¿Debería prohibirse el infame bus de Hazte Oír?

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El polémico autobús y el no menos polémico presidente de la organización Ignacio Arsuaga.

En los últimos días en el centro del debate público está la última campaña de la organización Hazte Oír. Estos ultra católicos son responsables de campañas contra el matrimonio homosexual (dicen que permitir casarse a homosexuales degrada su matrimonio) y en contra del aborto, pero la actual campaña es en contra de la transexualidad infantil. Su posición es bastante sencilla de entender: si tiene pene es niño, si tiene vulva es niña. Supongo que de ahí se deriva que si tu hijo, con pene, se siente niña, hay que forzarlo a ser niño, sea cual sea la consecuencia.

A petición de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, el caso llegó a la fiscalía de Madrid para determinar si infringían un delito de discriminación o incitación al odio, tipificado en el art. 510 del código penal. Esto no ha hecho más que poner el foco de la atención mediática en dicha organización y su campaña, quizás dándole una visibilidad que de otro modo no hubieran tenido y, con toda seguridad, no merecen. ¿Pero deberían prohibirse éste tipo de campañas? A continuación algunos argumentos a favor y en contra.

A favor de la prohibición

Los que están a favor de la prohibición de dicho tipo de campañas lo están porque las consideran transfóbicas y, por tanto, que fomentan la discriminación y el odio de ciertos colectivos. Aducen que las frases de dicha campaña (Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Si naces hombre, eres hombre. Si naces mujer, seguirás siéndolo.) fomentan la no-aceptación de los niños transexuales, cuya vida pública ya es suficientemente dura, sufriendo a menudo acoso escolar, y por tanto, fomentando el odio y la discriminación. Dicho fomento está tipificado como delito y, por tanto, debería prohibirse dicha campaña.

Otra argumentación tiene en consideración la ofensa. En televisión han entrevistado a madres de hijos transexuales, y en la entrevista se ha comentado la ofensa que dicha campaña supone. A raíz de dicha ofensa, se justifica prohibir la campaña. No es sólo el hecho de que la campaña ofenda a un colectivo, sino que lo hace a un colectivo menor de edad y que no tiene la vida demasiado fácil.

La última argumentación, que se sale un poco de las que se han mantenido y se mantendrán en esta entrada, se la he escuchado a la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena. Según ella, la prohibición no viene dada por el contenido de la campaña, sino por hacer publicidad de un libro, publicidad para la cual no tendrían permiso.

En contra de la prohibición

En contra de la prohibición, la primera argumentación empleada por la misma organización es que atenta contra la libertad de expresión. Dicen que les prohíben la campaña no por discriminación o fomento del odio, sino por no concordar dicha campaña con los postulados de la ideología LGTBI. Además, dicha prohibición proviene de la inquisición Gay, concepto que usan sin ruborizarse. Dicha ideología y su inquisición, aparentemente, han calado hasta en el Gobierno del PP. Dejando de lado la alucinación de la organización, lo cierto es que puede argumentarse que la campaña no fomenta el odio, sino que expresa una opinión. El mensaje puede enmarcarse en el de una opinión, no el de una incitación al odio. El mensaje no dice: tienes pene, si te sientes niña te vamos a hacer bullying hasta que te suicides.

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La polémica Drag Sethlas

Además, si retomamos la argumentación de la ofensa, actuaciones como la de Drag Sethlas en el Carnaval de Las Palmas (vídeo de la actuación aquí) también debería prohibirse, no digamos ya ciertos chistes que todos conocemos, o ciertas obras de literatura. La ofensa como base para una prohibición es muy pobre, puesto que ofenderse es un derecho que uno tiene, no una obligación, y cada cual se ofende por lo que considera, si la ofensa fuera suficiente para prohibir, todo estaría prohibido.

