Cataluña, 27 de octubre: ¿independencia?

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Bru Aguiló/Fotomovimento

Vivimos en Cataluña, y supongo que también en el resto del Estado, unas semanas de vértigo. A muchos nos vendría bien una desintoxicación informativa, pero antes de que todos apaguemos televisiones, radios, móviles y tabletas, leed estas breves líneas.

El jueves 26 de octubre por la mañana el entonces President de la Generalitat Puigdemont amagó con convocar elecciones autonómicas para ver si el Gobierno presidido por Mariano Rajoy retiraba o suspendía la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Dicho movimiento por parte de Puigdemont suscitó múltiples interpretaciones: un último intento, a la desesperada, para entablar diálogo (sin las condiciones exigidas por Rajoy, claro); un intento de desescalada en el conflicto, con tal de poder recuperar algo de sensatez y moderación por ambos lados (Santi Vila y Ana Pastor mediante); miedo ante la concreción de la amenaza… Pero yo me decanto más por la siguiente, siendo consciente que puede haber más: mostrar, de un modo exprés, que el Estado no tiene intención de recular, y que iba a intervenir la Generalitat hiciera lo que hiciera Puigdemont, aludiendo así a la Teoría de la Causa Justa para justificar una declaración de independencia, admitámoslo, un poco parca en apoyos internos y externos.

Así las cosas, el viernes 27 de octubre el Senado decidía cómo aplicar el 155, y el Parlament votaba una resolución mediante la cual, parece, se declaraba la independencia. Si el jueves 26 de octubre Puigdemont había dominado la escena, haciendo quedar al Gobierno español como un gobierno contrario al autogobierno de Cataluña, el viernes Mariano Rajoy, ofreciendo un 155 más moderado de lo que todos esperábamos y realizando el Senado la votación de las medidas después de la votación en el Parlament, ha demostrado que no era tan duro y, gracias a la pronta votación en el Parlament, que no tiene problema alguno con el autogobierno de Cataluña, sino con la declaración de independencia. En todo caso, ahora todo el Govern de Puigdemont está destituído y se han convocado elecciones autonómicas para el 21 de diciembre.

Hay dos detalles que me parecen importantes. El primero es que lo que se votaba el viernes no era la independencia de Cataluña sino varias resoluciones por las cuales se activaban artículos de la Ley de Transitoriedad Jurídica, y se instaba a la Generalitat a negociar ciertos ítems con el Gobierno de España. La declaración de independencia no era parte de la propuesta de resolución, sino un preámbulo (disponible aquí). El otro detalle, hecho notar hasta la saciedad por Ferreras en el especial de Al Rojo Vivo, es la presencia de la bandera española junto a la catalana en la Generalitat de Cataluña. Si se ha declarado una república soberana e independiente lo lógico sería retirar la rojigualda de la sede del ejecutivo catalán. Por estos dos detalles me surge la siguiente duda: ¿se ha declarado la independencia de verdad, o se está usando, como creo, para poder negociar?

Veremos como se desarrollan los eventos en las próximas horas y semanas. Veremos si los partidos soberanistas se presentan a las elecciones convocadas por Rajoy (convocatoria que, por otra parte, podría ser inconstitucional). Veremos, en caso de que se presenten, qué resultado obtienen, y si no se presentan, cuál termina siendo la participación en las que seguro serán las elecciones autonómicas más polémicas de la historia española y catalana. Y, sobretodo, veremos como hacen los distintos líderes para gestionar la más que previsible decepción y enfado colectivos.

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Cataluña, 1 de octubre.

lhoth2yze6_lqymu6n5jfzxlrdcgbmwhAyer fue 1 de octubre, a priori una fecha sin demasiada importancia, pero en la que había convocado un referéndum de autodeterminación en Cataluña. El referéndum fue convocado mediante la aprobación de una ley en el Parlament a principios de septiembre con mucha polémica. No comentaré demasiado lo ocurrido entonces, pero sí quiero dejar claro que la legalidad por si sola tiene poca importancia en democracia, lo importante es la legitimidad. Desde entonces, el Gobierno de Mariano Rajoy, su partido, así como el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos, han negado que vaya a haber referéndum alguno, entre otros motivos por ser ilegal (sic), por dinamitar la soberanía nacional e ir en contra de la (sacrosanta) unidad de la nación española.

Pese a ser negado, el referéndum ocurrió. O al menos lo más parecido posible que las circunstancias permitieron. Moncloa llevaba desde la semana anterior presumiendo de estar impidiendo logísticamente el referéndum, ya fuera por la incautación de papeletas, o por la detención de altos cargos del ejecutivo catalán encargados de organizar el referéndum. Vendieron la incautación de diez millones de papeletas como el golpe definitivo al referéndum, siendo poco conscientes de lo fácil que es volver a imprimir varios millones. Pese a buscarlas con mucho esmero, ni la Benemérita ni la Policía Nacional pudieron encontrar las urnas, dejándonos escenas graciosísimas si no fuera por la gravedad de lo que estaban intentando. Entre tanto, hemos encontrado un nuevo mote para la Guardia Civil. Ya no solo son picoletos, ahora son también piolines.

A las detenciones, que ya empezaron a resonar en prensa internacional, mayormente criticando la acción del ejecutivo de Mariano Rajoy, hay que sumarle el ridículo de los piolines y la Policia Nacional en el intento de incautar papeletas y urnas y, no solo eso, sino también las vergonzantes cargas policiales que ocurrieron ayer en diferentes puntos del territorio. Una buenísima operación de imagen para el Gobierno español y sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que, por otra parte, ejercen una importantísima labor en la lucha anti-terrorista así como en misiones humanitarias por el resto del mundo. Las buenas gentes de cataluña, españoles todos, de momento, no se merecían el trato que recibieron por parte de los dos cuerpos de policía españoles. Pero más importante aún, los mismos cuerpos no merecían dicha imagen. Costó mucho que, tras la dictadura, el ejército y la Guardia Civil recuperaran una imagen respetable y democrática -siempre con excepciones- que ahora mismo han tirado por la borda, al menos de cara a catalanes y el resto del mundo. Seguro que los que jalearon a la Guardia Civil en Huelva, Córdoba y Castellón al son de ‘a por ellos’ deseaban que hicieran esto, e incluso mucho más, pero estas acciones pasarán factura.

El 1 de octubre es una fecha sin demasiada importancia, hasta ahora. El 1 de octubre entra por la puerta grande en la historia nacional de Cataluña. En esta tierra tenemos la mala costumbre de conmemorar derrotas (el 11 de septiembre, sin ir más lejos), pero el 1 de octubre no va a quedar solo como un día de una represión espeluznante. El 1 de octubre tiene un importante componente positivo para los catalanes. El 1 de octubre se constató que el Estado español no es capaz, con el mayor despliegue policial en Cataluña, de controlar el territorio. Un operativo que ha costado, según El Español, más de 31 millones de euros no ha conseguido impedir la presencia de urnas. Un operativo diseñado para atemorizar a los votantes, independentistas o no, no ha sido capaz de impedir que la gente se acercara a los colegios electorales, con dificultad, eso sí, y diposite un temible trozo de papel impreso en una temible urna de plástico.

Y si un Estado no es capaz de controlar su territorio, apreciados lectores y lectoras, ese Estado no es capaz de ejercer su soberanía. El 1 de octubre ha demostrado que para poner en jaque al Estado no hace falta ejército alguno. No hace falta ningún arma. Tan solo hace falta llevarlo hasta los límites de lo aceptable y de lo democrático. Y lo mejor de todo es que han sido ciudadanos de a pie, aquella gente común con la heroicidad de lo diario, la que ha movido la ficha que ha puesto en jaque al Estado español.

