su Frente Nacional son el típico ejemplo de éste resurgimiento nacionalista en Europa, y el ‘America First’ del Presidente Donald J. Trump es el equivalente más allá del Atlántico. No todos los fenómenos nacionalistas de hoy en día son ultra-derechistas: los nacionalistas escoceses del SNP o los nacionalistas catalanes de la coalición JxSí están alejados de la ultra-derecha y, en cierto sentido, pueden considerarse hasta progresistas. Además, a raíz del último congreso de Ciudadanos, Albert Rivera no para de repetir que ellos, los auto-denominados liberales herederos de Cádiz , son la solución al populismo y al nacionalismo. Pero, ¿qué es el nacionalismo?

La Nación

Nacionalismo es un término derivado de ‘Nación’, por tanto, es importante entender qué es la ‘Nación’. Contrario a lo que muchos puedan creer, especialmente los nacionalistas, la nación tal como la entendemos hoy en día no tiene más de trescientos años. Seguramente menos. La nación, en palabras de Benedict Anderson, uno de los principales autores sobre nacionalismo, es una comunidad humana imaginada como inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque, hasta en las naciones más pequeñas, uno nunca va a conocer a todos los pertenecientes a la nación, pero sabe que existen y que les une una especie de comunión. Es limitada porque, hasta las naciones más extensas del mundo ponen a otras naciones más allá de sus límites. Y es soberana porque ninguna nación se concibe a sí misma como sumisa a cualquier otro poder, más allá, quizás, de alguna divinidad.

Según Anderson y la mayoría de autores en la materia tiene sentido hablar de nación a partir de la era moderna porque es entonces cuando empiezan a existir los Estados nacionales. Antes de la Revolución Francesa, el titular de la soberanía del Estado era el monarca y, tal como ejemplifica Carlos V (I de España), el Soberano lo era sobre distintos territorios, independientemente de su ‘nacionalidad’. Con la Revolución Francesa se instaura el principio de soberanía nacional por el cual el titular de la soberanía deja de ser el monarca, y ésta pasa a manos de la nación.

Al respecto de cómo se forma la nación, hay distintas teorías. Para Anderson la nación se origina a causa del ‘capitalismo de imprenta’. Gracias al revolucionario invento de Gutenberg se empezó a imprimir libros en lenguas vernáculas, lo cuál facilitó que una determinada comunidad empezara a homogeneizarse al respecto del idioma. Antes de la era moderna y de la invención de la imprenta de Gutenberg, en cada zona se hablaban distintos idiomas, por parecidos que pudieran ser. Un buen ejemplo es Francia, donde hasta la I República el Francés no era el idioma hablado en todo el territorio que hoy constituye Francia.

El Nacionalismo

Quizás la mejor definición de nacionalismo sea la de Ernest Gellner, por su claridad y concisión: nacionalismo es el principio político por el cual la unidad política y la nacional deben ser congruentes. Esto es, que los límites de la nación y del Estado deberían ser los mismos.

Según Gellner, debido a la necesidad de una mano de obra altamente móvil y con un entrenamiento básico (de modo que pudieran especializarse con facilidad) de la era industrial los gobiernos Estatales empiezan a crear sistemas de educación ‘nacionales’ que, entre otras cosas, enseñan un mismo idioma para facilitar la comunicación. Para Gellner ésto es el origen de la nación, y por ende, del nacionalismo.

Charles Tilly distingue dos tipos de nacionalismo: el top-down, desde el centro del Estado, cuyo objetivo es homogeneizar a la población a nivel lingüístico y cultural mediante un sistema educativo nacional y performances de enaltecimiento nacional, mediante símbolos que apelen a los mitos originarios, tal como tradiciones y banderas; y un nacionalismo ‘bottom-up’ desde la periferia, de naciones que no se quieren homogeneizar a la del Estado central y que, por tanto, mediante las mismas técnicas, busca mayor auto-gobierno y remarcar sus diferencias.

¿Cómo se traduce esto a nuestra realidad política?

