Ilustración, progreso y humor

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Por mucho que cierta derecha conservadora -aunque una parte se autodenomine liberal- se empeñe en recalcar los valores judeocristianos como la base de la identidad europea -sobretodo para dibujar una guerra de religiones, un asedio en el que el musulmán, caricaturizado como hombre barbudo, con chilaba y cuyo único objetivo en la vida es someter al cristiano y dinamitar desde dentro el Estado a base de pedir subvenciones-, lo cierto es que dicha identidad, la Europea, no se sustenta en conceptos vacíos, como el de ‘valores judeocristianos’ sino en algo más tangible y verídico, la Ilustración.

La Ilustración, comenta André Comte-Sponville en su Diccionario filosófico, ‘designa un período al mismo tiempo que un ideal. […] Es el ideal del conocimiento, del progreso, de la tolerancia, del laicismo, de la humanidad lúcida y libre. Ser un hombre de la Ilustración, explica Kant, consiste en pensar por propia cuenta, en servirse libremente de la propia razón, en liberarse de los prejuicios y de la superstición.’ (p. 272). A la Ilustración debemos ideas como los gobiernos constitucionales o la separación entre Iglesia y Estado y una ristra de pensadores cuyo pensamiento está en la base de nuestra vida política y económica, como Jean-Jacques Rousseau, Voltaire, Adam Smith o Benjamin Franklin. En resumen, la Ilustración nos libró del yugo de la religión, nos permitió cuestionar lo más sagrado, y gracias ella tenemos la certeza de que no seremos quemados en la hoguera como herejes al contradecir a Dostoievski afirmando que, ‘Si Dios no existe, no todo está permitido, y la vida es, de hecho más fácil que con Dios’ (la frase original aquí). Hace tiempo, en la radio, esuché a alguien decir que la desacralización es el motor de la modernidad. Sin duda me parece el mejor modo de resumir todo lo dicho hasta aquí.

 

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Pero pasemos al humor. Andrés Barba en su genial La risa caníbal: humor, pensamiento cínico y poder hace un análisis del humor y sitúa la risa en el cruce entre la razón y la moral, y citando al filósofo francés Henri Bergson -‘en un mundo de inteligencias puras quizá no se lloraría, pero desde luego se reiría’ (p. 11)- concluye que, tras dos guerras mundiales, en vez de vivir en un mundo de risueñas inteligencias bergsonianas, vivimos en un mundo sentimental. Y claro, los sentimientos son algo sagrado para la gente y sobre lo que uno no puede reírse. El mismo Barba lo dice unas líneas más abajo: ‘a diferencia de las razones, los sentimientos tienen la poderosa virtud de resultar inexpugnables. Una idea puede discutirse. Un sentimiento solo puede respetarse. Y en esa dialéctica la respuesta es sencilla: la risa es siempre una amenaza, una agresión tan perversa como el canibalismo’ (ibid).

Es evidente que hoy en día hay menos elementos sagrados en nuestras vidas diarias, pero tal como nos muestra Barba, todavía los hay. La desacralización -la Iluminación, vaya- no consiste en reírse de todo, pero sin duda todo debe poder ser risible, al menos dadas las circunstancias adecuadas, como por ejemplo cierta intimidad o un acuerdo tácito sobre el contenido entre el ponente y su audiencia. El mejor ejemplo de que todo debe poder ser risible bajo las circunstancias adecuadas es el famoso chiste del humorista Gilbert Gottfried que hizo durante un roast a Hugh Hefner en Nueva York semanas después del atentado del 11S. Gottfried dijo a su audiencia ‘debo coger un vuelo temprano hacia California. No pude coger un vuelo directo, dicen que debo hacer escala en el Empire State Building’ a lo que alguien, entre los abucheos del público, le replicó ‘demasiado pronto’, dejando claro que sí se pueden hacer chistes sobre el 11S, pero quizá solo unas semanas después del atentado no sea el mejor memento. (Aquí podéis encontrar más información sobre la anécdota, en inglés) Supongo que a nadie sensato se le ocurriría hacer un chiste en público sobre los atentados de Barcelona y Cambrils del 17A once días después, pero seguro que alguno de vosotros ha oído alguno en círculos más íntimos.