Los catalanes son conocidos por la dualidad del ‘seny i la rauxa’, la sensatez y buen juicio por una parte, y la impulsividad caprichosa. Cataluña, como toda nación que se precie, tiene características que pueden parecer contradictorias, y puede tenerlas debido a su pluralidad y su diversidad. El 1 de octubre Cataluña ha demostrado que es realmente bonita, no por la belleza de sus paisajes sino por el compromiso de sus gentes, por el saber hacer y la tranquilidad y serenidad demostrada ante injustificados e ilegítimos ataques policiales. Pero ha demostrado ser también rebelde, conservando una dosis importante de orden. Podríamos decir que ha sido ordenadamente revolucionaria. La Cataluña burguesa y de bien junto a la Cataluña más rebelde y ácrata, cogidas de la mano, aguantando estoicamente, demostrando que quién recurre a la violencia es porque en realidad no tiene mayor argumento. Hanna Arendt decía que la violencia no es símbolo de poder, sino de autoridad. Cuando uno debe imponer su autoridad es porque, en realidad, carece de todo poder.

Pero Cataluña, tanto la rebelde como la burguesa, tiene memoria. Buena memoria. Si bien el 1 de octubre entra por la puerta grande en la historia nacional como el día en que se demostró que el Estado central no es capaz de manetenr e imponer su soberanía, en todo el territorio, pero especialmente en el sur, el día se recordará como ‘los hechos del Montsià’ en el que la Guardia Civil fue pueblo por pueblo, cargando porra en mano contra el gentío que no hacía nada más que estar. Otras víctimas de la acción policial perdurarán en nuestra memoria largo tiempo, como por ejemplo la mujer a la que partieron los dedos de la mano uno a uno y agredieron sexualmente, seguramente para causar el terror en el resto de votantes.

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Para terminar, me gustaría tener un especial recuerdo a toda aquella gente que a lo largo y ancho del Estado español salió a las plazas a protestar contra la actuación policial y del ejecutivo central, así como para mostrar solidaridad con Cataluña. Y no solo a los que salieron a las plazas, también aquellos que, ya sea por miedo o por pereza, mostraron el mismo apoyo en redes sociales. A todos vosotros: gracias. Por contra, a los que justificáis la acción policial de ayer, la blanqueáis o, directamente la negáis, no tendréis nada de mi. Ni siquiera mi odio. A vosotros mi total indiferencia. Si no tengo más remedio que vivir con vosotros, como así creo que será pase lo que pase en las próximas horas, haré todo lo posible por no tener nada que ver con vosotros.


Ilustración, progreso y humor

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Por mucho que cierta derecha conservadora -aunque una parte se autodenomine liberal- se empeñe en recalcar los valores judeocristianos como la base de la identidad europea -sobretodo para dibujar una guerra de religiones, un asedio en el que el musulmán, caricaturizado como hombre barbudo, con chilaba y cuyo único objetivo en la vida es someter al cristiano y dinamitar desde dentro el Estado a base de pedir subvenciones-, lo cierto es que dicha identidad, la Europea, no se sustenta en conceptos vacíos, como el de ‘valores judeocristianos’ sino en algo más tangible y verídico, la Ilustración.

La Ilustración, comenta André Comte-Sponville en su Diccionario filosófico, ‘designa un período al mismo tiempo que un ideal. […] Es el ideal del conocimiento, del progreso, de la tolerancia, del laicismo, de la humanidad lúcida y libre. Ser un hombre de la Ilustración, explica Kant, consiste en pensar por propia cuenta, en servirse libremente de la propia razón, en liberarse de los prejuicios y de la superstición.’ (p. 272). A la Ilustración debemos ideas como los gobiernos constitucionales o la separación entre Iglesia y Estado y una ristra de pensadores cuyo pensamiento está en la base de nuestra vida política y económica, como Jean-Jacques Rousseau, Voltaire, Adam Smith o Benjamin Franklin. En resumen, la Ilustración nos libró del yugo de la religión, nos permitió cuestionar lo más sagrado, y gracias ella tenemos la certeza de que no seremos quemados en la hoguera como herejes al contradecir a Dostoievski afirmando que, ‘Si Dios no existe, no todo está permitido, y la vida es, de hecho más fácil que con Dios’ (la frase original aquí). Hace tiempo, en la radio, esuché a alguien decir que la desacralización es el motor de la modernidad. Sin duda me parece el mejor modo de resumir todo lo dicho hasta aquí.

 

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Pero pasemos al humor. Andrés Barba en su genial La risa caníbal: humor, pensamiento cínico y poder hace un análisis del humor y sitúa la risa en el cruce entre la razón y la moral, y citando al filósofo francés Henri Bergson -‘en un mundo de inteligencias puras quizá no se lloraría, pero desde luego se reiría’ (p. 11)- concluye que, tras dos guerras mundiales, en vez de vivir en un mundo de risueñas inteligencias bergsonianas, vivimos en un mundo sentimental. Y claro, los sentimientos son algo sagrado para la gente y sobre lo que uno no puede reírse. El mismo Barba lo dice unas líneas más abajo: ‘a diferencia de las razones, los sentimientos tienen la poderosa virtud de resultar inexpugnables. Una idea puede discutirse. Un sentimiento solo puede respetarse. Y en esa dialéctica la respuesta es sencilla: la risa es siempre una amenaza, una agresión tan perversa como el canibalismo’ (ibid).

Es evidente que hoy en día hay menos elementos sagrados en nuestras vidas diarias, pero tal como nos muestra Barba, todavía los hay. La desacralización -la Iluminación, vaya- no consiste en reírse de todo, pero sin duda todo debe poder ser risible, al menos dadas las circunstancias adecuadas, como por ejemplo cierta intimidad o un acuerdo tácito sobre el contenido entre el ponente y su audiencia. El mejor ejemplo de que todo debe poder ser risible bajo las circunstancias adecuadas es el famoso chiste del humorista Gilbert Gottfried que hizo durante un roast a Hugh Hefner en Nueva York semanas después del atentado del 11S. Gottfried dijo a su audiencia ‘debo coger un vuelo temprano hacia California. No pude coger un vuelo directo, dicen que debo hacer escala en el Empire State Building’ a lo que alguien, entre los abucheos del público, le replicó ‘demasiado pronto’, dejando claro que sí se pueden hacer chistes sobre el 11S, pero quizá solo unas semanas después del atentado no sea el mejor memento. (Aquí podéis encontrar más información sobre la anécdota, en inglés) Supongo que a nadie sensato se le ocurriría hacer un chiste en público sobre los atentados de Barcelona y Cambrils del 17A once días después, pero seguro que alguno de vosotros ha oído alguno en círculos más íntimos.

Resituémonos: Ilustración, razón y sentimientos, humor. Decir que la libertad, la razón y la identidad Europea -la basada en la Ilustración, no en esa patraña de los valores judeocristianos- está en peligro hoy en día es innecesariamente alarmante, aunque quizá sea más acertado que los que afirman que los refugiados que vienen a Europa suponen una invasión encubierta, un caballo de Troya que terminará con nuestra identidad. Pero me gustaría señalar al menos tres fuerzas contrarias al progreso -humor mediante- de la humanidad: el Estado español, parte de los católicos españoles, y parte de los musulmanes en el mundo.

