Cataluña, 1 de octubre.

lhoth2yze6_lqymu6n5jfzxlrdcgbmwhAyer fue 1 de octubre, a priori una fecha sin demasiada importancia, pero en la que había convocado un referéndum de autodeterminación en Cataluña. El referéndum fue convocado mediante la aprobación de una ley en el Parlament a principios de septiembre con mucha polémica. No comentaré demasiado lo ocurrido entonces, pero sí quiero dejar claro que la legalidad por si sola tiene poca importancia en democracia, lo importante es la legitimidad. Desde entonces, el Gobierno de Mariano Rajoy, su partido, así como el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos, han negado que vaya a haber referéndum alguno, entre otros motivos por ser ilegal (sic), por dinamitar la soberanía nacional e ir en contra de la (sacrosanta) unidad de la nación española.

Pese a ser negado, el referéndum ocurrió. O al menos lo más parecido posible que las circunstancias permitieron. Moncloa llevaba desde la semana anterior presumiendo de estar impidiendo logísticamente el referéndum, ya fuera por la incautación de papeletas, o por la detención de altos cargos del ejecutivo catalán encargados de organizar el referéndum. Vendieron la incautación de diez millones de papeletas como el golpe definitivo al referéndum, siendo poco conscientes de lo fácil que es volver a imprimir varios millones. Pese a buscarlas con mucho esmero, ni la Benemérita ni la Policía Nacional pudieron encontrar las urnas, dejándonos escenas graciosísimas si no fuera por la gravedad de lo que estaban intentando. Entre tanto, hemos encontrado un nuevo mote para la Guardia Civil. Ya no solo son picoletos, ahora son también piolines.

A las detenciones, que ya empezaron a resonar en prensa internacional, mayormente criticando la acción del ejecutivo de Mariano Rajoy, hay que sumarle el ridículo de los piolines y la Policia Nacional en el intento de incautar papeletas y urnas y, no solo eso, sino también las vergonzantes cargas policiales que ocurrieron ayer en diferentes puntos del territorio. Una buenísima operación de imagen para el Gobierno español y sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que, por otra parte, ejercen una importantísima labor en la lucha anti-terrorista así como en misiones humanitarias por el resto del mundo. Las buenas gentes de cataluña, españoles todos, de momento, no se merecían el trato que recibieron por parte de los dos cuerpos de policía españoles. Pero más importante aún, los mismos cuerpos no merecían dicha imagen. Costó mucho que, tras la dictadura, el ejército y la Guardia Civil recuperaran una imagen respetable y democrática -siempre con excepciones- que ahora mismo han tirado por la borda, al menos de cara a catalanes y el resto del mundo. Seguro que los que jalearon a la Guardia Civil en Huelva, Córdoba y Castellón al son de ‘a por ellos’ deseaban que hicieran esto, e incluso mucho más, pero estas acciones pasarán factura.

El 1 de octubre es una fecha sin demasiada importancia, hasta ahora. El 1 de octubre entra por la puerta grande en la historia nacional de Cataluña. En esta tierra tenemos la mala costumbre de conmemorar derrotas (el 11 de septiembre, sin ir más lejos), pero el 1 de octubre no va a quedar solo como un día de una represión espeluznante. El 1 de octubre tiene un importante componente positivo para los catalanes. El 1 de octubre se constató que el Estado español no es capaz, con el mayor despliegue policial en Cataluña, de controlar el territorio. Un operativo que ha costado, según El Español, más de 31 millones de euros no ha conseguido impedir la presencia de urnas. Un operativo diseñado para atemorizar a los votantes, independentistas o no, no ha sido capaz de impedir que la gente se acercara a los colegios electorales, con dificultad, eso sí, y diposite un temible trozo de papel impreso en una temible urna de plástico.

Y si un Estado no es capaz de controlar su territorio, apreciados lectores y lectoras, ese Estado no es capaz de ejercer su soberanía. El 1 de octubre ha demostrado que para poner en jaque al Estado no hace falta ejército alguno. No hace falta ningún arma. Tan solo hace falta llevarlo hasta los límites de lo aceptable y de lo democrático. Y lo mejor de todo es que han sido ciudadanos de a pie, aquella gente común con la heroicidad de lo diario, la que ha movido la ficha que ha puesto en jaque al Estado español.

Los catalanes son conocidos por la dualidad del ‘seny i la rauxa’, la sensatez y buen juicio por una parte, y la impulsividad caprichosa. Cataluña, como toda nación que se precie, tiene características que pueden parecer contradictorias, y puede tenerlas debido a su pluralidad y su diversidad. El 1 de octubre Cataluña ha demostrado que es realmente bonita, no por la belleza de sus paisajes sino por el compromiso de sus gentes, por el saber hacer y la tranquilidad y serenidad demostrada ante injustificados e ilegítimos ataques policiales. Pero ha demostrado ser también rebelde, conservando una dosis importante de orden. Podríamos decir que ha sido ordenadamente revolucionaria. La Cataluña burguesa y de bien junto a la Cataluña más rebelde y ácrata, cogidas de la mano, aguantando estoicamente, demostrando que quién recurre a la violencia es porque en realidad no tiene mayor argumento. Hanna Arendt decía que la violencia no es símbolo de poder, sino de autoridad. Cuando uno debe imponer su autoridad es porque, en realidad, carece de todo poder.

