El terrorismo no existe

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Ésta es la primera imagen que aparece en Google Imágenes al buscar ‘terrorist’

Mientras esperaba a que me sirvieran un par de cafés he visto en la portada de La Vanguardia que ha habido un tiroteo en el Aeropuerto de Fort Lauderdale, en Florida. Podéis encontrar la notícia aquí. Parece ser que un militar o ex-militar, con problemas mentales, voló de Alaska a Florida, y al recoger su maleta fue al baño, montó su pistola, y empezó a disparar.

Hace unas tres semanas leía otra notícia, también relacionada con un tiroteo en los Estados Unidos: Dylann Roof, el autor del tiroteo en una iglesia Afroamericana de Charleston mientras se oficiaba el servicio religioso, era declarado culpable por delito de odio, asesinato, intento de asesinato y obstrucción de la religión.

Ambos hechos me han hecho plantearme la siguiente pregunta: si a un ciudadano de a pie le preguntaran qué es el terrorismo, y qué hay que hacer para combatirlo, ¿cuál sería su respuesta?

Mi especulación es que, seguramente, la definición de terrorismo sea vaga y genérica, apuntando a motivos religiosos o nacionalistas, incluyendo el uso de artefactos explosivos. Al respecto de qué hacer para combatirlo, seguramente se llegue a la conclusión de que hay que matarlos. Cuando uno piensa en un acto terrorista piensa en el atentado de Atocha del 11-M, en las Torres Gemelas o en los recientes ataques con camiones en Niza y Berlín. ¿Y los dos actos mencionados al principio?

Para más inri, el motivo seguramente sea que odian nuestro estilo de vida, o que quieren convertirnos al Islam. A poca gente se le pasará por la cabeza pensar en que hay motivos políticos detrás del terrorismo(además, ya vimos la reacción mediática general cuando Pablo Iglesias dijo que la cuestión de ETA era política).

Pero, ¿qué es el terrorismo?

Si acudimos a la RAE, terrorismo queda definido como: 1. Dominación por el terror 2. 3. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos. A nivel personal y académico, tras leer numerosos artículos académicos sobre terrorismo, la definición de la RAE me parece un poco pobre. Es funcional para dar una cierta idea general, pero no es hasta el final de la tercera acepción que menciona una finalidad. Una finalidad que, además, es política.

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La guillotina, herramienta revolucionaria de la Terreur.

El término terrorismo surge con Maximilien de Robespierre, quién impuso el Terror en la Francia Revolucionaria. El objetivo de la Terreur era purgar las resistencias reaccionarias a los cambios promovidos por la revolución. Como tal, la Terreur tenía una connotación positiva, parecido a la extirpación de un cáncer. Tras la restauración Borbónica, tanto en Francia como en el resto del mundo el término terrorismo pasó a adquirir connotaciones negativas, de tiranía y abuso de poder. No es hasta mediados del siglo XIX, con el socialista Pisacane y también con los anarquistas anti-zaristas rusos, que el terrorismo vuelve a tener una connotación positiva: para éstos la violencia era necesaria para informar y educar a las masas y, finalmente, ponerlas al servicio de la revolución. El terrorismo era la propaganda por el hecho: tirar una piedra o matar a un aristócrata era más efectivo que escribir un manifesto. Con los totalitarismos del siglo XX terrorismo vuelve a tener una connotación de abuso de poder, y a partir de los años sesenta, con los movimientos de liberación nacional en las colonias, empezó a cuestionarse hasta qué punto alguien que usaba las armas por una causa era un terrorista: lo que para uno es un terrorista para otro es un luchador por la libertad. En este breve repaso histórico del terrorismo me falta la connotación actual del terrorismo: gente que quiere destruir nuestro estilo de vida.

Por el título os estaréis preguntando, a estas alturas, porqué afirmo que el terrorismo no existe. Hemos visto que no tenemos una noción clara de qué es el terrorismo. A nivel legal, cada Estado y dentro de cada Estado las distintas agencias de policía e inteligencia definen el terrorismo de modo diferente. Lo que según en un Estado es un acto terrorista, a pocos kilómetros de la frontera deja de serlo. Además, entre los académicos expertos en terrorismo tampoco hay consenso al respecto de qué constituye el terrorismo. Al máximo consenso que se llega es que hay una motivación ideológica o política detrás de los atentados o de la raison d’être de la organización. Ésta parece ser la diferencia entre el crimen organizado y el terrorismo.

Dicho de otro modo, un acto terrorista es un acto violento con una motivación política. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre una protesta que se va de las manos y un atentado terrorista? ¿Qué diferencia hay entre tirotear a un grupo de Afroamericanos por ser Afroamericanos, en un lugar de culto, y ejecutar a un párroco católico, por ser católico?

Si, según Clausewitz, la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios, entonces, siguiendo la misma lógica, el terrorismo no deja de ser un movimiento político por otros medios. El terrorismo no existe, es violencia política.

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Breves pensamientos sobre la masacre de Orlando

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Después de un tiempo de inactividad por motivos académicos y lejanía -física pero también mental- con la actualidad del país, un evento mayor me da el impulso que me hacía falta para volver a escribir por aquí. Lamentablemente el evento no es nada bueno, nada que celebrar. Hablo, por supuesto, de la masacre homófoba en la discoteca Pulse de Orlando. No he hecho un seguimiento exhaustivo de la desgracia, pero en la radio esta mañana he escuchado algunas cosas que me gustaría comentar.