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En el cartel puede leerse ‘GORA ALKA ETA’

En España se han juzgado -que ya es grave de por sí- e incluso se han condenado ciudadanos por hacer humor, ya sea a través de tuiter (como el caso de Cassandra, aquí), ya sea en un espectáculo de títeres (aquí), o por un sketch (más información, sketch incluido, aquí). Tres elementos se consideran sagrados, es decir, uno no puede ni bromear al respecto: el tiranicidio de Carrero Blanco -que tuvo como consecuencia una oleada de chistes muy divertidos- pues se considera enaltecimiento del terrorismo, el terrorismo en sí -porque, claro, decir Alqa-Eta es un claro enaltecimiento de la banda terrorista ETA-, y las corruptelas del actual partido de gobierno, el PP. Por suerte, de los tres casos aquí mencionados -aunque hay muchísimos más-, solo uno terminó en condena, quedando los otros dos absueltos.

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En segundo lugar están los católicos. Seguramente pudieran ser incluidas otras confesiones cristianas pero desconozco si han sucedido casos como los dos que mencionaré a continuación. La Fiscalía Provincial de las Palmas investigó -y ya me parece grave- la actuación de la Drag Queen Drag Sethlas por su actuación -¡actuación, por Dios!- durante los Carnavales de Las Palmas de Gran Canarias (vídeo de la actuación aquí) a raíz de una denuncia interpuesta por la Asociación de Abogados Cristianos por lo que, consideraban ellos, una vulneración del artículo 525 del Código Penal. La denuncia quedó archivada, pero aún así, la mera existencia del artículo 525 del CP ya representa un lastre para el progreso.

Artículo 525.
1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.
2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

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Otro caso similar ha ocurrido durante las fiestas de Bilbo. Una de las txosnas, de carácter animalista, tenía una decoración que simulaba una carnicería donde se ofrecían distintas partes del cuerpo humano y un póster con el despiece de Jesús en la cruz, a modo de cerdo (aquí podéis leer la breve noticia). La txosna se llamaba, para más inri, Carnicerías Vaticanas. El caso es que, debido a una denuncia por parte del Obispado de Bilbao basada en el mismo artículo del código penal que la denuncia contra Drag Sethlas, la Ertzaintza ha retirado el póster de Cristo. Pero no solo ofendía el póster -al fin y al cabo un trozo de papel con una representación pictórica muy católica, a la que simplemente se le ha añadido el despiece, como si fuera un animal para producir carne- sino que también ofendía el corazón rodeado de espinas.

Evidentemente, con esto no estoy diciendo que toda la comunidad de católicos, ya sea en España o en el resto del mundo, representen un lastre para el progreso de la humanidad pero queda claro que aquellos que se aprovechan de absurdos y denuncian actos que en una democracia sana del siglo XXI no deberían tener más consecuencia que un debate de ideas, sí representan un lastre, y además, un peligro para la democracia.

No sé si a vosotros os parece una aberración que el Estado proteja de este modo un sentimiento. A ojos del legislador, parece ser, es más importante el religioso que otros sentimientos. Sí, también quedan protegidos los sentimientos de los que no profesamos religión o creencia alguna, pero es algo totalmente innecesario. Si alguien mediante palabra, por escrito o cualquier documento hace escarnio de tus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o incluso si los vejan, la respuesta debe ser intelectual -un debate de ideas, vaya- no penal.

Y pasamos a la tercera fuerza, que todo hay que decirlo, todavía no ha actuado en España*, pero sí en el país vecino, al norte de los pirineos. Hablo de los atentados contra la revista Charlie Hebdo en 2011 y en 2015. El primero de ellos fue, presumiblemente, debido a una portada en que se había cambiado el nombre de la revista, pasando este a ser Charia Hebdo, y en que aparecía un retrato del profeta Mahoma diciendo que recibirías cien latigazos si no te morías de risa (aquí la portada), todo ello para criticar la reintroducción de la Sharia en Libia. El segundo de los atentados, el de 2015, se saldó con la muerte de 12 personas, varias de ellas de la revista. En este caso, la fuerza de la que hablo no hace uso del Estado ni de leyes que no deberían existir en primer lugar, sino que directamente se salta la ley a la torera, con la terrible consecuencia que no se contesta a la caricatura, una idea en sí, con otra idea, sino que se usa la violencia. O se incita a ella, como le sucedió al escritor Salman Rushdie tras la publicación de Los versos satánicos, por la cual el Ayatolá Jomeini emitió una fetua llamando a la ejecución del propio Rushdie y de cualquier otra persona relacionada con la publicación de dicho libro. Desgraciadamente el traductor de la novela al japonés, Hitoshi Igarashi fue asesinado, y el traductor al italiano, Ettore Capriolo, fue atacado pero, por fortuna, sobrevivió (aquí más información, en inglés). Esta intransigencia con cualquier ofensa, caricatura o mofa con su profeta -y religión- es solo peor que las ofensas que sienten los católicos por las consecuencias que tienen -muerte y amenazas-, pero el hecho en sí es exactamente igual de aterrador. Con todo, de igual modo que las denuncias contra Drag Sethlas no convierten a todos los católicos del mundo en un lastre para el progreso, los musulmanes a los que una caricatura de Mahoma les ofende y no van más allá, no suponen un lastre o peligro para la humanidad, pero aquellos que consideran que tamaña blasfemia solo puede responderse con la muerte son mayor peligro que el Obispado de Bilbao, sin lugar a dudas.

Resumiendo, para finalizar: poner trabas al humor, ya sean legales o mediante amenazas con el uso de la violencia, es poner trabas a al progreso. Este progreso ha sido posible gracias a la Ilustración, al sapere aude, a arrojar luz allá donde la oscuridad del dogmatismo y de lo sagrado impedía toda crítica. Nada debe ser lo suficientemente sagrado como para que alguien, bajo circunstancias propicias, no pueda reírse de ello. Evidentemente, la libertad del humor -libertad de expresión- tiene consecuencias, entre otras la ofensa. Pero hay que recordar que ofenderse es un privilegio que tienen algunos individuos. Y dicho privilegio no puede atentar contra los derechos más básicos que hemos conseguido gracias a la Ilustración. En caso de ofensa tienes dos alternativas: o bien entras al trapo y respondes ideas con ideas, o bien decides pasar el tema por alto y no intervenir. Exigir que se pida perdón -una teatralización absurda e innecesaria si la petición no es sincera- o, peor todavía, pretender aplicar el Código Penal o, peor incluso, incitar a, o ejercer a la violencia contra alguien está totalmente fuera de lugar. Si un chiste o caricatura te ofende y crees que deberías hacer algo de lo mencionado anteriormente, quizá deberías regresar a la oscuridad de tu cueva y dejar la vida en sociedad para aquellos que entienden las normas básicas.

*Cierto, ha habido atentados yihadistas en España, pero no puede atribuirse a una ofensa en particular hacia lo más sagrado del Islam -su profeta- como sí es el caso de Salman Rushdie y de Charlie Hebdo.

Bibliografía usada:

  • Barba, A. 2016. La risa caníbal: humor, pensamiento cínico y poder. Barcelona. Ediciones Alpha Decay.
  • Comte-Sponville, A. 2005. Diccionario filosófico. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica.

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Pedro Sánchez I el renacido

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Os engañaría si dijera que he seguido con atención y detenimiento la campaña para la Secretaría General del PSOE. De hecho, mi interés despertó, mínimamente, tras el debate que los tres candidatos tuvieron, pese a que no lo seguí en directo. Pero, pese a que despertó, se durmió pronto. Pese a la victoria de Patxi López en el debate, seguí creyendo que Susana Díaz ganaría sin problema alguno: la andaluza contaba con el apoyo de todas las figuras históricas de su partido, con el apoyo de la mayoría de barones territoriales y, sobre todo, era la única candidata que ostentaba algún puesto de relevancia.