Claro, la libertad de expresión tiene ciertos límites, y evidentemente la promoción del odio no puede enmarcarse dentro de dicha libertad, pero creo que en el caso del autobús el odio lo derivamos de conocer la organización, no de la campaña en sí. En este caso podría argumentarse -de hecho la misma Hazte Oír ya lo hace- que se censura en función del pensamiento. Y esto es bastante aterrador. Creo que toda persona razonable entenderá y aceptará la transexualidad, del mismo modo que se entiende y se acepta la homosexualidad. Del mismo modo cualquier persona razonable entenderá y aceptará el matrimonio civil homosexual, que no deja de ser un contrato, a la par que pueda entenderse que haya gente a la que no le guste. Pero mientras prevalezca la garantía de los derechos de las personas trans, qué problema hay en que haya trogloditas que opinen que tener pene te convierte en hombre. ¿No pensamos muchos, acaso, que opinar que un feto de apenas tres semanas es un niño te convierte en un descerebrado? ¿Qué debería haberse hecho con otras campañas de publicidad en autobuses, como la famosa ‘atheist bus’ o sus réplicas?


De qué hablamos, cuando hablamos de nacionalismo y nación

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A día de hoy vivimos un resurgimiento del nacionalismo. Marine Le Pen y su Frente Nacional son el típico ejemplo de éste resurgimiento nacionalista en Europa, y el ‘America First’ del Presidente Donald J. Trump es el equivalente más allá del Atlántico. No todos los fenómenos nacionalistas de hoy en día son ultra-derechistas: los nacionalistas escoceses del SNP o los nacionalistas catalanes de la coalición JxSí están alejados de la ultra-derecha y, en cierto sentido, pueden considerarse hasta progresistas. Además, a raíz del último congreso de Ciudadanos, Albert Rivera no para de repetir que ellos, los auto-denominados liberales herederos de Cádiz , son la solución al populismo y al nacionalismo. Pero, ¿qué es el nacionalismo?

La Nación

Nacionalismo es un término derivado de ‘Nación’, por tanto, es importante entender qué es la ‘Nación’. Contrario a lo que muchos puedan creer, especialmente los nacionalistas, la nación tal como la entendemos hoy en día no tiene más de trescientos años. Seguramente menos. La nación, en palabras de Benedict Anderson, uno de los principales autores sobre nacionalismo, es una comunidad humana imaginada como inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque, hasta en las naciones más pequeñas, uno nunca va a conocer a todos los pertenecientes a la nación, pero sabe que existen y que les une una especie de comunión. Es limitada porque, hasta las naciones más extensas del mundo ponen a otras naciones más allá de sus límites. Y es soberana porque ninguna nación se concibe a sí misma como sumisa a cualquier otro poder, más allá, quizás, de alguna divinidad.

Según Anderson y la mayoría de autores en la materia tiene sentido hablar de nación a partir de la era moderna porque es entonces cuando empiezan a existir los Estados nacionales. Antes de la Revolución Francesa, el titular de la soberanía del Estado era el monarca y, tal como ejemplifica Carlos V (I de España), el Soberano lo era sobre distintos territorios, independientemente de su ‘nacionalidad’. Con la Revolución Francesa se instaura el principio de soberanía nacional por el cual el titular de la soberanía deja de ser el monarca, y ésta pasa a manos de la nación.

Al respecto de cómo se forma la nación, hay distintas teorías. Para Anderson la nación se origina a causa del ‘capitalismo de imprenta’. Gracias al revolucionario invento de Gutenberg se empezó a imprimir libros en lenguas vernáculas, lo cuál facilitó que una determinada comunidad empezara a homogeneizarse al respecto del idioma. Antes de la era moderna y de la invención de la imprenta de Gutenberg, en cada zona se hablaban distintos idiomas, por parecidos que pudieran ser. Un buen ejemplo es Francia, donde hasta la I República el Francés no era el idioma hablado en todo el territorio que hoy constituye Francia.

El Nacionalismo

Quizás la mejor definición de nacionalismo sea la de Ernest Gellner, por su claridad y concisión: nacionalismo es el principio político por el cual la unidad política y la nacional deben ser congruentes. Esto es, que los límites de la nación y del Estado deberían ser los mismos.

Según Gellner, debido a la necesidad de una mano de obra altamente móvil y con un entrenamiento básico (de modo que pudieran especializarse con facilidad) de la era industrial los gobiernos Estatales empiezan a crear sistemas de educación ‘nacionales’ que, entre otras cosas, enseñan un mismo idioma para facilitar la comunicación. Para Gellner ésto es el origen de la nación, y por ende, del nacionalismo.