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Primero de todo procedo a resumir los hechos con la máxima brevedad de la que soy capaz. En la noche del sábado pasado, sobre las dos de la madrugada, en Orlando, Omar Mateen, ciudadano norteamericano de nacimiento, hijo de familia Afgana, entraba en el club Pulse, una discoteca gay, y empezaba a disparar. Al poco de empezar la masacre, el mismo Omar llamaba al 911 jurando lealtad a Estado Islámico. El asaltante compró dos armas de modo totalmente legal recientemente, aunque no se sabe si fueron utilizadas para la masacre. Además, poseía licencia de armas y de guardia de seguridad. Era empleado de G4S, una de las principales empresas de seguridad privada. Sobre las cinco de la madrugada un equipo SWAT abatía a Omar. El resultado han sido cincuenta víctimas mortales, incluyendo el mismo asaltante, y otra cincuentena de heridos entre gente que estaba en la discoteca y algún policía. Horas más tarde Estado Islámico reivindicaba la masacre como un ataque cometido por la organización.

Como ya he comentado al principio, en la radio he escuchado algunas cosas que me gustaría comentar. Siendo lunes, era de esperar escuchar a Pilar Rahola en El món a Rac1. Rahola ha comentado en la radio que si el Estado Islámico no diera alas a la épica a través de las redes sociales, gente como Omar Mateen no hubiera actuado del modo en que lo han hecho. Pese a que es cierto que organizaciones fundamentalistas justifican la violencia y a veces (parece ser que la radicalización ya no se da tanto en escuelas islámicas o mezquitas, sino a través de las redes mediante contacto con otra gente radicalizada; también se habla de auto-radicalización: no hace falta que haya un maestro, sino que el contenido en la red ya da para que uno termine justificando la violencia y, en algunos casos, participar de actos violentos) participan activamente en la radicalización, éstas no son el principal problema. Si hay individuos que caen en estas redes es porqué las otras instituciones que suelen dar significado a la vida han fallado. El problema no es tanto que EI de alas con su épica a que jóvenes se radicalicen y cometan atrocidades como esta, sino que a las instituciones que tradicionalmente daban sentido a la vida de los jóvenes cada vez les cuesta más dar sentido a un particular grupo de población. Esta cuestión se ha abordado desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, Huntington en su ‘Clash of Civilizations’ alertaba que, debido a la caída del muro de Berlín y a la falta de alternativas convincentes a la democracia y los postulados liberales, la gente en países del tercer mundo, en especial en el Norte de África y en Oriente Medio, viraría hacia la religión con más fervor*. Aunque es fácil decirlo, parece no serlo tanto implementarlo. Evidentemente ni yo tengo suficiente conocimiento, ni este es un espacio adecuado para desarrollar la materia, pero la idea queda bastante clara.

Otro aspecto a tener en cuenta es que a Omar no se le conocen afiliaciones a organizaciones -no ha sido hasta que ha llamado al 911 que ha jurado lealtad a EI, y éste se ha enterado por las noticias de lo sucedido- ni demasiados contactos con otros yihadistas u otra gente radicalizada. Es lo que en la prensa llaman ‘lobo solitario’ y que suponen un reto considerable para los servicios de inteligencia. Es muy difícil detectar a esta gente antes de que cometan dichas atrocidades. Gente operando por su cuenta, sin vinculación directa con ninguna organización puede hacer mucho daño, sobre todo atentando contra ‘soft targets’ (objetivos blandos), para los que no necesitan mucha logística, materiales, ni entrenamiento ni conocimientos previos.

Un elemento a destacar es que fuera un trabajador de la empresa de seguridad G4S, la cual tiene una rama especializada en inteligencia. Es alarmante que habiendo sido éste hombre sospechoso de ser yihadista e investigado por el FBI, G4S no lo supiera, o no hubiera tomado medidas al respecto.

También me gustaría hacer mención a la frecuente confusión de Estado Islámico, yihadistas y Talibán. Pese a que los primeros y los últimos son organizaciones fundamentalistas, no son organizaciones comparables y, de hecho, luchan entre sí. Vincular la masacre, reivindicada por Estado Islámico, con palabras del padre del asaltante en apoyo a los Talibán es un acto de peligrosa ignorancia. Hay que tener claro en todo momento que Estado Islámico es una de muchas organizaciones fundamentalistas, pero que no todas ellas son iguales. No comparten métodos y no comparten objetivos. Estado Islámico, no me cansaré de decirlo, es una organización cuyo principal objetivo es establecer un estado-nación acorde con los preceptos de Mahoma, un califato, pero de un modo más pragmático que Al-Qaeda, organización que esperaba que, mediante la debilitación de Occidente, de repente se produciría el llamado califato universal. El Estado Islámico se ha basado principalmente en Siria e Iraq, recientemente se ha aprovechado de la situación en Libia para implementarse en el norte de África, y ha empezado a atentar -y reivindicar atentados que células independientes o individuos por su cuenta cometen- cuando han empezado a sufrir derrotas en Iraq y Siria.

La última cosa que me gustaría comentar es respecto a la Guerra Contra el Terrorismo y también de la conocida laxitud de Estados Unidas respecto a la posesión de armas de fuego. Respecto a lo primero,  es de esperar que si empiezas a utilizar tácticas de guerra (así como una policía cada vez más militarizada) para luchar contra el terrorismo, éste utilizará unas tácticas similares. Pese a que cada vez se mezclan más las funciones de un cuerpo y otro, el anti-terrorismo ha sido tradicionalmente parte de la policía y los servicios de inteligencia, no tanto del ejército. Respecto a lo segundo, creo que en este caso el fácil acceso a las armas es secundario. Aún así, nunca entenderé el porqué uno puede, legalmente, comprar armamento de calibre militar o armas automáticas.


*Deseo dejar claro que no tomo las palabras o pensamientos de Huntington como certeros. De hecho, no estoy de acuerdo con sus tesis, pero no deja de ser cierto que él ya avisaba de posibles razones para un giro hacia lo religioso, cuando a lo largo del siglo XX el tema fue principalmente ideológico.