Como podemos comprobar, aplicando los conocimientos teóricos a la realidad política, vemos que si bien hay un resurgimiento del nacionalismo (sobretodo contra los efectos de la globalización), éste no se limita a los movimientos ultra en Europa y Estados Unidos, o a los separatistas catalanes, escoceses, o de cualquier nación. El Nacionalismo es algo que lo impregna casi todo. Cuando el Ministro Wert dijo que quería ‘españolizar’ a los niños catalanes se refería a esto. Del mismo modo, el sistema educativo catalán, con la inmersión lingüística en su centro, es un elemento básico del catalanismo, de la resistencia a la homogeneización por parte del Estado central. Por mucho que Albert Rivera quiera denostar a los nacionalistas o independentistas catalanes llamándoles nacionalistas, él sigue siendo un nacionalista. Uno de sus objetivos es que la nación Española (entendida como castellana o mesetaria) encaje con el Estado español, mientras que Puigdemont y Junqueras, de JxSí, y los ‘cuperos’ lo que quieren es que el Estado que los gobierne se adapte a los límites de la nación catalana.

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Para terminar me gustaría reproducir una frase del historiador Eric Hobsbawm, eminencia también del estudio del nacionalismo, para todos aquellos que creen que sus naciones son ancestrales (o que al menos creen que son anteriores a la era moderna):

Las Naciones no crean Estados y nacionalismos, sino al revés.


El terrorismo no existe

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Ésta es la primera imagen que aparece en Google Imágenes al buscar ‘terrorist’

Mientras esperaba a que me sirvieran un par de cafés he visto en la portada de La Vanguardia que ha habido un tiroteo en el Aeropuerto de Fort Lauderdale, en Florida. Podéis encontrar la notícia aquí. Parece ser que un militar o ex-militar, con problemas mentales, voló de Alaska a Florida, y al recoger su maleta fue al baño, montó su pistola, y empezó a disparar.

Hace unas tres semanas leía otra notícia, también relacionada con un tiroteo en los Estados Unidos: Dylann Roof, el autor del tiroteo en una iglesia Afroamericana de Charleston mientras se oficiaba el servicio religioso, era declarado culpable por delito de odio, asesinato, intento de asesinato y obstrucción de la religión.

Ambos hechos me han hecho plantearme la siguiente pregunta: si a un ciudadano de a pie le preguntaran qué es el terrorismo, y qué hay que hacer para combatirlo, ¿cuál sería su respuesta?

Mi especulación es que, seguramente, la definición de terrorismo sea vaga y genérica, apuntando a motivos religiosos o nacionalistas, incluyendo el uso de artefactos explosivos. Al respecto de qué hacer para combatirlo, seguramente se llegue a la conclusión de que hay que matarlos. Cuando uno piensa en un acto terrorista piensa en el atentado de Atocha del 11-M, en las Torres Gemelas o en los recientes ataques con camiones en Niza y Berlín. ¿Y los dos actos mencionados al principio?

Para más inri, el motivo seguramente sea que odian nuestro estilo de vida, o que quieren convertirnos al Islam. A poca gente se le pasará por la cabeza pensar en que hay motivos políticos detrás del terrorismo(además, ya vimos la reacción mediática general cuando Pablo Iglesias dijo que la cuestión de ETA era política).

Pero, ¿qué es el terrorismo?

Si acudimos a la RAE, terrorismo queda definido como: 1. Dominación por el terror 2. 3. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos. A nivel personal y académico, tras leer numerosos artículos académicos sobre terrorismo, la definición de la RAE me parece un poco pobre. Es funcional para dar una cierta idea general, pero no es hasta el final de la tercera acepción que menciona una finalidad. Una finalidad que, además, es política.

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La guillotina, herramienta revolucionaria de la Terreur.

El término terrorismo surge con Maximilien de Robespierre, quién impuso el Terror en la Francia Revolucionaria. El objetivo de la Terreur era purgar las resistencias reaccionarias a los cambios promovidos por la revolución. Como tal, la Terreur tenía una connotación positiva, parecido a la extirpación de un cáncer. Tras la restauración Borbónica, tanto en Francia como en el resto del mundo el término terrorismo pasó a adquirir connotaciones negativas, de tiranía y abuso de poder. No es hasta mediados del siglo XIX, con el socialista Pisacane y también con los anarquistas anti-zaristas rusos, que el terrorismo vuelve a tener una connotación positiva: para éstos la violencia era necesaria para informar y educar a las masas y, finalmente, ponerlas al servicio de la revolución. El terrorismo era la propaganda por el hecho: tirar una piedra o matar a un aristócrata era más efectivo que escribir un manifesto. Con los totalitarismos del siglo XX terrorismo vuelve a tener una connotación de abuso de poder, y a partir de los años sesenta, con los movimientos de liberación nacional en las colonias, empezó a cuestionarse hasta qué punto alguien que usaba las armas por una causa era un terrorista: lo que para uno es un terrorista para otro es un luchador por la libertad. En este breve repaso histórico del terrorismo me falta la connotación actual del terrorismo: gente que quiere destruir nuestro estilo de vida.