Resituémonos: Ilustración, razón y sentimientos, humor. Decir que la libertad, la razón y la identidad Europea -la basada en la Ilustración, no en esa patraña de los valores judeocristianos- está en peligro hoy en día es innecesariamente alarmante, aunque quizá sea más acertado que los que afirman que los refugiados que vienen a Europa suponen una invasión encubierta, un caballo de Troya que terminará con nuestra identidad. Pero me gustaría señalar al menos tres fuerzas contrarias al progreso -humor mediante- de la humanidad: el Estado español, parte de los católicos españoles, y parte de los musulmanes en el mundo.

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En el cartel puede leerse ‘GORA ALKA ETA’

En España se han juzgado -que ya es grave de por sí- e incluso se han condenado ciudadanos por hacer humor, ya sea a través de tuiter (como el caso de Cassandra, aquí), ya sea en un espectáculo de títeres (aquí), o por un sketch (más información, sketch incluido, aquí). Tres elementos se consideran sagrados, es decir, uno no puede ni bromear al respecto: el tiranicidio de Carrero Blanco -que tuvo como consecuencia una oleada de chistes muy divertidos- pues se considera enaltecimiento del terrorismo, el terrorismo en sí -porque, claro, decir Alqa-Eta es un claro enaltecimiento de la banda terrorista ETA-, y las corruptelas del actual partido de gobierno, el PP. Por suerte, de los tres casos aquí mencionados -aunque hay muchísimos más-, solo uno terminó en condena, quedando los otros dos absueltos.

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En segundo lugar están los católicos. Seguramente pudieran ser incluidas otras confesiones cristianas pero desconozco si han sucedido casos como los dos que mencionaré a continuación. La Fiscalía Provincial de las Palmas investigó -y ya me parece grave- la actuación de la Drag Queen Drag Sethlas por su actuación -¡actuación, por Dios!- durante los Carnavales de Las Palmas de Gran Canarias (vídeo de la actuación aquí) a raíz de una denuncia interpuesta por la Asociación de Abogados Cristianos por lo que, consideraban ellos, una vulneración del artículo 525 del Código Penal. La denuncia quedó archivada, pero aún así, la mera existencia del artículo 525 del CP ya representa un lastre para el progreso.

Artículo 525.
1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.
2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

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Otro caso similar ha ocurrido durante las fiestas de Bilbo. Una de las txosnas, de carácter animalista, tenía una decoración que simulaba una carnicería donde se ofrecían distintas partes del cuerpo humano y un póster con el despiece de Jesús en la cruz, a modo de cerdo (aquí podéis leer la breve noticia). La txosna se llamaba, para más inri, Carnicerías Vaticanas. El caso es que, debido a una denuncia por parte del Obispado de Bilbao basada en el mismo artículo del código penal que la denuncia contra Drag Sethlas, la Ertzaintza ha retirado el póster de Cristo. Pero no solo ofendía el póster -al fin y al cabo un trozo de papel con una representación pictórica muy católica, a la que simplemente se le ha añadido el despiece, como si fuera un animal para producir carne- sino que también ofendía el corazón rodeado de espinas.

Evidentemente, con esto no estoy diciendo que toda la comunidad de católicos, ya sea en España o en el resto del mundo, representen un lastre para el progreso de la humanidad pero queda claro que aquellos que se aprovechan de absurdos y denuncian actos que en una democracia sana del siglo XXI no deberían tener más consecuencia que un debate de ideas, sí representan un lastre, y además, un peligro para la democracia.

No sé si a vosotros os parece una aberración que el Estado proteja de este modo un sentimiento. A ojos del legislador, parece ser, es más importante el religioso que otros sentimientos. Sí, también quedan protegidos los sentimientos de los que no profesamos religión o creencia alguna, pero es algo totalmente innecesario. Si alguien mediante palabra, por escrito o cualquier documento hace escarnio de tus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o incluso si los vejan, la respuesta debe ser intelectual -un debate de ideas, vaya- no penal.