El domingo hasta bien pasadas las ocho ni se me ocurrió consultar cómo iban las votaciones. Abrí twitter y vi un par de mensajes de periodistas  anunciando la confianza que tenían en la candidatura de Pedro Sánchez y lo desanimados que estaban en la candidatura de Susana Díaz. Ahí sí despertó mi interés. La, al menos para mi, inesperada victoria de Sánchez aclara elementos de la actual política española, y bien harían los barones del PSOE en darse cuenta. Pero la victoria de Sánchez, aunque aplastante, con más del cincuenta por ciento de apoyos, no es tan dulce como parece.

Vayamos con lo que la victoria de Sánchez aclara sobre el actual panorama político español.

Para empezar, queda claro que la decisión de abstenerse para permitir la investidura de Rajoy no fue del agrado de la militancia del partido. Los sanchistas, ganadores, coreaban ‘Sí es sí’, aludiendo al mítico ‘No es no’ de Sánchez a la investidura de Rajoy. El apoyo mayoritario a Pedro, después de haberlo defenestrado y humillado, obligándole a renunciar a su escaño y a abandonar la Secretaría General, es un toque de atención hacia las prácticas internas del partido. A la militancia parece haberle importado poco que Sánchez no cosechara buenas relaciones con el aparato del partido (de hecho, lo acusan de ser poco dialogante internamente). La irrupción de Podemos en el parlamento ha dejado claro que la izquierda española no quiere directismo desde las élites del partido; prefieren, al menos en apariencia, un partido que responda a los intereses de sus militantes.

La campaña de Díaz ha estado llena de despropósitos. No sólo era la candidata apadrinada por medios tan de izquierda como La Razón, si no que además su campaña se basaba en que a ella le gusta ganar y en que Sánchez había obtenido los peores resultados del PSOE (obviando que, aunque ganando y gobernando, en 2015 obtuvo los resultados más bajos del PSOE en el Parlamento de Andalucía). Para más inri, Zapatero dijo que si no se la votaba en Cataluña era por ser mujer y andaluza, sugiriendo una cierta misoginia y racismo por parte de los militantes del PSC. Anoche quedó claro que los militantes catalanes no son los únicos misóginos y racistas. Además, Díaz tuvo la desfachatez de presentar su programa cuatro días antes de las elecciones, cuya única explicación es que no lo creían necesario para ganar: teniendo a todo el aparato del partido detrás, incluyendo las vacas sagradas y la mayoría de barones, siendo el único rival con opciones Pedro Sánchez, al cuál daban por muerto desde hacía meses, a los militantes no les importaba el programa en absoluto. Pues bien, la realidad le ha pasado la mano por la cara a la señora Díaz.

Otro tema importante es la cuestión territorial. Pedro Sánchez ha ganado en todas las provincias a excepción de las ocho andaluzas, Huesca, Biskaia, Gipuzkoa, Cuenca, Ávila y Badajoz. En Cataluña ha arrasado con un 82% del apoyo de la militancia. Con su idea de nación de naciones, y la brillante contestación de Patxi López (aquí un post sobre nacionalismo), pareciera que Sánchez ganaría en la periferia de la peninsula, pero no conseguiría apoyos en las zonas más centrales. Queda claro, tanto con Podemos como la mitad de la miltancia socialista, que la izquierda española no es tan partidaria de la unidad centralizada. No quiero decir esto que haya apoyos a la independencia de Cataluña, ni siquiera que se vea con buenos ojos un referéndum, pero queda clara la división ideológica al respecto de la unidad centralizada de España. Mientras el centro-derecha es partidaria de la centralización (con C’s en contra del los fueros vasco y navarro), la izquierda es más partidaria de una idea descentralizada, quizás federal, entendiendo a España como una nación de naciones cuanto menos.

Pero todavía es pronto para cantar victoria. A Sánchez le vendría bien recordar que no hay que vender la piel del oso hasta que sea cazado. Su victoria no deja lugar a dudas a excusas: no sólo ha obtenido más apoyos que el resto de candidatos, si no que ha obtenido el apoyo de más de la mitad de la militancia y, además, ha ganado en casi todo el territorio. Pero el pésimo discurso de Díaz tras la derrota (lo podéis ver aquí), así como la foto, dejan claro que no se lo va a poner fácil a Sánchez. Pedro tiene la dura tarea de unificar el partido, no a la altura de la militancia, si no unos cuantos escalones más arriba. Con la mayoría de barones en contra tendrá que decidir a quienes seducir y a quienes (al menos tratar de) cambiar. Su  historial de derrotas electorales así como las malas prácticas no parece que le van a ayudar. El PSOE, para poder ser gobernado por Sánchez, debe abandonar las actuales estructuras de poder, algo que puede resultar imposible. Con un Secretario General elegido por la militancia, los órganos de contra-poder deben ser elegidos también por ellos. En pleno siglo XXI la izquierda española no está dispuesta a tolerar otra defenestración u otra puñalada cual Bruto asesinando a César (como hizo Antonio Hernando).

A todas estas dificultades se le suma un posible, aunque poco probable, adelanto electoral por parte del Partido Popular, el cual, viendo la actual situación del PSOE podría optar por terminar de hundirlos, en lo que podría ser el peor resultado obtenido por los socialistas con Pedro Sánchez a la cabeza, por tercera vez consecutiva. Por suerte, viendo la creciente suciedad popular, que emerge semana tras semana, un adelanto electoral no parece estar en el horizonte cercano.

Faltará ver cómo evoluciona la relación PSOE-Podemos. Varios dirigentes de la formación morada, anoche, felicitaron por twitter al nuevo Secretario General, recordándole la decisión que su partido tomó para permitir la investidura de Rajoy. ¿Se podemizará el PSOE, o se moderará Podemos?

Sólo me queda desearle mucha suerte a Pedro Sánchez. La necesitará para mantener su partido a flote, y sobre todo, para hacerse respetar dentro de su formación.

 


‘El círculo’ o la necesaria falta de sutileza

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Debido a que era la ‘Fiesta del Cine’ anoche fui a ver la película ‘El Círculo’, protagonizada por Emma Watson y Tom Hanks, y basada en la novela del mismo nombre. Gracias ‘Fiesta del Cine’ por rebajar durante unos días el precio de las entradas, la gente común lo agradecemos. El tráiler de la película lo podéis encontrar pinchando aquí.

Las críticas a la película (no muy buenas) las podéis encontrar aquí y aquí, y parece ser que no están muy lejos de las del libro. No pretendo hacer una crítica de la película, la cual tampoco me siento capacitado para hacer, sino reflexionar un poco sobre su contenido. Por tanto, lo que leáis a continuación puede contener spoilers.

En la película, Mae Holland, interpretada por Emma Watson, es una muchacha jóven atrapada en su trabajo de telefonista para una compañía de agua. Todo cambia el día en que su amiga le consigue una entrevista para trabajar en ‘El Círculo’, una empresa malvada, síntesis de Google, Facebook, Apple y, virtualmente, cualquier red social o empresa en internet que use tus datos para algo. Sin sorprender a nadie Mae consigue el trabajo, y es a través de ella que vemos la empresa por dentro. ‘El Círculo’ es más una secta que una empresa: a través de la red social interna para los ‘circulistas’, un algoritmo calcula tu grado de ‘sociabilidad’ en base a los eventos internos, para nada obligatorios, que la empresa organiza.