Charles Tilly distingue dos tipos de nacionalismo: el top-down, desde el centro del Estado, cuyo objetivo es homogeneizar a la población a nivel lingüístico y cultural mediante un sistema educativo nacional y performances de enaltecimiento nacional, mediante símbolos que apelen a los mitos originarios, tal como tradiciones y banderas; y un nacionalismo ‘bottom-up’ desde la periferia, de naciones que no se quieren homogeneizar a la del Estado central y que, por tanto, mediante las mismas técnicas, busca mayor auto-gobierno y remarcar sus diferencias.

¿Cómo se traduce esto a nuestra realidad política?

Como podemos comprobar, aplicando los conocimientos teóricos a la realidad política, vemos que si bien hay un resurgimiento del nacionalismo (sobretodo contra los efectos de la globalización), éste no se limita a los movimientos ultra en Europa y Estados Unidos, o a los separatistas catalanes, escoceses, o de cualquier nación. El Nacionalismo es algo que lo impregna casi todo. Cuando el Ministro Wert dijo que quería ‘españolizar’ a los niños catalanes se refería a esto. Del mismo modo, el sistema educativo catalán, con la inmersión lingüística en su centro, es un elemento básico del catalanismo, de la resistencia a la homogeneización por parte del Estado central. Por mucho que Albert Rivera quiera denostar a los nacionalistas o independentistas catalanes llamándoles nacionalistas, él sigue siendo un nacionalista. Uno de sus objetivos es que la nación Española (entendida como castellana o mesetaria) encaje con el Estado español, mientras que Puigdemont y Junqueras, de JxSí, y los ‘cuperos’ lo que quieren es que el Estado que los gobierne se adapte a los límites de la nación catalana.

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Para terminar me gustaría reproducir una frase del historiador Eric Hobsbawm, eminencia también del estudio del nacionalismo, para todos aquellos que creen que sus naciones son ancestrales (o que al menos creen que son anteriores a la era moderna):

Las Naciones no crean Estados y nacionalismos, sino al revés.


Breves pensamientos sobre la masacre de Orlando

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Después de un tiempo de inactividad por motivos académicos y lejanía -física pero también mental- con la actualidad del país, un evento mayor me da el impulso que me hacía falta para volver a escribir por aquí. Lamentablemente el evento no es nada bueno, nada que celebrar. Hablo, por supuesto, de la masacre homófoba en la discoteca Pulse de Orlando. No he hecho un seguimiento exhaustivo de la desgracia, pero en la radio esta mañana he escuchado algunas cosas que me gustaría comentar.

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Primero de todo procedo a resumir los hechos con la máxima brevedad de la que soy capaz. En la noche del sábado pasado, sobre las dos de la madrugada, en Orlando, Omar Mateen, ciudadano norteamericano de nacimiento, hijo de familia Afgana, entraba en el club Pulse, una discoteca gay, y empezaba a disparar. Al poco de empezar la masacre, el mismo Omar llamaba al 911 jurando lealtad a Estado Islámico. El asaltante compró dos armas de modo totalmente legal recientemente, aunque no se sabe si fueron utilizadas para la masacre. Además, poseía licencia de armas y de guardia de seguridad. Era empleado de G4S, una de las principales empresas de seguridad privada. Sobre las cinco de la madrugada un equipo SWAT abatía a Omar. El resultado han sido cincuenta víctimas mortales, incluyendo el mismo asaltante, y otra cincuentena de heridos entre gente que estaba en la discoteca y algún policía. Horas más tarde Estado Islámico reivindicaba la masacre como un ataque cometido por la organización.

