Pedro Sánchez I el renacido

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Os engañaría si dijera que he seguido con atención y detenimiento la campaña para la Secretaría General del PSOE. De hecho, mi interés despertó, mínimamente, tras el debate que los tres candidatos tuvieron, pese a que no lo seguí en directo. Pero, pese a que despertó, se durmió pronto. Pese a la victoria de Patxi López en el debate, seguí creyendo que Susana Díaz ganaría sin problema alguno: la andaluza contaba con el apoyo de todas las figuras históricas de su partido, con el apoyo de la mayoría de barones territoriales y, sobre todo, era la única candidata que ostentaba algún puesto de relevancia.

El domingo hasta bien pasadas las ocho ni se me ocurrió consultar cómo iban las votaciones. Abrí twitter y vi un par de mensajes de periodistas  anunciando la confianza que tenían en la candidatura de Pedro Sánchez y lo desanimados que estaban en la candidatura de Susana Díaz. Ahí sí despertó mi interés. La, al menos para mi, inesperada victoria de Sánchez aclara elementos de la actual política española, y bien harían los barones del PSOE en darse cuenta. Pero la victoria de Sánchez, aunque aplastante, con más del cincuenta por ciento de apoyos, no es tan dulce como parece.

Vayamos con lo que la victoria de Sánchez aclara sobre el actual panorama político español.

Para empezar, queda claro que la decisión de abstenerse para permitir la investidura de Rajoy no fue del agrado de la militancia del partido. Los sanchistas, ganadores, coreaban ‘Sí es sí’, aludiendo al mítico ‘No es no’ de Sánchez a la investidura de Rajoy. El apoyo mayoritario a Pedro, después de haberlo defenestrado y humillado, obligándole a renunciar a su escaño y a abandonar la Secretaría General, es un toque de atención hacia las prácticas internas del partido. A la militancia parece haberle importado poco que Sánchez no cosechara buenas relaciones con el aparato del partido (de hecho, lo acusan de ser poco dialogante internamente). La irrupción de Podemos en el parlamento ha dejado claro que la izquierda española no quiere directismo desde las élites del partido; prefieren, al menos en apariencia, un partido que responda a los intereses de sus militantes.

La campaña de Díaz ha estado llena de despropósitos. No sólo era la candidata apadrinada por medios tan de izquierda como La Razón, si no que además su campaña se basaba en que a ella le gusta ganar y en que Sánchez había obtenido los peores resultados del PSOE (obviando que, aunque ganando y gobernando, en 2015 obtuvo los resultados más bajos del PSOE en el Parlamento de Andalucía). Para más inri, Zapatero dijo que si no se la votaba en Cataluña era por ser mujer y andaluza, sugiriendo una cierta misoginia y racismo por parte de los militantes del PSC. Anoche quedó claro que los militantes catalanes no son los únicos misóginos y racistas. Además, Díaz tuvo la desfachatez de presentar su programa cuatro días antes de las elecciones, cuya única explicación es que no lo creían necesario para ganar: teniendo a todo el aparato del partido detrás, incluyendo las vacas sagradas y la mayoría de barones, siendo el único rival con opciones Pedro Sánchez, al cuál daban por muerto desde hacía meses, a los militantes no les importaba el programa en absoluto. Pues bien, la realidad le ha pasado la mano por la cara a la señora Díaz.

Otro tema importante es la cuestión territorial. Pedro Sánchez ha ganado en todas las provincias a excepción de las ocho andaluzas, Huesca, Biskaia, Gipuzkoa, Cuenca, Ávila y Badajoz. En Cataluña ha arrasado con un 82% del apoyo de la militancia. Con su idea de nación de naciones, y la brillante contestación de Patxi López (aquí un post sobre nacionalismo), pareciera que Sánchez ganaría en la periferia de la peninsula, pero no conseguiría apoyos en las zonas más centrales. Queda claro, tanto con Podemos como la mitad de la miltancia socialista, que la izquierda española no es tan partidaria de la unidad centralizada. No quiero decir esto que haya apoyos a la independencia de Cataluña, ni siquiera que se vea con buenos ojos un referéndum, pero queda clara la división ideológica al respecto de la unidad centralizada de España. Mientras el centro-derecha es partidaria de la centralización (con C’s en contra del los fueros vasco y navarro), la izquierda es más partidaria de una idea descentralizada, quizás federal, entendiendo a España como una nación de naciones cuanto menos.

Pero todavía es pronto para cantar victoria. A Sánchez le vendría bien recordar que no hay que vender la piel del oso hasta que sea cazado. Su victoria no deja lugar a dudas a excusas: no sólo ha obtenido más apoyos que el resto de candidatos, si no que ha obtenido el apoyo de más de la mitad de la militancia y, además, ha ganado en casi todo el territorio. Pero el pésimo discurso de Díaz tras la derrota (lo podéis ver aquí), así como la foto, dejan claro que no se lo va a poner fácil a Sánchez. Pedro tiene la dura tarea de unificar el partido, no a la altura de la militancia, si no unos cuantos escalones más arriba. Con la mayoría de barones en contra tendrá que decidir a quienes seducir y a quienes (al menos tratar de) cambiar. Su  historial de derrotas electorales así como las malas prácticas no parece que le van a ayudar. El PSOE, para poder ser gobernado por Sánchez, debe abandonar las actuales estructuras de poder, algo que puede resultar imposible. Con un Secretario General elegido por la militancia, los órganos de contra-poder deben ser elegidos también por ellos. En pleno siglo XXI la izquierda española no está dispuesta a tolerar otra defenestración u otra puñalada cual Bruto asesinando a César (como hizo Antonio Hernando).

A todas estas dificultades se le suma un posible, aunque poco probable, adelanto electoral por parte del Partido Popular, el cual, viendo la actual situación del PSOE podría optar por terminar de hundirlos, en lo que podría ser el peor resultado obtenido por los socialistas con Pedro Sánchez a la cabeza, por tercera vez consecutiva. Por suerte, viendo la creciente suciedad popular, que emerge semana tras semana, un adelanto electoral no parece estar en el horizonte cercano.

Faltará ver cómo evoluciona la relación PSOE-Podemos. Varios dirigentes de la formación morada, anoche, felicitaron por twitter al nuevo Secretario General, recordándole la decisión que su partido tomó para permitir la investidura de Rajoy. ¿Se podemizará el PSOE, o se moderará Podemos?

Sólo me queda desearle mucha suerte a Pedro Sánchez. La necesitará para mantener su partido a flote, y sobre todo, para hacerse respetar dentro de su formación.

 



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