La película se centra, sobretodo, en la implementación del nuevo gadget, una cámara del tamaño de una pelota de ping-pong capaz de gravar en alta resolución y emitir vía satélite, llamada SeeChange, que el gurú de El Círculo, inspirado en Steve Jobs e interpretado por Tom Hanks, pretende que esté en todos lados: en la playa para ver desde casa si hay buenas olas para hacer surf, en las ciudades de régimenes totalitarios para poder registrar abusos a derechos humanos, etc. Es gracias a una de estas cámaras que Mae es salvada cuando decide que es buena idea robar una piragua para remar en plena bahía de San Francisco de noche y sin salvavidas.

Después del accidente el gurú de Tom Hanks y su mano derecha le proponen a Mae que lleve una cámara SeeChange modificada, más pequeña si cabe, todo el día porque, según Mae, cuando nadie nos ve cometemos errores, y los secretos nos llevan al lado oscuro. Creeréis que dicha obviedad es mi interpretación de lo sucedido, que la película es más sutil, pero lo cierto, y es nuestro principal problema como sociedad, es que no fue así. Y la obviedad no empieza con dicha conversación, sino en el mismo momento en que se presenta SeeChange. Al terminar la película me sentí ofendido por tamaña falta de sutileza, por el insulto a mi inteligencia, pero tras unos minutos me di cuenta de que lo más insultante es que a quién se le ocurrió el libro no creyera que las nuevas generaciones nos pudieramos dar cuenta de los riesgos y las vulneraciones a la intimidad a las que accedemos libremente al usar ciertas tecnologías; que el único modo de hacerlo era con un descaro insultante.

Y quizás tuviera razón: publicamos nuestro día a día en las redes sociales de un modo totalmente abierto e irresponsable que en verano, a través de los noticiarios, nos tienen que recordar que con dicha información cualquiera puede saber que hay un piso listo para ser robado. Pero estos no son los únicos riesgos: Facebook, Google y demás servicios ‘gratuitos’ viven de vender nuestros datos, que actualmente incluyen el sitio en el que hemos estado de fiesta el sábado por la noche, o al que fuimos a cenar el viernes.

Quizás una película relativamente mala y tan poco sutil sea lo que necesitamos para darnos cuenta, a nivel colectivo, de los riesgos de usar ciertas tecnologías. Quizás alguien acuse al autor del libro, al director de la película, o incluso a mi, de demonizar la tecnología, lo cuál creo que está muy alejado de la realidad. Pero, recordad que en 1984 era el Estado totalitario el que controlaba la totalidad de la información, incluyendo el pasado, el presente, e incluso lo que uno debe y puede hacer en la intimidad de su casa, mientras que ahora, de modo voluntario, estamos dando toda esa información a empresas que, cuanto menos, son opacas, y que no nos dicen qué hacen con nuestra información.


Póntelo. Pónselo. Auriculares en el metro.

Barcelona 02-04-2016.- Huelga de metro. En la foto la estación Plaça de Sants. Foto Carlos Montañes

Siguiendo un poco la estela de un par de artículos de la revista Time Out Barcelona sobre cosas que pasan en el metro (aquí y aquí), hoy voy a plasmar mi queja aquí. Mi queja no es nada habitual, pero ayer ocurrió algo distinto que me empuja a plasmarla por escrito.

El metro de Barcelona, como cualquier sistema de transporte público, es muy interesante. Miles de individuos se suben y se bajan a diario, pasan parte de su vida en habitáculos de metal que, sobre raíles, se deslizan por la madriguera de galerías subterráneas que es el suburbano. Es un sistema que permite que vayamos del punto A al punto B saltándonos los atascos que se forman en las calles apenas unos metros más arriba.

En todos los sitios donde coincide mucha gente al mismo tiempo hacen falta un mínimo de normas para garantizar el buen uso y disfrute por parte de todos. Así, en los cristales encontramos una pegatina que nos recuerda que los asientos grises están reservados para gente mayor, con dolencias físicas, con niños o embarazadas, aunque no todo el mundo lo respete. También nos recuerdan que viajar sin un título válido y fumar en todo el ámbito del metro está penado con multas, y que antes de entrar hay que dejar salir. Normas, que me permitirán, son de sentido común. Y la gente, normalmente, las cumple. Pero quizás, visto que no todo el mundo tiene la misma concepción de lo que es el civismo y la buena convivencia, habría que explicitar otras normas de sentido común.

En mi caso una de las faltas de convivencia que más me molesta es la gente que, sin preguntarnos al resto de pasajeros, asumen que queremos esuchar la misma música que ellos. Y no hablo de los músicos en el metro, que aunque también me molestan se están ganando la vida. Hablo de gente que lleva la música en el móvil, o como me tocó ayer a mi sufrir, con un equipo bastante más grande. Y aquí me da igual la música que sea. La molestia es la misma sea reguetón, rock, música clásica o villancicos.

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Esta gente, parece ser, desconoce que hay un objeto llamado auricular que mediante cables u ondas transmite la música desde el teléfono directamente al interior de la oreja, produciendo un efecto mágico por el cual ellos esuchan la música que desean y el resto no sufrimos molestia alguna. Alguno me dirá: claro, ¿y si somos varios los que queremos escuchar la misma canción? A parte de la solución obvia de reproducirla cada uno en su teléfono mediante auriculares, existen unos aparatos que permiten connectar más de un auricular en la misma salida de audio del teléfono. ¡Qué avanzada está la tecnología!

Y lo que ayer ocurrió viene a continuación. Personalmente tiendo a evitar la confrontación, más todavía cuando creo que tengo las de perder, o que la otra persona no reaccionará proporcionalmente. Pero ayer, en vista de que no era una persona con un teléfono móvil, sino tres con un boombox, les pregunté que si podrían quitar la música. La situación era ideal, porque no había demasiada gente, pero algunos de los pasajeros llevaban auriculares puestos -un ejemplo a seguir. Y pese a que el chico al cargo de la música la quitó, esto no me ahorró la confrontación dialéctica con el que parecía el líder de los tres. Por lo visto, según él, el hecho de que él pusiera música en un boombox es equiparable al ruido que hace la gente en una manifestación. Asombrosa comparación, la verdad, porque no recuerdo que el trío-sin-auriculares estuvieran reivindicando algún derecho o bien común.

Si todavía hay alguien que duda de la falta de respeto que es llevar la música sin auriculares en el metro, imaginaos que coinciden cuatro personas, cada uno con su música, en la misma hilera de asientos. ¿Qué ocurriría? Ninguno de ellos podría escuchar bien su música, y a lo mejor a alguien se le vendría a la cabeza la invención de un objeto que le permitiera a él sólo, escuchar música, sin tener que escuchar la del resto. ¡Qué suerte que dicho invento ya exista y la mayoría lo tengamos!

 


El terrorismo no existe

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Ésta es la primera imagen que aparece en Google Imágenes al buscar ‘terrorist’

Mientras esperaba a que me sirvieran un par de cafés he visto en la portada de La Vanguardia que ha habido un tiroteo en el Aeropuerto de Fort Lauderdale, en Florida. Podéis encontrar la notícia aquí. Parece ser que un militar o ex-militar, con problemas mentales, voló de Alaska a Florida, y al recoger su maleta fue al baño, montó su pistola, y empezó a disparar.

Hace unas tres semanas leía otra notícia, también relacionada con un tiroteo en los Estados Unidos: Dylann Roof, el autor del tiroteo en una iglesia Afroamericana de Charleston mientras se oficiaba el servicio religioso, era declarado culpable por delito de odio, asesinato, intento de asesinato y obstrucción de la religión.