Por el título os estaréis preguntando, a estas alturas, porqué afirmo que el terrorismo no existe. Hemos visto que no tenemos una noción clara de qué es el terrorismo. A nivel legal, cada Estado y dentro de cada Estado las distintas agencias de policía e inteligencia definen el terrorismo de modo diferente. Lo que según en un Estado es un acto terrorista, a pocos kilómetros de la frontera deja de serlo. Además, entre los académicos expertos en terrorismo tampoco hay consenso al respecto de qué constituye el terrorismo. Al máximo consenso que se llega es que hay una motivación ideológica o política detrás de los atentados o de la raison d’être de la organización. Ésta parece ser la diferencia entre el crimen organizado y el terrorismo.

Dicho de otro modo, un acto terrorista es un acto violento con una motivación política. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre una protesta que se va de las manos y un atentado terrorista? ¿Qué diferencia hay entre tirotear a un grupo de Afroamericanos por ser Afroamericanos, en un lugar de culto, y ejecutar a un párroco católico, por ser católico?

Si, según Clausewitz, la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios, entonces, siguiendo la misma lógica, el terrorismo no deja de ser un movimiento político por otros medios. El terrorismo no existe, es violencia política.


26J, ¿Qué ha pasado?

Es lunes 27 de junio y algunos nos fuimos a dormir tarde. El motivo es por todos bien sabido: ayer se celebraron las elecciones generales, las primeras en ser repetidas en la historia democrática de España. Estas elecciones se han producido en un contexto peculiar. Tras las últimas elecciones, el 20 de diciembre, ningún partido consiguió apoyos suficientes para ganar una votación de investidura. Tras estos nuevos comicios la situación no parece haber mejorado mucho.

¿Por qué se han producido estas nuevas elecciones?

En las anteriores elecciones el parlamento quedó con la siguiente distribución de escaños:

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Con dicha configuración era difícil conseguir apoyos para una investidura, pero no imposible. El partido que quiera formar gobierno debe presentarse a una sesión de investidura y conseguir una mayoría absoluta de votos a favor en primera votación, o mayoría simple en segunda votación. La suma de fuerzas más fácil era PP + PSOE, que tendrían una mayoría de 213 diputados, más que suficientes para una investidura y para gobernar, pero tras cuatro años de mayoría absoluta del PP durante los cuales a duras penas han admitido enmiendas a sus proyectos de leyes, el PSOE no quería pactar con PP. Además, el pacto PP + PSOE sería visto por la militancia del PSOE como una traición, con lo cual para las siguientes elecciones era probable que sus votantes se fueran a otras opciones de izquierda (Podemos). C’s intentó hacer de bisagra, creyéndose que podría hacer de intermediario, pero al final no se intentó dicha coalición tripartita. Lo que sí intento Pedro Sánchez fue una coalición con Podemos y C’s, pero tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias dejaron claro que no entrarían en un gobierno o no darían apoyo a un gobierno en el cual el otro estuviera. Por último, Pablo Iglesias proponía una coalición PSOE + Podemos, contando con la abstención de los partidos independentistas (ERC + DiL) con tal de conseguir una investidura en segunda votación. Pero esta propuesta de coalición contenía una línea roja por parte del sr. Iglesias que era el referéndum sobre la independencia de Cataluña, un aro por el cual Pedro Sánchez no estaba dispuesto a pasar. En su momento me pareció que era una táctica de Podemos para forzar unas nuevas elecciones en las que ellos podrían obtener más diputados, posiblemente sobrepasando al PSOE y así poder negociar desde una mejor posición. Creo que los acontecimientos han demostrado que estaba en lo cierto, pese a que el tiro le ha salido por la culata a Pablo Iglesias.

26J, ¿Qué ha pasado?