Como ya he comentado al principio, en la radio he escuchado algunas cosas que me gustaría comentar. Siendo lunes, era de esperar escuchar a Pilar Rahola en El món a Rac1. Rahola ha comentado en la radio que si el Estado Islámico no diera alas a la épica a través de las redes sociales, gente como Omar Mateen no hubiera actuado del modo en que lo han hecho. Pese a que es cierto que organizaciones fundamentalistas justifican la violencia y a veces (parece ser que la radicalización ya no se da tanto en escuelas islámicas o mezquitas, sino a través de las redes mediante contacto con otra gente radicalizada; también se habla de auto-radicalización: no hace falta que haya un maestro, sino que el contenido en la red ya da para que uno termine justificando la violencia y, en algunos casos, participar de actos violentos) participan activamente en la radicalización, éstas no son el principal problema. Si hay individuos que caen en estas redes es porqué las otras instituciones que suelen dar significado a la vida han fallado. El problema no es tanto que EI de alas con su épica a que jóvenes se radicalicen y cometan atrocidades como esta, sino que a las instituciones que tradicionalmente daban sentido a la vida de los jóvenes cada vez les cuesta más dar sentido a un particular grupo de población. Esta cuestión se ha abordado desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, Huntington en su ‘Clash of Civilizations’ alertaba que, debido a la caída del muro de Berlín y a la falta de alternativas convincentes a la democracia y los postulados liberales, la gente en países del tercer mundo, en especial en el Norte de África y en Oriente Medio, viraría hacia la religión con más fervor*. Aunque es fácil decirlo, parece no serlo tanto implementarlo. Evidentemente ni yo tengo suficiente conocimiento, ni este es un espacio adecuado para desarrollar la materia, pero la idea queda bastante clara.

Otro aspecto a tener en cuenta es que a Omar no se le conocen afiliaciones a organizaciones -no ha sido hasta que ha llamado al 911 que ha jurado lealtad a EI, y éste se ha enterado por las noticias de lo sucedido- ni demasiados contactos con otros yihadistas u otra gente radicalizada. Es lo que en la prensa llaman ‘lobo solitario’ y que suponen un reto considerable para los servicios de inteligencia. Es muy difícil detectar a esta gente antes de que cometan dichas atrocidades. Gente operando por su cuenta, sin vinculación directa con ninguna organización puede hacer mucho daño, sobre todo atentando contra ‘soft targets’ (objetivos blandos), para los que no necesitan mucha logística, materiales, ni entrenamiento ni conocimientos previos.

Un elemento a destacar es que fuera un trabajador de la empresa de seguridad G4S, la cual tiene una rama especializada en inteligencia. Es alarmante que habiendo sido éste hombre sospechoso de ser yihadista e investigado por el FBI, G4S no lo supiera, o no hubiera tomado medidas al respecto.

También me gustaría hacer mención a la frecuente confusión de Estado Islámico, yihadistas y Talibán. Pese a que los primeros y los últimos son organizaciones fundamentalistas, no son organizaciones comparables y, de hecho, luchan entre sí. Vincular la masacre, reivindicada por Estado Islámico, con palabras del padre del asaltante en apoyo a los Talibán es un acto de peligrosa ignorancia. Hay que tener claro en todo momento que Estado Islámico es una de muchas organizaciones fundamentalistas, pero que no todas ellas son iguales. No comparten métodos y no comparten objetivos. Estado Islámico, no me cansaré de decirlo, es una organización cuyo principal objetivo es establecer un estado-nación acorde con los preceptos de Mahoma, un califato, pero de un modo más pragmático que Al-Qaeda, organización que esperaba que, mediante la debilitación de Occidente, de repente se produciría el llamado califato universal. El Estado Islámico se ha basado principalmente en Siria e Iraq, recientemente se ha aprovechado de la situación en Libia para implementarse en el norte de África, y ha empezado a atentar -y reivindicar atentados que células independientes o individuos por su cuenta cometen- cuando han empezado a sufrir derrotas en Iraq y Siria.

La última cosa que me gustaría comentar es respecto a la Guerra Contra el Terrorismo y también de la conocida laxitud de Estados Unidas respecto a la posesión de armas de fuego. Respecto a lo primero,  es de esperar que si empiezas a utilizar tácticas de guerra (así como una policía cada vez más militarizada) para luchar contra el terrorismo, éste utilizará unas tácticas similares. Pese a que cada vez se mezclan más las funciones de un cuerpo y otro, el anti-terrorismo ha sido tradicionalmente parte de la policía y los servicios de inteligencia, no tanto del ejército. Respecto a lo segundo, creo que en este caso el fácil acceso a las armas es secundario. Aún así, nunca entenderé el porqué uno puede, legalmente, comprar armamento de calibre militar o armas automáticas.


*Deseo dejar claro que no tomo las palabras o pensamientos de Huntington como certeros. De hecho, no estoy de acuerdo con sus tesis, pero no deja de ser cierto que él ya avisaba de posibles razones para un giro hacia lo religioso, cuando a lo largo del siglo XX el tema fue principalmente ideológico.