Ambos hechos me han hecho plantearme la siguiente pregunta: si a un ciudadano de a pie le preguntaran qué es el terrorismo, y qué hay que hacer para combatirlo, ¿cuál sería su respuesta?

Mi especulación es que, seguramente, la definición de terrorismo sea vaga y genérica, apuntando a motivos religiosos o nacionalistas, incluyendo el uso de artefactos explosivos. Al respecto de qué hacer para combatirlo, seguramente se llegue a la conclusión de que hay que matarlos. Cuando uno piensa en un acto terrorista piensa en el atentado de Atocha del 11-M, en las Torres Gemelas o en los recientes ataques con camiones en Niza y Berlín. ¿Y los dos actos mencionados al principio?

Para más inri, el motivo seguramente sea que odian nuestro estilo de vida, o que quieren convertirnos al Islam. A poca gente se le pasará por la cabeza pensar en que hay motivos políticos detrás del terrorismo(además, ya vimos la reacción mediática general cuando Pablo Iglesias dijo que la cuestión de ETA era política).

Pero, ¿qué es el terrorismo?

Si acudimos a la RAE, terrorismo queda definido como: 1. Dominación por el terror 2. 3. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos. A nivel personal y académico, tras leer numerosos artículos académicos sobre terrorismo, la definición de la RAE me parece un poco pobre. Es funcional para dar una cierta idea general, pero no es hasta el final de la tercera acepción que menciona una finalidad. Una finalidad que, además, es política.

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La guillotina, herramienta revolucionaria de la Terreur.

El término terrorismo surge con Maximilien de Robespierre, quién impuso el Terror en la Francia Revolucionaria. El objetivo de la Terreur era purgar las resistencias reaccionarias a los cambios promovidos por la revolución. Como tal, la Terreur tenía una connotación positiva, parecido a la extirpación de un cáncer. Tras la restauración Borbónica, tanto en Francia como en el resto del mundo el término terrorismo pasó a adquirir connotaciones negativas, de tiranía y abuso de poder. No es hasta mediados del siglo XIX, con el socialista Pisacane y también con los anarquistas anti-zaristas rusos, que el terrorismo vuelve a tener una connotación positiva: para éstos la violencia era necesaria para informar y educar a las masas y, finalmente, ponerlas al servicio de la revolución. El terrorismo era la propaganda por el hecho: tirar una piedra o matar a un aristócrata era más efectivo que escribir un manifesto. Con los totalitarismos del siglo XX terrorismo vuelve a tener una connotación de abuso de poder, y a partir de los años sesenta, con los movimientos de liberación nacional en las colonias, empezó a cuestionarse hasta qué punto alguien que usaba las armas por una causa era un terrorista: lo que para uno es un terrorista para otro es un luchador por la libertad. En este breve repaso histórico del terrorismo me falta la connotación actual del terrorismo: gente que quiere destruir nuestro estilo de vida.

Por el título os estaréis preguntando, a estas alturas, porqué afirmo que el terrorismo no existe. Hemos visto que no tenemos una noción clara de qué es el terrorismo. A nivel legal, cada Estado y dentro de cada Estado las distintas agencias de policía e inteligencia definen el terrorismo de modo diferente. Lo que según en un Estado es un acto terrorista, a pocos kilómetros de la frontera deja de serlo. Además, entre los académicos expertos en terrorismo tampoco hay consenso al respecto de qué constituye el terrorismo. Al máximo consenso que se llega es que hay una motivación ideológica o política detrás de los atentados o de la raison d’être de la organización. Ésta parece ser la diferencia entre el crimen organizado y el terrorismo.

Dicho de otro modo, un acto terrorista es un acto violento con una motivación política. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre una protesta que se va de las manos y un atentado terrorista? ¿Qué diferencia hay entre tirotear a un grupo de Afroamericanos por ser Afroamericanos, en un lugar de culto, y ejecutar a un párroco católico, por ser católico?

Si, según Clausewitz, la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios, entonces, siguiendo la misma lógica, el terrorismo no deja de ser un movimiento político por otros medios. El terrorismo no existe, es violencia política.


26J, ¿Qué ha pasado?

Es lunes 27 de junio y algunos nos fuimos a dormir tarde. El motivo es por todos bien sabido: ayer se celebraron las elecciones generales, las primeras en ser repetidas en la historia democrática de España. Estas elecciones se han producido en un contexto peculiar. Tras las últimas elecciones, el 20 de diciembre, ningún partido consiguió apoyos suficientes para ganar una votación de investidura. Tras estos nuevos comicios la situación no parece haber mejorado mucho.

¿Por qué se han producido estas nuevas elecciones?

En las anteriores elecciones el parlamento quedó con la siguiente distribución de escaños:

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Con dicha configuración era difícil conseguir apoyos para una investidura, pero no imposible. El partido que quiera formar gobierno debe presentarse a una sesión de investidura y conseguir una mayoría absoluta de votos a favor en primera votación, o mayoría simple en segunda votación. La suma de fuerzas más fácil era PP + PSOE, que tendrían una mayoría de 213 diputados, más que suficientes para una investidura y para gobernar, pero tras cuatro años de mayoría absoluta del PP durante los cuales a duras penas han admitido enmiendas a sus proyectos de leyes, el PSOE no quería pactar con PP. Además, el pacto PP + PSOE sería visto por la militancia del PSOE como una traición, con lo cual para las siguientes elecciones era probable que sus votantes se fueran a otras opciones de izquierda (Podemos). C’s intentó hacer de bisagra, creyéndose que podría hacer de intermediario, pero al final no se intentó dicha coalición tripartita. Lo que sí intento Pedro Sánchez fue una coalición con Podemos y C’s, pero tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias dejaron claro que no entrarían en un gobierno o no darían apoyo a un gobierno en el cual el otro estuviera. Por último, Pablo Iglesias proponía una coalición PSOE + Podemos, contando con la abstención de los partidos independentistas (ERC + DiL) con tal de conseguir una investidura en segunda votación. Pero esta propuesta de coalición contenía una línea roja por parte del sr. Iglesias que era el referéndum sobre la independencia de Cataluña, un aro por el cual Pedro Sánchez no estaba dispuesto a pasar. En su momento me pareció que era una táctica de Podemos para forzar unas nuevas elecciones en las que ellos podrían obtener más diputados, posiblemente sobrepasando al PSOE y así poder negociar desde una mejor posición. Creo que los acontecimientos han demostrado que estaba en lo cierto, pese a que el tiro le ha salido por la culata a Pablo Iglesias.

26J, ¿Qué ha pasado?

Estos nuevos comicios se han caracterizado por ser la primera vez en la historia democrática de España en que se han tenido que repetir elecciones porqué ninguna fuerza política ha conseguido votos suficientes en la sesión de investidura para formar un gobierno. Como ha sido una repetición de las anteriores elecciones, y como éstas han sido provocadas por Podemos, el partido de Pablo Iglesias ha estado desde el 21 de diciembre en campaña electoral, igual que el resto de partidos. Pero no todos han sabido sacar el máximo provecho de esta extraordinariamente larga campaña electoral. Vistos los resultados, el ganador claro es el PP de Mariano Rajoy, y los perdedores el PSOE, C’s y en menos medida, Unidos Podemos, la coalición de Podemos con Izquierda Unida.