Estos nuevos comicios se han caracterizado por ser la primera vez en la historia democrática de España en que se han tenido que repetir elecciones porqué ninguna fuerza política ha conseguido votos suficientes en la sesión de investidura para formar un gobierno. Como ha sido una repetición de las anteriores elecciones, y como éstas han sido provocadas por Podemos, el partido de Pablo Iglesias ha estado desde el 21 de diciembre en campaña electoral, igual que el resto de partidos. Pero no todos han sabido sacar el máximo provecho de esta extraordinariamente larga campaña electoral. Vistos los resultados, el ganador claro es el PP de Mariano Rajoy, y los perdedores el PSOE, C’s y en menos medida, Unidos Podemos, la coalición de Podemos con Izquierda Unida.

La configuración del nuevo Congreso de los Diputados queda tal que así:

  • PP: 137
  • PSOE: 85
  • Unidos Podemos: 71
  • C’s: 32
  • ERC: 9
  • CDC: 8
  • PNV: 5
  • EH-Bildu: 2
  • CC: 1

La participación en estos comicios ha sido baja (69,84%), cerca del mínimo histórico de participación (68,04%). Las anteriores estuvieron cerca de la media de participación en las elecciones generales en España (alrededor del 73%). Entre politólogos suele considerarse que en España hay una participación baja. Todavía es pronto para saber cual ha sido el motivo para la bajada de la participación, pero seguramente sea una combinación de fin de semana largo (en Cataluña el viernes fue festivo), tiempo estival y hastío por la repetición de elecciones.

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A lo largo de esta campaña hemos visto como Pablo Iglesias se ha moderado, pasando de ser un comunista -aunque desde Podemos siempre han dicho que el partido es transversal, “un partido de los de abajo”- a ser un socialdemócrata. La unión con Izquierda Unida no ha mejorado los resultados electorales tal como se esperaba, y el famoso ‘sorpasso’ no ha tenido lugar. Quizás esta moderación de Pablo Iglesias le ha hecho perder votos.

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El PSOE, con el Secretario General con el cual habían conseguido los peores resultados de su historia (90) ha conseguido el más difícil todavía, y ha rebajado el numero de diputados de su partido hasta los 85. En porcentaje de voto, eso sí, ha obtenido unas cifras muy parecidas a las de Unidos Podemos, pese a que estos hayan sacado 14 diputados menos, todo ello gracias al sistema electoral por provincias y no tanto al Sistema d’Hondt. Aún así, los resultados son relativamente buenos para Pedro Sánchez, pues el Partido Socialista (20 diputados) en Andalucía ha sacado peores resultados que el PP (diputados) en ésa misma comunidad, con lo cual frena las aspiraciones de Susana Díaz, permitiendo así que Pedro Sánchez siga como secretario general del PSOE.

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C’s, que en las primeras elecciones generales a las que se había presentado (en 2015) había conseguido 40 diputados (también perjudicado por el sistema electoral por provincias), ha visto su número de diputados rebajados hasta los 32. Seguramente un resultado más ajustado a la realidad, puesto que, a mi entender, C’s no tiene mucha cabida en el panorama político español (es un híbrido entre el ala moderada del PP y el ala más liberal/derecha del PSOE).

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El PP ha sido el gran ganador. Obteniendo 137 diputados, seguramente se ha beneficiado de una menor participación electoral, al mismo tiempo que ha recuperado parte del voto prestado que obtuvo C’s. Tiene mucho mérito -o quizás más que mérito del PP es demérito de los Españoles como tal- mejorar resultados respecto a las anteriores elecciones, sobre todo cuando se viene de una legislatura con recortes en Sanidad y Educación, numerosos casos (aislados, según el PP) de corrupción afectando a gente importante del partido -Bárcenas, Rita Barbera, Camps, etc.- y ya durante la campaña electoral, el escándalo de las grabaciones entre Jorge Fernández Díaz y De Alfonso (aunque quizás este último elemento les ha ayudado a obtener votos fuera de Cataluña).

Con todo, la campaña electoral oficial ha sido bastante descafeinada, con algunos momentos bastante cómicos, como el primer spot electoral del PP o los susurros de Pablo Iglesias a Sánchez.

¿Y ahora qué?