Pequeño análisis del debate

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Por si alguien no se había dado cuenta, estamos ya en campaña electoral para el 20D. En Cataluña es la tercera de este año, y para los que no nos gustan, es un alivio pensar que el año que viene no habrá ninguna -bueno, quizás una, pero espero que no lleguemos a dicha situación. Las campañas electorales incluyen spots electorales, carteles con las caras de los candidatos por las calles y, también, debates electorales. La novedad de estas elecciones, y el grupo Atresmedia nos lo ha estado recordando hasta la saciedad, es el primer debate electoral a cuatro, en el que las normas las ponían los periodistas y los candidatos no tenían turnos establecidos. Hay que agradecer que, pese a ser Ana Pastor una de las moderadoras, esta vez no interrumpió a los candidatos, como es costumbre en ella. Para los que no lo pudistéis ver y os da pereza tragaros dos hora de programa El Mundo ha recopilado los diez mejores momentos.

A continuación haré un repaso de qué me ha parecido cada uno de los candidatos -incluyendo a Sáenz de Santamaría, que ella misma ha dicho que es candidata a la vicepresidencia.

pedro-sanchezPedro Sánchez: por sorteo, él fue el primero en responder a las primeras preguntas, al igual que fue el primero en pronunciar su minuto final ante la cámara. De los cuatro, él era el que debía enfrentarse más a todos los candidatos. Contra Pablo Iglesias, vinculandolo a los gobiernos de Syriza en Grecia, empujándolo hacia la izquierda más radical. Contra Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría empujándolos hacia la derecha, intentando difuminar las diferencias entre los partidos de uno y de la otra. Aún así, atacó con fuerza al PP, vinculando los recortes sociales con las rebajas fiscales. Pese a iniciar el debate con cierta tranquilidad y buena postura, conforme éste iba avanzando se le notaba cierto nerviosismo: se alteraba cuando se le dirigían directamente y, de los cuatro, era el más faltón, burlón y desconsiderado durante la intervenciones del resto de participantes. Cuando más nervioso estuvo fue al hablar de la cuestión catalana: se le preguntó explícitamente en qué consistía su propuesta federal, y no explicó nada más allá de trasladar el Senado a Barcelona. El único tema al respecto del cual no se rió, ni interrumpió, ni burló fue la violencia machista.  Para mi fue el claro perdedor del debate. Los mítines pueden dársele relativamente bien, soltando eslogan tras eslogan, pero cuando se trata de debatir…

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Pablo Iglesias: de los cuatro partidos representados en el debate, el suyo es el que peor va en las encuestas, y sabe bien quiénes pueden ser los indecisos que les terminen votando: gente desencantada con el PSOE, gente joven, acostumbrada a contratos precarios y afectada por los recortes del gobierno del PP que piden un cambio real. Pese a tener tics de la vieja política, no le asusta reconocer aquellas propuestas de los otros partidos con las que está de acuerdo -la nueva política debe diferenciarse de la vieja, entre otras cosas, en el pactismo- pese a matizarlas. De los cuatro, fue el más combativo, con diferencia. Las cámaras y los debates son su medio natural, ha sido conocido por ello, y se le nota que disfruta. También era el más informal, tanto en su vestimenta como su postura: es parte de la identificación que pretende establecer entre él y la gente común, la dicotomía ‘los de arriba’ contra ‘los de abajo’. Fue el más condundente con las preguntas de los periodistas (el único en mojarse en si intervendría en Siria en caso de que el gobierno francés así se lo pidiera, y el único en mojarse en la cuestión territorial y nacional), pero también fue el protagonista de algunos errores que el resto de candidatos supieron aprovechar bien. Cambió el nombre de la firma para la cual trabaja el principal asesor económico de Pedro Sánchez (la llamó ‘House Water Watch Cooper’ cuando en realidad es PricewaterhouseCoopers) y un error al explicar su posición respecto al ‘derecho a decidir’ hizo parecer que Andalucía, en 1980, celebró un referendum de autodeterminación en vez de uno para poder acceder a la autonomía mediante el artículo 151 de la Constitución Española, vía por la que, en principio, no podía acceder. Aún así ha sido el único candidato en reivindicar la pluralidad nacional de España, así como la pluralidad lingüística. Al respecto de la violencia de género, el momento más solemne del debate para todos, aprovechó para reivindicar más medios y comptencias para poder atajar el problema, en clara alusión a los recortes efectuados por el Gobierno del PP. Sacó a relucir su formación como politólogo cuando fueron preguntados sobre si dejarían gobernar la lista más votada: en un sistema parlamentario gobierna el que consigue más apoyos parlamentarios, no como en los sistemas presidencialistas. Fue el claro ganador del dabate.