Pero Cataluña, tanto la rebelde como la burguesa, tiene memoria. Buena memoria. Si bien el 1 de octubre entra por la puerta grande en la historia nacional como el día en que se demostró que el Estado central no es capaz de manetenr e imponer su soberanía, en todo el territorio, pero especialmente en el sur, el día se recordará como ‘los hechos del Montsià’ en el que la Guardia Civil fue pueblo por pueblo, cargando porra en mano contra el gentío que no hacía nada más que estar. Otras víctimas de la acción policial perdurarán en nuestra memoria largo tiempo, como por ejemplo la mujer a la que partieron los dedos de la mano uno a uno y agredieron sexualmente, seguramente para causar el terror en el resto de votantes.

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Para terminar, me gustaría tener un especial recuerdo a toda aquella gente que a lo largo y ancho del Estado español salió a las plazas a protestar contra la actuación policial y del ejecutivo central, así como para mostrar solidaridad con Cataluña. Y no solo a los que salieron a las plazas, también aquellos que, ya sea por miedo o por pereza, mostraron el mismo apoyo en redes sociales. A todos vosotros: gracias. Por contra, a los que justificáis la acción policial de ayer, la blanqueáis o, directamente la negáis, no tendréis nada de mi. Ni siquiera mi odio. A vosotros mi total indiferencia. Si no tengo más remedio que vivir con vosotros, como así creo que será pase lo que pase en las próximas horas, haré todo lo posible por no tener nada que ver con vosotros.

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26J, ¿Qué ha pasado?

Es lunes 27 de junio y algunos nos fuimos a dormir tarde. El motivo es por todos bien sabido: ayer se celebraron las elecciones generales, las primeras en ser repetidas en la historia democrática de España. Estas elecciones se han producido en un contexto peculiar. Tras las últimas elecciones, el 20 de diciembre, ningún partido consiguió apoyos suficientes para ganar una votación de investidura. Tras estos nuevos comicios la situación no parece haber mejorado mucho.

¿Por qué se han producido estas nuevas elecciones?

En las anteriores elecciones el parlamento quedó con la siguiente distribución de escaños:

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Con dicha configuración era difícil conseguir apoyos para una investidura, pero no imposible. El partido que quiera formar gobierno debe presentarse a una sesión de investidura y conseguir una mayoría absoluta de votos a favor en primera votación, o mayoría simple en segunda votación. La suma de fuerzas más fácil era PP + PSOE, que tendrían una mayoría de 213 diputados, más que suficientes para una investidura y para gobernar, pero tras cuatro años de mayoría absoluta del PP durante los cuales a duras penas han admitido enmiendas a sus proyectos de leyes, el PSOE no quería pactar con PP. Además, el pacto PP + PSOE sería visto por la militancia del PSOE como una traición, con lo cual para las siguientes elecciones era probable que sus votantes se fueran a otras opciones de izquierda (Podemos). C’s intentó hacer de bisagra, creyéndose que podría hacer de intermediario, pero al final no se intentó dicha coalición tripartita. Lo que sí intento Pedro Sánchez fue una coalición con Podemos y C’s, pero tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias dejaron claro que no entrarían en un gobierno o no darían apoyo a un gobierno en el cual el otro estuviera. Por último, Pablo Iglesias proponía una coalición PSOE + Podemos, contando con la abstención de los partidos independentistas (ERC + DiL) con tal de conseguir una investidura en segunda votación. Pero esta propuesta de coalición contenía una línea roja por parte del sr. Iglesias que era el referéndum sobre la independencia de Cataluña, un aro por el cual Pedro Sánchez no estaba dispuesto a pasar. En su momento me pareció que era una táctica de Podemos para forzar unas nuevas elecciones en las que ellos podrían obtener más diputados, posiblemente sobrepasando al PSOE y así poder negociar desde una mejor posición. Creo que los acontecimientos han demostrado que estaba en lo cierto, pese a que el tiro le ha salido por la culata a Pablo Iglesias.

26J, ¿Qué ha pasado?

Estos nuevos comicios se han caracterizado por ser la primera vez en la historia democrática de España en que se han tenido que repetir elecciones porqué ninguna fuerza política ha conseguido votos suficientes en la sesión de investidura para formar un gobierno. Como ha sido una repetición de las anteriores elecciones, y como éstas han sido provocadas por Podemos, el partido de Pablo Iglesias ha estado desde el 21 de diciembre en campaña electoral, igual que el resto de partidos. Pero no todos han sabido sacar el máximo provecho de esta extraordinariamente larga campaña electoral. Vistos los resultados, el ganador claro es el PP de Mariano Rajoy, y los perdedores el PSOE, C’s y en menos medida, Unidos Podemos, la coalición de Podemos con Izquierda Unida.