Y pasamos a la tercera fuerza, que todo hay que decirlo, todavía no ha actuado en España*, pero sí en el país vecino, al norte de los pirineos. Hablo de los atentados contra la revista Charlie Hebdo en 2011 y en 2015. El primero de ellos fue, presumiblemente, debido a una portada en que se había cambiado el nombre de la revista, pasando este a ser Charia Hebdo, y en que aparecía un retrato del profeta Mahoma diciendo que recibirías cien latigazos si no te morías de risa (aquí la portada), todo ello para criticar la reintroducción de la Sharia en Libia. El segundo de los atentados, el de 2015, se saldó con la muerte de 12 personas, varias de ellas de la revista. En este caso, la fuerza de la que hablo no hace uso del Estado ni de leyes que no deberían existir en primer lugar, sino que directamente se salta la ley a la torera, con la terrible consecuencia que no se contesta a la caricatura, una idea en sí, con otra idea, sino que se usa la violencia. O se incita a ella, como le sucedió al escritor Salman Rushdie tras la publicación de Los versos satánicos, por la cual el Ayatolá Jomeini emitió una fetua llamando a la ejecución del propio Rushdie y de cualquier otra persona relacionada con la publicación de dicho libro. Desgraciadamente el traductor de la novela al japonés, Hitoshi Igarashi fue asesinado, y el traductor al italiano, Ettore Capriolo, fue atacado pero, por fortuna, sobrevivió (aquí más información, en inglés). Esta intransigencia con cualquier ofensa, caricatura o mofa con su profeta -y religión- es solo peor que las ofensas que sienten los católicos por las consecuencias que tienen -muerte y amenazas-, pero el hecho en sí es exactamente igual de aterrador. Con todo, de igual modo que las denuncias contra Drag Sethlas no convierten a todos los católicos del mundo en un lastre para el progreso, los musulmanes a los que una caricatura de Mahoma les ofende y no van más allá, no suponen un lastre o peligro para la humanidad, pero aquellos que consideran que tamaña blasfemia solo puede responderse con la muerte son mayor peligro que el Obispado de Bilbao, sin lugar a dudas.

Resumiendo, para finalizar: poner trabas al humor, ya sean legales o mediante amenazas con el uso de la violencia, es poner trabas a al progreso. Este progreso ha sido posible gracias a la Ilustración, al sapere aude, a arrojar luz allá donde la oscuridad del dogmatismo y de lo sagrado impedía toda crítica. Nada debe ser lo suficientemente sagrado como para que alguien, bajo circunstancias propicias, no pueda reírse de ello. Evidentemente, la libertad del humor -libertad de expresión- tiene consecuencias, entre otras la ofensa. Pero hay que recordar que ofenderse es un privilegio que tienen algunos individuos. Y dicho privilegio no puede atentar contra los derechos más básicos que hemos conseguido gracias a la Ilustración. En caso de ofensa tienes dos alternativas: o bien entras al trapo y respondes ideas con ideas, o bien decides pasar el tema por alto y no intervenir. Exigir que se pida perdón -una teatralización absurda e innecesaria si la petición no es sincera- o, peor todavía, pretender aplicar el Código Penal o, peor incluso, incitar a, o ejercer a la violencia contra alguien está totalmente fuera de lugar. Si un chiste o caricatura te ofende y crees que deberías hacer algo de lo mencionado anteriormente, quizá deberías regresar a la oscuridad de tu cueva y dejar la vida en sociedad para aquellos que entienden las normas básicas.

*Cierto, ha habido atentados yihadistas en España, pero no puede atribuirse a una ofensa en particular hacia lo más sagrado del Islam -su profeta- como sí es el caso de Salman Rushdie y de Charlie Hebdo.

Bibliografía usada:

  • Barba, A. 2016. La risa caníbal: humor, pensamiento cínico y poder. Barcelona. Ediciones Alpha Decay.
  • Comte-Sponville, A. 2005. Diccionario filosófico. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica.

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¿Debería prohibirse el infame bus de Hazte Oír?

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El polémico autobús y el no menos polémico presidente de la organización Ignacio Arsuaga.

En los últimos días en el centro del debate público está la última campaña de la organización Hazte Oír. Estos ultra católicos son responsables de campañas contra el matrimonio homosexual (dicen que permitir casarse a homosexuales degrada su matrimonio) y en contra del aborto, pero la actual campaña es en contra de la transexualidad infantil. Su posición es bastante sencilla de entender: si tiene pene es niño, si tiene vulva es niña. Supongo que de ahí se deriva que si tu hijo, con pene, se siente niña, hay que forzarlo a ser niño, sea cual sea la consecuencia.