El futuro es incierto, pese a que Rajoy es quién mejor colocado está para ganar, siendo él el candidato del único partido que mejora resultados. Una de las opciones más probables para conseguir una votación de investidura favorable sería PP + C’s con la abstención de PSOE, pese a que Albert Rivera y Pedro Sánchez dijeran en campaña que no harían presidente a Rajoy ni por activa ni por pasiva. Hoy Rivera ya no era tan contundente respecto al rema, y falta ver qué pueden ofrecer al PSOE a cambio de su abstención. Otra posibilidad, aunque la gobernabilidad sería prácticamente imposible, sería un gobierno de coalición PSOE + Podemos, posible con la abstención de C’s y algún partido nacionalista.

Con todo, lo más probable es que sea una legislatura relativamente corta y bastante complicada, en la que el partido que dé apoyo al PP no mejorará resultados en las siguientes elecciones, sean cuando sean. El PSOE de Pedro Sánchez debe decidir si, una vez dejada fuera de juego Susana Díaz (aunque sea temporalmente), quiere quedar relegado a ser un partido pequeño, habiendo ayudado al PP, o si prefiere, en cambio, intentar gobernar con Podemos, con la posibilidad de terminar también peor de lo que ya están. Sea como sea, las siguientes semanas van a ser muy interesantes, y probablemente nos llevemos más de una sorpresa.


22M – Bruselas

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Ayer por la mañana amanecí con varias notificaciones en el móvil, algo totalmente normal. En la parte superior de la pantalla un icono circular, blanco, con un teléfono dentro, me avisaba de varios mensajes. Al ser época de exámenes, en los varios grupos con compañeros del máster, lo normal es encontrarse mensajes quejándose del estudio, de lo bien o mal que van, pero ayer el primer mensaje que vi decía que había habido una explosión en el aeropuerto de Bruselas. Otra compañera preguntaba si teníamos amigos o conocidos en Bruselas, que si estaban bien. En el aeropuerto hubo dos explosiones, aunque, parece ser, podría haber habido una tercera -el terrorista se lo pensó mejor, o el dispositivo le falló, quién sabe. Una hora después hubo una tercera explosión en un convoy de metro que estaba saliendo de la parada de metro de Maelbeek, al lado de las instituciones europeas en Bruselas.

Desde los atentados en París el pasado noviembre hasta los de ayer en Bruselas han transcurrido 130 días. Parece que fuera ayer. Han transcurrido 62 días desde que Tehrik-i-Taliban Pakistan matara a 22 estudiantes universitarios en el norte de Pakistán. Tan sólo 3 desde el último atentado en Turquía a manos de Estado Islámico. Uno desde el último ataque suicida en Iraq, también a manos de Estado Islámico. Cada día muere gente a manos de terroristas islamistas, pero sólo nos escandalizamos cuando sucede cerca de nosotros, y es comprensible: por alguna razón simpatizamos más con un desconocido de nuestra misma ciudad que con un desconocido de otro país, lo mismo sucede con ciudadanos de otros países con los que compartimos o creemos compartir cultura, frente con otros a los que vemos siempre como ajenos, como otros.

Es evidente que los perpetradores de semejantes actos merecen nuestro odio. Pero no nos equivoquemos: no todos los musulmanes cometen dichos actos, ni tan siquiera los apoyan. Normalmente ellos suelen sufrir los ataques en sus propias carnes y, además, el odio injustificado de parte de nuestras sociedades cuando los ataques en vez de ser contra ellos son contra nosotros. Para mi está muy claro que contra Estado Islámico y sus filiales (como Boko-Haram) la principal solución es una ofensiva militar -no son una organización terrorista al uso, no quieren ni son capaces de negociar, actúan como un ejército, y además, en Nigeria por parte de los países de la zona y en Síria por parte de las milicias kurdas la acción militar está siendo efectiva en acorralarlos y limitar sus acciones – pero también hay que hacer mucha pedagogía, tanto aquí en casa como en los territorios donde están asentados y pueden conseguir adeptos.

Pedagogía en casa para no odiar, ni desconfiar, ni tan si quiera cambiarnos de acera o bajarnos del metro o del autobús cuando vemos a un musulmán -o a alguien que solemos asociar con dicha religión, estemos acertados o no. Pero también hay que hacer mucha pedagogía en Síria, en Iraq, en Libia, en Afganistán y allí donde estén, para que la gente deje de unirse a estas facciones. Seguro tampoco ayudan las numerosas intervenciones de países occidentales en Oriente Próximo que históricamente no se han realizado, precisamente, para ayudar a las gentes del lugar. Pero esto no es motivo para dejar de intentarlo. Cada vez que alguien como Donald Trump dice que quiere re-instaurar métodos de tortura como el ‘water-boarding’, o cada vez que aceptamos la normalización de medidas de seguridad extraordinarias, incluyendo la clasificación de sospechoso tan sólo por su aspecto, lengua o religión, lo que estamos haciendo es fabricar fundamentalistas religiosos que no dudarán en inscribirse en las filas de organizaciones como Estado Islámico y perpetrar matanzas que nos horrorizan.