La configuración del nuevo Congreso de los Diputados queda tal que así:

  • PP: 137
  • PSOE: 85
  • Unidos Podemos: 71
  • C’s: 32
  • ERC: 9
  • CDC: 8
  • PNV: 5
  • EH-Bildu: 2
  • CC: 1

La participación en estos comicios ha sido baja (69,84%), cerca del mínimo histórico de participación (68,04%). Las anteriores estuvieron cerca de la media de participación en las elecciones generales en España (alrededor del 73%). Entre politólogos suele considerarse que en España hay una participación baja. Todavía es pronto para saber cual ha sido el motivo para la bajada de la participación, pero seguramente sea una combinación de fin de semana largo (en Cataluña el viernes fue festivo), tiempo estival y hastío por la repetición de elecciones.

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A lo largo de esta campaña hemos visto como Pablo Iglesias se ha moderado, pasando de ser un comunista -aunque desde Podemos siempre han dicho que el partido es transversal, “un partido de los de abajo”- a ser un socialdemócrata. La unión con Izquierda Unida no ha mejorado los resultados electorales tal como se esperaba, y el famoso ‘sorpasso’ no ha tenido lugar. Quizás esta moderación de Pablo Iglesias le ha hecho perder votos.

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El PSOE, con el Secretario General con el cual habían conseguido los peores resultados de su historia (90) ha conseguido el más difícil todavía, y ha rebajado el numero de diputados de su partido hasta los 85. En porcentaje de voto, eso sí, ha obtenido unas cifras muy parecidas a las de Unidos Podemos, pese a que estos hayan sacado 14 diputados menos, todo ello gracias al sistema electoral por provincias y no tanto al Sistema d’Hondt. Aún así, los resultados son relativamente buenos para Pedro Sánchez, pues el Partido Socialista (20 diputados) en Andalucía ha sacado peores resultados que el PP (diputados) en ésa misma comunidad, con lo cual frena las aspiraciones de Susana Díaz, permitiendo así que Pedro Sánchez siga como secretario general del PSOE.

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C’s, que en las primeras elecciones generales a las que se había presentado (en 2015) había conseguido 40 diputados (también perjudicado por el sistema electoral por provincias), ha visto su número de diputados rebajados hasta los 32. Seguramente un resultado más ajustado a la realidad, puesto que, a mi entender, C’s no tiene mucha cabida en el panorama político español (es un híbrido entre el ala moderada del PP y el ala más liberal/derecha del PSOE).

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El PP ha sido el gran ganador. Obteniendo 137 diputados, seguramente se ha beneficiado de una menor participación electoral, al mismo tiempo que ha recuperado parte del voto prestado que obtuvo C’s. Tiene mucho mérito -o quizás más que mérito del PP es demérito de los Españoles como tal- mejorar resultados respecto a las anteriores elecciones, sobre todo cuando se viene de una legislatura con recortes en Sanidad y Educación, numerosos casos (aislados, según el PP) de corrupción afectando a gente importante del partido -Bárcenas, Rita Barbera, Camps, etc.- y ya durante la campaña electoral, el escándalo de las grabaciones entre Jorge Fernández Díaz y De Alfonso (aunque quizás este último elemento les ha ayudado a obtener votos fuera de Cataluña).

Con todo, la campaña electoral oficial ha sido bastante descafeinada, con algunos momentos bastante cómicos, como el primer spot electoral del PP o los susurros de Pablo Iglesias a Sánchez.

¿Y ahora qué?

El futuro es incierto, pese a que Rajoy es quién mejor colocado está para ganar, siendo él el candidato del único partido que mejora resultados. Una de las opciones más probables para conseguir una votación de investidura favorable sería PP + C’s con la abstención de PSOE, pese a que Albert Rivera y Pedro Sánchez dijeran en campaña que no harían presidente a Rajoy ni por activa ni por pasiva. Hoy Rivera ya no era tan contundente respecto al rema, y falta ver qué pueden ofrecer al PSOE a cambio de su abstención. Otra posibilidad, aunque la gobernabilidad sería prácticamente imposible, sería un gobierno de coalición PSOE + Podemos, posible con la abstención de C’s y algún partido nacionalista.

Con todo, lo más probable es que sea una legislatura relativamente corta y bastante complicada, en la que el partido que dé apoyo al PP no mejorará resultados en las siguientes elecciones, sean cuando sean. El PSOE de Pedro Sánchez debe decidir si, una vez dejada fuera de juego Susana Díaz (aunque sea temporalmente), quiere quedar relegado a ser un partido pequeño, habiendo ayudado al PP, o si prefiere, en cambio, intentar gobernar con Podemos, con la posibilidad de terminar también peor de lo que ya están. Sea como sea, las siguientes semanas van a ser muy interesantes, y probablemente nos llevemos más de una sorpresa.


Breves pensamientos sobre la masacre de Orlando

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Después de un tiempo de inactividad por motivos académicos y lejanía -física pero también mental- con la actualidad del país, un evento mayor me da el impulso que me hacía falta para volver a escribir por aquí. Lamentablemente el evento no es nada bueno, nada que celebrar. Hablo, por supuesto, de la masacre homófoba en la discoteca Pulse de Orlando. No he hecho un seguimiento exhaustivo de la desgracia, pero en la radio esta mañana he escuchado algunas cosas que me gustaría comentar.

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Primero de todo procedo a resumir los hechos con la máxima brevedad de la que soy capaz. En la noche del sábado pasado, sobre las dos de la madrugada, en Orlando, Omar Mateen, ciudadano norteamericano de nacimiento, hijo de familia Afgana, entraba en el club Pulse, una discoteca gay, y empezaba a disparar. Al poco de empezar la masacre, el mismo Omar llamaba al 911 jurando lealtad a Estado Islámico. El asaltante compró dos armas de modo totalmente legal recientemente, aunque no se sabe si fueron utilizadas para la masacre. Además, poseía licencia de armas y de guardia de seguridad. Era empleado de G4S, una de las principales empresas de seguridad privada. Sobre las cinco de la madrugada un equipo SWAT abatía a Omar. El resultado han sido cincuenta víctimas mortales, incluyendo el mismo asaltante, y otra cincuentena de heridos entre gente que estaba en la discoteca y algún policía. Horas más tarde Estado Islámico reivindicaba la masacre como un ataque cometido por la organización.

Como ya he comentado al principio, en la radio he escuchado algunas cosas que me gustaría comentar. Siendo lunes, era de esperar escuchar a Pilar Rahola en El món a Rac1. Rahola ha comentado en la radio que si el Estado Islámico no diera alas a la épica a través de las redes sociales, gente como Omar Mateen no hubiera actuado del modo en que lo han hecho. Pese a que es cierto que organizaciones fundamentalistas justifican la violencia y a veces (parece ser que la radicalización ya no se da tanto en escuelas islámicas o mezquitas, sino a través de las redes mediante contacto con otra gente radicalizada; también se habla de auto-radicalización: no hace falta que haya un maestro, sino que el contenido en la red ya da para que uno termine justificando la violencia y, en algunos casos, participar de actos violentos) participan activamente en la radicalización, éstas no son el principal problema. Si hay individuos que caen en estas redes es porqué las otras instituciones que suelen dar significado a la vida han fallado. El problema no es tanto que EI de alas con su épica a que jóvenes se radicalicen y cometan atrocidades como esta, sino que a las instituciones que tradicionalmente daban sentido a la vida de los jóvenes cada vez les cuesta más dar sentido a un particular grupo de población. Esta cuestión se ha abordado desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, Huntington en su ‘Clash of Civilizations’ alertaba que, debido a la caída del muro de Berlín y a la falta de alternativas convincentes a la democracia y los postulados liberales, la gente en países del tercer mundo, en especial en el Norte de África y en Oriente Medio, viraría hacia la religión con más fervor*. Aunque es fácil decirlo, parece no serlo tanto implementarlo. Evidentemente ni yo tengo suficiente conocimiento, ni este es un espacio adecuado para desarrollar la materia, pero la idea queda bastante clara.

