Cuatro líneas sobre Salvados, Rekarte e Iglesias.

Hace poco se ha emitido un más que seguro polémico capítulo de Salvados (ver aquí), el programa de documentales y entrevistas dirigido por Jordi Évole, y tengo la necesidad de compartir ciertas opiniones.

No es la primera vez que Évole hace un capítulo con polémica, me estoy acordando de ‘Operación Palace’, emitido el 23 de Febrero del año pasado, pero también me acuerdo de ‘Borrando a ETA’. Por desgracia, ETA ha sido un asunto muy importante de la historia reciente española, incluyendo episodios de guerra sucia, atentados con coches bomba, tiroteos, secuestros y ejecuciones así como también torturas y vulneraciones de la convención europea de derechos humanos (esta última aquí).

Cada vez que oigo la palabra ETA me acuerdo de la polémica que generó el que Pablo Iglesias dijera que la violencia de ETA tiene explicaciones políticas (aquí en El Mundo). Y es que, como en cualquier conflicto terrorista, las motivaciones son políticas. Decir esto no quiere decir que dichas motivaciones legitimen la violencia, es simplemente reconocer la realidad. Cada vez que un etarra armaba un coche bomba, secuestraba a alguien o tiraba del gatillo de su arma, no lo hacía por el placer de matar, en cuyo caso estaríamos tratando con una banda de homicidas sádicos, lo hacían porqué creían que, así, luchaban por liberar al País Vasco. Las siglas de la organización nos ayudan a entender esto: Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad, según Wikipedia, en la cual deposito mi confianza debido a mi total falta de conocimiento de la lengua vasca).

Además, como bien os habréis fijado los que habéis visto el programa, Rekarte hace varias referencias a la guerra. Habla de que la lógica que imperaban sus actos era la de guerra, la del enemigo, y es que esto es lo que sucede cuando un conflicto escala, que se empieza a utilizar la violencia, y llega un punto en el que lo único que deseas es eliminar al otro. Por suerte ETA anunció su abandono de la violencia en otoño de 2011 y, de momento, cumple su palabra. Pero el conflicto aún está por resolver. Recordemos que no mataban por placer, sino para conseguir unos objetivos políticos. Entre estos objetivos se encuentra el de la independencia de Euskal Herria, objetivo defendido política y pacíficamente por otras organizaciones que mucha gente se empeña en equiparar a ETA.

Con esto me gustaría dejar claras dos cosas. La primera: que alguien mate por una idea no quiere decir que dicha idea sea mala. ETA mataba por la independencia del País Vasco, pero lo erróneo era matar, no la independencia vasca. La segunda: allá dónde hay terrorismo, nada es tan sencillo como parece y, normalmente, hay explicaciones políticas, por mucho que duelan. Aquí hemos tenido a ETA, pero en Irlanda del Norte tuvieron al IRA y sus múltiples escisiones, matando por la unificación de Irlanda alejada del dominio británico.

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