A petición de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, el caso llegó a la fiscalía de Madrid para determinar si infringían un delito de discriminación o incitación al odio, tipificado en el art. 510 del código penal. Esto no ha hecho más que poner el foco de la atención mediática en dicha organización y su campaña, quizás dándole una visibilidad que de otro modo no hubieran tenido y, con toda seguridad, no merecen. ¿Pero deberían prohibirse éste tipo de campañas? A continuación algunos argumentos a favor y en contra.

A favor de la prohibición

Los que están a favor de la prohibición de dicho tipo de campañas lo están porque las consideran transfóbicas y, por tanto, que fomentan la discriminación y el odio de ciertos colectivos. Aducen que las frases de dicha campaña (Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Si naces hombre, eres hombre. Si naces mujer, seguirás siéndolo.) fomentan la no-aceptación de los niños transexuales, cuya vida pública ya es suficientemente dura, sufriendo a menudo acoso escolar, y por tanto, fomentando el odio y la discriminación. Dicho fomento está tipificado como delito y, por tanto, debería prohibirse dicha campaña.

Otra argumentación tiene en consideración la ofensa. En televisión han entrevistado a madres de hijos transexuales, y en la entrevista se ha comentado la ofensa que dicha campaña supone. A raíz de dicha ofensa, se justifica prohibir la campaña. No es sólo el hecho de que la campaña ofenda a un colectivo, sino que lo hace a un colectivo menor de edad y que no tiene la vida demasiado fácil.

La última argumentación, que se sale un poco de las que se han mantenido y se mantendrán en esta entrada, se la he escuchado a la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena. Según ella, la prohibición no viene dada por el contenido de la campaña, sino por hacer publicidad de un libro, publicidad para la cual no tendrían permiso.

En contra de la prohibición

En contra de la prohibición, la primera argumentación empleada por la misma organización es que atenta contra la libertad de expresión. Dicen que les prohíben la campaña no por discriminación o fomento del odio, sino por no concordar dicha campaña con los postulados de la ideología LGTBI. Además, dicha prohibición proviene de la inquisición Gay, concepto que usan sin ruborizarse. Dicha ideología y su inquisición, aparentemente, han calado hasta en el Gobierno del PP. Dejando de lado la alucinación de la organización, lo cierto es que puede argumentarse que la campaña no fomenta el odio, sino que expresa una opinión. El mensaje puede enmarcarse en el de una opinión, no el de una incitación al odio. El mensaje no dice: tienes pene, si te sientes niña te vamos a hacer bullying hasta que te suicides.

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La polémica Drag Sethlas

Además, si retomamos la argumentación de la ofensa, actuaciones como la de Drag Sethlas en el Carnaval de Las Palmas (vídeo de la actuación aquí) también debería prohibirse, no digamos ya ciertos chistes que todos conocemos, o ciertas obras de literatura. La ofensa como base para una prohibición es muy pobre, puesto que ofenderse es un derecho que uno tiene, no una obligación, y cada cual se ofende por lo que considera, si la ofensa fuera suficiente para prohibir, todo estaría prohibido.

Claro, la libertad de expresión tiene ciertos límites, y evidentemente la promoción del odio no puede enmarcarse dentro de dicha libertad, pero creo que en el caso del autobús el odio lo derivamos de conocer la organización, no de la campaña en sí. En este caso podría argumentarse -de hecho la misma Hazte Oír ya lo hace- que se censura en función del pensamiento. Y esto es bastante aterrador. Creo que toda persona razonable entenderá y aceptará la transexualidad, del mismo modo que se entiende y se acepta la homosexualidad. Del mismo modo cualquier persona razonable entenderá y aceptará el matrimonio civil homosexual, que no deja de ser un contrato, a la par que pueda entenderse que haya gente a la que no le guste. Pero mientras prevalezca la garantía de los derechos de las personas trans, qué problema hay en que haya trogloditas que opinen que tener pene te convierte en hombre. ¿No pensamos muchos, acaso, que opinar que un feto de apenas tres semanas es un niño te convierte en un descerebrado? ¿Qué debería haberse hecho con otras campañas de publicidad en autobuses, como la famosa ‘atheist bus’ o sus réplicas?