Ya no podemos hacer nada para evitar que las víctimas de Bruselas, Estambul, Pakistán o Nigeria mueran. Pero podemos hacer muchas cosas para que cada vez menos gente quiera unirse a estos canallas, por ejemplo, no odiar a la gente equivocada y, sobretodo, no discriminar. Donald Trump, Marine Le Pen o el movimiento Pegida, entre otros, no hacen más que echar leña al fuego. No seamos como ellos.


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¿Inseguridad en Santa Coloma?

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A finales de enero me despedí de mi querida ciudad, Santa Coloma. Querida, pese a que me queje de muchas cosas, como todos. Querida, aunque no perfecta. Estaba leyendo unos artículos para el máster que actualmente estoy cursando, centrado en la seguridad, y debido a mi tendencia a procrastinar, me adentré en Facebook. Me ha impactado ver la publicación de la alcaldesa en Facebook, en la cual responde a varios mensajes que algunos de mis conciudadanos han escrito en grupos de Facebook, quejándose de la falta de seguridad de la ciudad. También vi la semana pasada que apuñalaron a alguien enfrente de casa de un amigo. Todo esto me lleva a escribir estas breves líneas.

Lo primero que me gustaría decir es que la seguridad absoluta no existe. Podemos reducir las posibilidades de que un crimen suceda, por ejemplo con más patrullas policiales, con cámaras de seguridad o alarmas, pero esto no quiere decir que la criminalidad pueda eliminarse. Hay que tener en consideración que ciertas medidas de seguridad que la gente reclama pueden invadir nuestra privacidad (¿aceptaríais tener una cámara de seguridad grabando las 24 horas al día las puertas de vuestras casas, de modo que quién sea que esté detrás de la cámara pueda ver todos vuestros movimientos, con quién entráis o con quién salís?), pero también hay que tener en consideración que relegar la seguridad a quién pueda permitírsela, ya sea mediante contratación de seguridad privada o mediante patrullas vecinales, puede vulnerar seriamente la seguridad del conjunto de la ciudadanía. ¿Quién supervisaría dicha patrulla ciudadana? ¿Quién vigilaría que no cometieran ningún delito, falta o agresión en su función de vigilantes? ¿Qué harían si vieran a alguien cometiendo un crimen?

Lo segundo que quería comentar es la preocupación que me provoca que haya gente que pida abiertamente la expulsión de ciertos colectivos por creer que sólo ellos y en su totalidad cometen crímenes, como si el delinquir formara parte de su ADN. Una vez hayamos expulsado a todos los ‘moros’, los ‘rumanos’ y quién sea que delinca en esta ciudad que no tenga nacionalidad española, ¿qué haremos con los españoles que delincan?

Desde los atentados de París el pasado noviembre la gente está más preocupada por su seguridad a lo largo y ancho de Europa. En Francia están intentando solventar la (percepción de) falta de seguridad modificando la constitución para poder extender el ‘Estado de Emergencia’ más allá del periodo temporal anteriormente constitucional. Quienes pedís más seguridad deberíais pensar si aceptaríais que os registrara personal militar en la calle sólo porqué estáis en la calle, y por tanto, podéis ser una amenaza a cualquier otra persona. O si aceptaríais ser retenidos durante horas porqué sois sospechosos sin ninguna garantía judicial. O si quisierais que la policía pudiera entrar en vuestra casa sin una orden judicial para registrarla, no vaya a ser que estuvierais pensando en delinquir.

La sensación de seguridad es a menudo más importante que la situación objetiva, pero haríamos bien en mirar los datos en vez de exagerar hechos puntuales y pedir legislar en caliente.


A ‘març’ pero con algo que otros no tienen: memoria e integridad.