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Albert Rivera: La estrategia de C’s pasa por invisibilizar a Podemos y considerarse a ellos mismos como única alternativa posible al PP y al PSOE, culpándoles de todos los males que hasta ahora han afectado a España, y haciendose cargo ellos solitos de la regeneración política del país. Durante el debate, la estrategia ha sido la misma. Se le ha notado muy nervioso y con no muy buena cara, sobretodo durante la primera hora del debate. Al nerviosismo hay que sumarle el tono faltón con que se ha dirigido casi constantemente a Sáenz de Santamaría. Los únicos momentos fuertes de debate para el candidato naranja han sido cuando se ha tocado la corrupción y la cuestión catalana: contundente contra el PP, mostrando la portada de El Mundo con los papeles de Bárcenas, y contundente contra el independentismo y Artur Mas, revindicando su segunda posición en el parlamento catalán frente a los 11 diputados que los populares consiguieron el pasado 27 de setiembre. Entre sus errores ha estado el buscar la simpatía del electorado haciendo chistes y bromitas al respecto de las intervenciones del resto, dando la impresión de que era una tertúlia de bar más que un debate serio.

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Soraya Sáenz de Santamaría: el Partido Popular acudía al debate siendo el ganador en todas las encuestas, pese a la importante bajada y haber gobernado cuatro años con duros recortes. La tarea de Soraya, como ha venido siendo estos largos cuatro años, ha sido la de control y minimización de daños. Que no acudiera Rajoy al debate hace daño al PP, pero haberlo dejarlo sólo ante el peligro hubiese sido catastrófico. Se mostró clara y contundente en cuanto a sus motivos para ser ella la representante del Partido Popular en el debate: somos un equipo amplio y diverso, nos repartimos los actos de campaña, y el presidente asistirá al tradicional debate con el líder de la oposición. Pese a la contundencia, no convenció mucho. Más que debatir, lo que hizo fue defenderse constantemente, y lo hizo de forma correcta y con elegancia, sin faltar al respeto a nadie, sin apenas levantar la voz, y disparando dardos de vez en cuando. Sus principales argumentos han sido el crecimiento de la economía y la creación de empleo, cifras convenientemente elegidas. No fue muy brillante su respuesta a la corrupción, como viene siendo habitual en el PP, reclamando celeridad para cerrar los casos. Su principal rival ha sido el PSOE, reclamando lo tradicional en la política española, y cuando ha hecho referencias a C’s y Podemos ha sido para equiparar la nueva política con la vieja. Al respecto de la cuestión catalana, su respuesta ha sido igual de floja que su acción de gobierno: escudarse en la constitución para no avanzar hacia una solución política. Aún así, ha aprovechado para mostrar a su partido como el garante de los servicios públicos en Cataluña. Ha revindicado el status quo y la nación española como única e indivisible, en clara contraposición a los posicionamientos de Podemos y PSOE. Ha sido la primera en ser preguntada al respecto de la violencia machista y se ha mostrado contundente, llamándola violencia de género, pese a que en el PP y cercanías suelen preferir el término ‘violencia doméstica’. Se ha mostrado coherente con el posicionamiento de su partido al respecto de la lista más votada, amparándose en la tradición, pero sin tener en cuenta que el nuestro es un sistema parlamentario, no presidencialista. No ganó el debate, pero su segunda posición salvó un poco los muebles.

Estas han sido mis impresiones sobre el debate de anoche. Me falta recalcar una anécodata que me ha sorprendido para bien: pese haberse utilizado a Venezuela como arma arrojadiza en los últimos años, sobretodo debido a la cercanía de la formación de Pablo Iglesias con Hugo Chávez, sólo se comentó la negativa de Podemos a firmar una petición para la liberación de todos los presos políticos en Venezuela. Fue el único comentario al respecto del país caribeño, y casi pasó desapercibido.