La cuestión religiosa en el siglo XXI

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Todo lo que uno pueda escribir hoy va a tener relación con los atentados de París del 13 de Noviembre. Tenemos una nueva sigla en el imaginario común en relación a los atentados de índole yihadista, eso sí, siempre en territorio occidental. No voy a dedicar éstas líneas a discutir sobre los hechos ocurridos. He leído ya demasiados comentarios en twitter, facebook y hasta he escuchado a tertulianos especular sobre si ha sido un ataque bajo bandera enemiga, un auto-golpe, quintas columnas, conspiraciones involucrando a los Illuminati (sí, los Illuminati). Tampoco entraré en el debate de por qué nos escandalizamos tanto cuando esto sucede en París, pero no cuando esta misma semana sucedió en Beirut. Creo que lo más sano, tanto a nivel individual como colectivo, es seguir la información, procurar no abrir demasiado la boca a menos que sepamos algo con certeza o podamos aportar algo útil y, sobretodo, dejar que se enfríe el asunto para poder tratarlo con la dignidad que se merece. Sé perfectamente que en los tiempos que corren, la inmediatez es la norma y que esto no sucederá, pero no por eso deja de ser útil mi recomendación.

Anoche, cuando después de cenar mi padre me dijo que había un tiroteo en Francia, lo primero que se me pasó por la cabeza fue un acto terrorista más perpetuado por algún lobo solitario, alguien medianamente afín a ISIS o alguna otra organización. No había indicios que apuntaran a ésta tesis, pero es la impresión que me daba. Más tarde, Hollande decía en rueda de prensa que el acto había sido organizado en el exterior por Daesh y ejecutado con ayuda del interior del país. No ha sido hasta esta mañana que la organización ha reclamado el acto como propio. ¿Qué implica que la atrocidad haya sido cometida por Estado Islámico? Que va a haber otra ola de manifestaciones islamófobas y racistas, que se va a mirar con más recelo todavía a los refugiados que vienen hacia tierras europeas (irónico que, siendo ellos los que huyen de actos como estos en sus propios hogares, día tras día, vayan a ser ellos los señalados como culpables) y que, inevitablemente, se hablará de religión, y se mezclará ésta con aspectos raciales y debatiremos estérilmente si el Islam es una religión de paz o no, si el Islam predica el odio hacia el Occidental y, sobretodo, pasaremos por alto que los mismos musulmanes son los que en los últimos años han venido sufriendo estas atrocidades, con el añadido de intervenciones extranjeras y ataques con drones que tienen la mala costumbre de impactar sobre civiles – pasados a llamar ‘daños colaterales’.

9788430606252Es por esto que me ha venido a la cabeza una de las lecturas más útiles que he podido realizar este año: La cuestión religiosa en el siglo XXI. El autor de la obra es Georges Corm, libanés formado en Francia durante los años sesenta en ciencias políticas, económicas y derecho. No os asustéis no es una obra densa, e invito a todo el mundo a leerla.

En esencia, y motivo por el cual hablo del libro en un día como hoy, la tesis de la obra es que, debido a la globalización económica y financiera del pasado siglo, las viejas democracias han perdido capacidad de legitimación. Esta crisis no sólo ha afectado a los Estados-nación sino que ha afectado a los tres grandes monoteísmos, siendo en parte el causante de la aparición de los extremismos religiosos. Ejemplos de ello son los hijos de migrantes magrebíes en Francia y España o hijos de migrantes pakistaníes o sirios en Reino Unido, que perciben que el Estado les ha fallado, alienándolos y empujándolos hacia extremismos religiosos, identidad que los acoge con los brazos abiertos, no como la de los Estados dónde viven y de los cuales tienen la ciudadanía.

El libro no es sólo ésta tesis. Habla también el señor Corm de temas que nos interesan para entender los repulsivos actos de París. Como se puede deducir por el título, el libro trata sobre la cuestión religiosa en el siglo XXI. Esto incluye un repaso histórico de la instrumentalización de la religión en distintas épocas de la historia de la humanidad, incluyendo el colonialismo europeo, justificado en la época por intelectuales franceses como el deber de imponer el progreso a aquellos menos desarrollados. Pero la religión ha sido también un instrumento clave durante la Guerra Fría, y de aquéllos polvos éstos lodos. Para combatir la invasión soviética de Afganistán, el bloque occidental fomentó grupos yihadistas, como por ejemplo Al-Qaeda, que luego se volvieron contra Occidente cuando se intervino en Irak, y algunas de cuyas facciones ahora integran el Estado Islámico.