Otro aspecto a tener en cuenta es que a Omar no se le conocen afiliaciones a organizaciones -no ha sido hasta que ha llamado al 911 que ha jurado lealtad a EI, y éste se ha enterado por las noticias de lo sucedido- ni demasiados contactos con otros yihadistas u otra gente radicalizada. Es lo que en la prensa llaman ‘lobo solitario’ y que suponen un reto considerable para los servicios de inteligencia. Es muy difícil detectar a esta gente antes de que cometan dichas atrocidades. Gente operando por su cuenta, sin vinculación directa con ninguna organización puede hacer mucho daño, sobre todo atentando contra ‘soft targets’ (objetivos blandos), para los que no necesitan mucha logística, materiales, ni entrenamiento ni conocimientos previos.

Un elemento a destacar es que fuera un trabajador de la empresa de seguridad G4S, la cual tiene una rama especializada en inteligencia. Es alarmante que habiendo sido éste hombre sospechoso de ser yihadista e investigado por el FBI, G4S no lo supiera, o no hubiera tomado medidas al respecto.

También me gustaría hacer mención a la frecuente confusión de Estado Islámico, yihadistas y Talibán. Pese a que los primeros y los últimos son organizaciones fundamentalistas, no son organizaciones comparables y, de hecho, luchan entre sí. Vincular la masacre, reivindicada por Estado Islámico, con palabras del padre del asaltante en apoyo a los Talibán es un acto de peligrosa ignorancia. Hay que tener claro en todo momento que Estado Islámico es una de muchas organizaciones fundamentalistas, pero que no todas ellas son iguales. No comparten métodos y no comparten objetivos. Estado Islámico, no me cansaré de decirlo, es una organización cuyo principal objetivo es establecer un estado-nación acorde con los preceptos de Mahoma, un califato, pero de un modo más pragmático que Al-Qaeda, organización que esperaba que, mediante la debilitación de Occidente, de repente se produciría el llamado califato universal. El Estado Islámico se ha basado principalmente en Siria e Iraq, recientemente se ha aprovechado de la situación en Libia para implementarse en el norte de África, y ha empezado a atentar -y reivindicar atentados que células independientes o individuos por su cuenta cometen- cuando han empezado a sufrir derrotas en Iraq y Siria.

La última cosa que me gustaría comentar es respecto a la Guerra Contra el Terrorismo y también de la conocida laxitud de Estados Unidas respecto a la posesión de armas de fuego. Respecto a lo primero,  es de esperar que si empiezas a utilizar tácticas de guerra (así como una policía cada vez más militarizada) para luchar contra el terrorismo, éste utilizará unas tácticas similares. Pese a que cada vez se mezclan más las funciones de un cuerpo y otro, el anti-terrorismo ha sido tradicionalmente parte de la policía y los servicios de inteligencia, no tanto del ejército. Respecto a lo segundo, creo que en este caso el fácil acceso a las armas es secundario. Aún así, nunca entenderé el porqué uno puede, legalmente, comprar armamento de calibre militar o armas automáticas.


*Deseo dejar claro que no tomo las palabras o pensamientos de Huntington como certeros. De hecho, no estoy de acuerdo con sus tesis, pero no deja de ser cierto que él ya avisaba de posibles razones para un giro hacia lo religioso, cuando a lo largo del siglo XX el tema fue principalmente ideológico.


22M – Bruselas

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Ayer por la mañana amanecí con varias notificaciones en el móvil, algo totalmente normal. En la parte superior de la pantalla un icono circular, blanco, con un teléfono dentro, me avisaba de varios mensajes. Al ser época de exámenes, en los varios grupos con compañeros del máster, lo normal es encontrarse mensajes quejándose del estudio, de lo bien o mal que van, pero ayer el primer mensaje que vi decía que había habido una explosión en el aeropuerto de Bruselas. Otra compañera preguntaba si teníamos amigos o conocidos en Bruselas, que si estaban bien. En el aeropuerto hubo dos explosiones, aunque, parece ser, podría haber habido una tercera -el terrorista se lo pensó mejor, o el dispositivo le falló, quién sabe. Una hora después hubo una tercera explosión en un convoy de metro que estaba saliendo de la parada de metro de Maelbeek, al lado de las instituciones europeas en Bruselas.

Desde los atentados en París el pasado noviembre hasta los de ayer en Bruselas han transcurrido 130 días. Parece que fuera ayer. Han transcurrido 62 días desde que Tehrik-i-Taliban Pakistan matara a 22 estudiantes universitarios en el norte de Pakistán. Tan sólo 3 desde el último atentado en Turquía a manos de Estado Islámico. Uno desde el último ataque suicida en Iraq, también a manos de Estado Islámico. Cada día muere gente a manos de terroristas islamistas, pero sólo nos escandalizamos cuando sucede cerca de nosotros, y es comprensible: por alguna razón simpatizamos más con un desconocido de nuestra misma ciudad que con un desconocido de otro país, lo mismo sucede con ciudadanos de otros países con los que compartimos o creemos compartir cultura, frente con otros a los que vemos siempre como ajenos, como otros.

Es evidente que los perpetradores de semejantes actos merecen nuestro odio. Pero no nos equivoquemos: no todos los musulmanes cometen dichos actos, ni tan siquiera los apoyan. Normalmente ellos suelen sufrir los ataques en sus propias carnes y, además, el odio injustificado de parte de nuestras sociedades cuando los ataques en vez de ser contra ellos son contra nosotros. Para mi está muy claro que contra Estado Islámico y sus filiales (como Boko-Haram) la principal solución es una ofensiva militar -no son una organización terrorista al uso, no quieren ni son capaces de negociar, actúan como un ejército, y además, en Nigeria por parte de los países de la zona y en Síria por parte de las milicias kurdas la acción militar está siendo efectiva en acorralarlos y limitar sus acciones – pero también hay que hacer mucha pedagogía, tanto aquí en casa como en los territorios donde están asentados y pueden conseguir adeptos.

Pedagogía en casa para no odiar, ni desconfiar, ni tan si quiera cambiarnos de acera o bajarnos del metro o del autobús cuando vemos a un musulmán -o a alguien que solemos asociar con dicha religión, estemos acertados o no. Pero también hay que hacer mucha pedagogía en Síria, en Iraq, en Libia, en Afganistán y allí donde estén, para que la gente deje de unirse a estas facciones. Seguro tampoco ayudan las numerosas intervenciones de países occidentales en Oriente Próximo que históricamente no se han realizado, precisamente, para ayudar a las gentes del lugar. Pero esto no es motivo para dejar de intentarlo. Cada vez que alguien como Donald Trump dice que quiere re-instaurar métodos de tortura como el ‘water-boarding’, o cada vez que aceptamos la normalización de medidas de seguridad extraordinarias, incluyendo la clasificación de sospechoso tan sólo por su aspecto, lengua o religión, lo que estamos haciendo es fabricar fundamentalistas religiosos que no dudarán en inscribirse en las filas de organizaciones como Estado Islámico y perpetrar matanzas que nos horrorizan.

Ya no podemos hacer nada para evitar que las víctimas de Bruselas, Estambul, Pakistán o Nigeria mueran. Pero podemos hacer muchas cosas para que cada vez menos gente quiera unirse a estos canallas, por ejemplo, no odiar a la gente equivocada y, sobretodo, no discriminar. Donald Trump, Marine Le Pen o el movimiento Pegida, entre otros, no hacen más que echar leña al fuego. No seamos como ellos.


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