La configuración del nuevo Congreso de los Diputados queda tal que así:

  • PP: 137
  • PSOE: 85
  • Unidos Podemos: 71
  • C’s: 32
  • ERC: 9
  • CDC: 8
  • PNV: 5
  • EH-Bildu: 2
  • CC: 1

La participación en estos comicios ha sido baja (69,84%), cerca del mínimo histórico de participación (68,04%). Las anteriores estuvieron cerca de la media de participación en las elecciones generales en España (alrededor del 73%). Entre politólogos suele considerarse que en España hay una participación baja. Todavía es pronto para saber cual ha sido el motivo para la bajada de la participación, pero seguramente sea una combinación de fin de semana largo (en Cataluña el viernes fue festivo), tiempo estival y hastío por la repetición de elecciones.

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A lo largo de esta campaña hemos visto como Pablo Iglesias se ha moderado, pasando de ser un comunista -aunque desde Podemos siempre han dicho que el partido es transversal, “un partido de los de abajo”- a ser un socialdemócrata. La unión con Izquierda Unida no ha mejorado los resultados electorales tal como se esperaba, y el famoso ‘sorpasso’ no ha tenido lugar. Quizás esta moderación de Pablo Iglesias le ha hecho perder votos.

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El PSOE, con el Secretario General con el cual habían conseguido los peores resultados de su historia (90) ha conseguido el más difícil todavía, y ha rebajado el numero de diputados de su partido hasta los 85. En porcentaje de voto, eso sí, ha obtenido unas cifras muy parecidas a las de Unidos Podemos, pese a que estos hayan sacado 14 diputados menos, todo ello gracias al sistema electoral por provincias y no tanto al Sistema d’Hondt. Aún así, los resultados son relativamente buenos para Pedro Sánchez, pues el Partido Socialista (20 diputados) en Andalucía ha sacado peores resultados que el PP (diputados) en ésa misma comunidad, con lo cual frena las aspiraciones de Susana Díaz, permitiendo así que Pedro Sánchez siga como secretario general del PSOE.

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C’s, que en las primeras elecciones generales a las que se había presentado (en 2015) había conseguido 40 diputados (también perjudicado por el sistema electoral por provincias), ha visto su número de diputados rebajados hasta los 32. Seguramente un resultado más ajustado a la realidad, puesto que, a mi entender, C’s no tiene mucha cabida en el panorama político español (es un híbrido entre el ala moderada del PP y el ala más liberal/derecha del PSOE).

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El PP ha sido el gran ganador. Obteniendo 137 diputados, seguramente se ha beneficiado de una menor participación electoral, al mismo tiempo que ha recuperado parte del voto prestado que obtuvo C’s. Tiene mucho mérito -o quizás más que mérito del PP es demérito de los Españoles como tal- mejorar resultados respecto a las anteriores elecciones, sobre todo cuando se viene de una legislatura con recortes en Sanidad y Educación, numerosos casos (aislados, según el PP) de corrupción afectando a gente importante del partido -Bárcenas, Rita Barbera, Camps, etc.- y ya durante la campaña electoral, el escándalo de las grabaciones entre Jorge Fernández Díaz y De Alfonso (aunque quizás este último elemento les ha ayudado a obtener votos fuera de Cataluña).

Con todo, la campaña electoral oficial ha sido bastante descafeinada, con algunos momentos bastante cómicos, como el primer spot electoral del PP o los susurros de Pablo Iglesias a Sánchez.

¿Y ahora qué?

El futuro es incierto, pese a que Rajoy es quién mejor colocado está para ganar, siendo él el candidato del único partido que mejora resultados. Una de las opciones más probables para conseguir una votación de investidura favorable sería PP + C’s con la abstención de PSOE, pese a que Albert Rivera y Pedro Sánchez dijeran en campaña que no harían presidente a Rajoy ni por activa ni por pasiva. Hoy Rivera ya no era tan contundente respecto al rema, y falta ver qué pueden ofrecer al PSOE a cambio de su abstención. Otra posibilidad, aunque la gobernabilidad sería prácticamente imposible, sería un gobierno de coalición PSOE + Podemos, posible con la abstención de C’s y algún partido nacionalista.

Con todo, lo más probable es que sea una legislatura relativamente corta y bastante complicada, en la que el partido que dé apoyo al PP no mejorará resultados en las siguientes elecciones, sean cuando sean. El PSOE de Pedro Sánchez debe decidir si, una vez dejada fuera de juego Susana Díaz (aunque sea temporalmente), quiere quedar relegado a ser un partido pequeño, habiendo ayudado al PP, o si prefiere, en cambio, intentar gobernar con Podemos, con la posibilidad de terminar también peor de lo que ya están. Sea como sea, las siguientes semanas van a ser muy interesantes, y probablemente nos llevemos más de una sorpresa.