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Después de poco más de tres meses de reuniones, negociaciones y asambleas -sin ser yo el más asambleario, todavía no he entendido cuál era el problema de que las bases de un partido participaran en una decisión importante- al final la CUP no va a investir a Mas. Parece que vamos directos a ‘Març’, y como ya va siendo habitual, la decisión viene acompañada de una campaña de acoso y derribo por parte de los sectores independentistas próximos al partido político antiguamente conocido como Convergència Democràtica de Catalunya. Estas gentes, tan beligerantes con los que no piensan como ellos ahora, son los que se jactaban de lo amplio, transversal, plural y democrático que era el ‘procés independentista’. A la que el guión ha dado cambios poco previstos, ya se sienten traicionados. La verdad es que no ha habido más traición que la del señor Mas y sus inmovilistas ‘hooligans’. Y, a mi entender, son los últimos en llegar los que más prisa están teniendo, los que menos se están dando cuenta de la situación y los que, con más facilidad, harán trizas toda opción de independencia.

En 23 años de gobierno autonómico, haciendo de muleta de gobiernos centrales de distinto color, y tras haber llegado a gobernar en Cataluña con apoyos del Partido Popular, ahora resulta que una condición más que razonable hace descarrilar el proceso, y que el independentismo se va al traste. Toda esta gente, que ahora se queja de las CUP, hace cinco años no tuvo ningún problema cuando tocaba hacer recortes sociales de la mano del PP. En aquél entonces, a todos estos independentistas y gentes de bien les unía más el eje izquierda-derecha, sobretodo en el plano económico. Ahora, cuando el eje nacional debería ser el importante, vemos que el inmovilismo de Junts pel Sí para con su figura mesiánica es más importante que el eje nacional. Vamos de mal en peor.

Quisiera recordar que fue el mismo señor Mas el que dijo que él podría ser candidato o no serlo, en función de lo que fuera mejor para el proceso independentista, y que fuimos muchos los que lo aplaudimos por ello. También quiero recordar que a todo el mundo os caía bien la CUP y el carismático Antonio Baños cuando fueron a protestar delante del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña cuando Mas fue citado a declarar por la convocatoria del pseudo-referéndum del 9N. A diferencia de otras formaciones, a la CUP no se la puede atacar por la falta de coherencia. Respetan al resto de formaciones y respetan los resultados electorales, pero por encima de todo, se respetan a si mismos. Hicieron campaña diciendo que no investirían a Artur Mas, y cuando la situación se ha torcido y se ha planteado el que pudieran permitir dicha investidura, lo han sometido a votación de los militantes. Ya me gustaría a mi ver eso en formaciones como CDC o el PSOE.

Cataluña, como comunidad autónoma, es una democracia parlamentaria, y es éste órgano el que decide a quién se inviste como presidente. El argumento -rancio y casposo- de que la la lista más votada debe gobernar es gravemente defectuoso, y ya vemos a dónde conduce, ya sea en ayuntamientos, en comunidades autónomas o a nivel Estatal. La democracia y la Política, en mayúsculas, son pactos, ceder todos un poco para que todos salgamos ganando. Nos llenábamos la boca con lo democrático que era el proceso, pero han querido forzar al candidato de los 62 escaños cuando había alternativas posibles para sumar más, bastantes más.

Algunos votamos a la CUP por motivos circunstanciales -aunque, hay que decir que no nos ha decepcionado- otros eran ya votantes de siempre en las elecciones municipales y, cuando pasaron al ámbito autonómico, les siguieron votando. Para una parte considerable del independentismo catalán, nosotros somos ahora unos ‘botiflers’, unos traidores a la patria, que hasta llegamos a colaborar con el CNI para torpedear la independencia. Pero recordad que el independentismo, históricamente no ha sido mayoritario en Cataluña, y no lo ha sido, en parte, porque el principal partido de las gentes de bien salía beneficiado dando apoyos puntuales a socialistas y populares. Y recordad que han sido esta misma gente de bien los que hace un lustro pactaban con el PP la gobernabilidad de Cataluña, mientras otras formaciones y organizaciones luchaban para hacer de la propuesta independentista una propuesta mayoritaria. Recordad, Mas y la gente de bien son los últimos en llegar, los que más prisa tienen y los que más intransigentes son al respecto del proceso independentista catalán. Han sido ellos los que están haciendo descarrilar, y la CUP ya lo dejaron muy claro en su genial spot electoral: ‘anem lents perquè anem lluny’.