Y hablando de violencia, ¿hay mayor expresión de violencia que el terrorismo indiscriminado? Los que veis tertulias donde aparece Francisco Marhuenda habréis tenido la oportunidad de escucharle situar el origen de la violencia política en la Revolución Francesa, culpando, sobretodo, a Voltaire, y mezclando la Revolución Francesa, la violencia indiscriminada y el anticlericalismo. Georges Corm cree que esto es un error: no sólo es una mala interpretación de la Revolución Francesa, motivo por el cual todos ahora podemos disfrutar de derechos y libertades independientemente de nuestra condición -todo en teoría- sino que además es peligrosa, pues culpa al laicismo de los horrores religiosos. Nadie dice que la Revolución Francesa fuera cosa de hippies. Hubo violencia, y la hubo con fines políticos, pero no fue ésta la génesis del terrorismo. El origen tiene lugar un par de siglos antes, en Europa, y de mano de la religión.

Entre el siglo XVI y el XVIII se dieron en Europa una serie de conflictos que comenzaron con la Reforma Protestante, cuya característica principal era el papel de la religión y las tácticas empleadas. No fue una guerra de grandes ejércitos en campos de batalla, como lo fueron las guerras napoleónicas. Las guerras de religión en Europa tenían varios objetivos, entre ellos eliminar al diferente, exterminarlo a él y a su estirpe, atemorizarlos. Para hacerlo empleaban tácticas que sólo pueden ser calificadas de terroristas: quemaban a pueblos enteros con sus gentes dentro, envenenaban pozos, etc. Lo hacían, en parte, porqué encontraban justificaciones bíblicas para hacerlo, tantos unos como otros. Y en parte de estos eventos tuvo un cierto protagonismo la Santa Inquisición. ¿Qué tiene que ver esta institución, totalmente religiosa, con la política y con los recientes eventos? Pues la institucionalización de los delitos de opinión, que es lo que los autos de fe fueron. (Como podemos ver la violencia y el terrorismo no es sólo cosa del Islam).

Es posible que no se vea claramente la relación del libro con los atentados de París. Hemos visto que la religión ha sido, desde hace siglos, instrumentalizada para satisfacer diversos intereses: colonialismo (expansión territorial y colonial pero no así de derechos como la ciudadanía), guerras subsidiarias (Talibanes, Al-Qaeda, islamistas moderados en Siria e Irak, etc.). Y también que los orígenes del terrorismo (violencia política) tienen mucha relación con la religión (de hecho fue a causa de conflictos intra-religiosos), que ahora algunos se empeñan en verlo como inherente sólo a una (el Islam).

0102192_xl¿Qué podemos extraer del libro que nos pueda ser útil para entender los sucesos del 13N? Primero de todo: la instrumentalización de la religión y el terrorismo con fines religiosos no es inherente a una religión concreta. Los grandes monoteísmos se basan en verdades reveladas en forma de libro, los cuales tienen como mínimo un milenio. Nada de lo que ahí se mencione debe tomarse al pie de la letra, ni para bien ni para mal. La religión es también un tipo de identidad, que no tiene nada que ver con la violencia. Es en casos de alienación y de radicalización (yihadista) cuando se empieza a mezclar religión con violencia y terrorismo. Muchos de estos fenómenos (de radicalización, de violencia) tienen su origen en el Estado moderno y sus errores, ya sea de puertas a dentro o hacia fuera. Uno de los principales puntos de las agendas de las democracias actuales debería ser cómo conseguir que la gente no se radicalice, que no tenga motivos para dejar de identificarse con los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad que a su vez son los que permiten que las distintas identidades puedan coexistir en paz. De puertas a fuera hay que tener en cuenta que los Estados y las guerras no son laboratorios donde podemos tener todo controlado a excepción de una variable: cualquier intervención que hagas en pro de unos intereses puede tener consecuencias desastrosas. Ahí tenemos el 11S, el 11M, el 7J y ahora el 13N.