¿Botifler por no querer a Mas como President?

Pretendía hacer un análisis de las elecciones del pasado 27, pero hoy en día todo va tan rápido que, tan sólo tres días después, todo lo que uno pudiera decir ya deja de ser relevante por estar desfasado. Ahora lo que parece estar en boca de todos es la posible investidura o no de Artur Mas, para lo cual hacen falta los votos de las CUP, pero que estos ya han anunciado que por ahí no va a ir la cosa.

En estos tres días hemos visto muchas cosas, algunas de las cuales ya predije en mi anterior entrada a éste blog, aunque tampoco hacía falta ser un gran adivino para verlas venir. Los partidos independentistas consiguen mayoría absoluta con 72 escaños. Los anti-independentistas consiguen 52, y entre medio, con 16, los diputados de CSQEP, que día tras día dicen que sus votos no pueden contarse como independentistas, pero tampoco como anti-independentistas.

En escaños no hay mucha discusión. Miremos los votos: CUP y JxSí suman un nada desdeñable 48%, la única discusión al respecto es si es una mayoría suficiente para iniciar un proceso de secesión, ya sea pactado o unilateral; PP, C’s y PSC suman 39%; y el 13% restante lo componen CSQEP, UDC, PACMA, votos en blanco y hasta el Partido Pirata. Estos resultados han tenido a los tertulianos y opinólogos profesionales entretenidos, discutiendo cosas que a mi me parece como hablar del sexo de los ángeles. Aquí podéis encontrar un buen resumen el cual coincide enteramente con mi opinión.

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Como decía, en estos tres días ha pasado de todo, baile de cifras aparte, y de lo que más se ha hablado últimamente es si JxSí contará con el apoyo de las CUP para investir a Mas como President. La posición de las CUP es muy simple: independencia sí,  gobierno de la Generalitat de JxSí también, pero con otra figura que no sea Artur Mas. Y no lo han dicho al obtener diez escaños y la clave para la investidura del President, lo llevan diciendo de hace tiempo. A quien confunda el proceso de independencia con el señor Mas le parecerá raro, ¿acaso no era todo esto un invento suyo para tapar corruptelas?

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En la capital del reino se lo pasan genial. No les ha hecho falta ninguna estrategia de división para vencer, porqué se han dividido solos. Hasta hace una semana temían por lo que pudiera pasar y ahora disfrutan con la campaña de acoso y derribo de estos días hacia las CUP. Gente que debe haber votado a JxSí les equipara con C’s y con PP, demostrando una miopía y un partidismo brutal. ¿No era el proceso, acaso, transversal y del pueblo? Mas tiene potencial como mártir, sobretodo después de que lo hayan citado a declarar el 15-O, pero también tiene una carga que no creo conveniente si lo que queremos es un nuevo Estado, más justo y más democrático. Nadie ha exigido a Antonio Baños como President, por muy divertido que pudiera ser, sólo se exige a alguien que esté limpio y no relacionado con los tijeretazos. Si no es Mas, ¿quién, entonces? En la tertulia matutina de El Món a Rac1, mientras entrevistaban a Junqueras, ayer le comentaban que él o Romeva serían buenas opciones, pues son figuras intermedias en el eje izquierda derecha, donde las CUP están muy a la izquierda y Mas en el centro-derecha. A mi me parece bien cualquiera que el parlamento elija, pero que no tenga ni la más mínima mácula.

El caso es que por las redes, y en comentarios de periódicos on-line, he empezado a ver que se acusa a los diputados de las CUP, y supongo que también a sus votantes y miembros, de botiflers (significados aquí), lo cual, si hablamos en ‘clave del proceso’ es más dañino que sacrificar a Mas a nivel político. Hace ya mucho tiempo que se acusa a los catalanes de ser racistas hacia las gentes que, allá en los cincuenta, tuvieron que migrar desde el resto de España, y también hacia su descendencia, los mundialmente conocidos xarnegos una casta inferior para los catalanes, siempre según la prensa radicada en la capital del reino. De nada sirvió que en 1964 Paco Candel publicara un ensayo llamado Los otros catalanes, o que se lleve años considerando catalán aquel que vive, trabaja y se siente catalán.

Llamar botifler a quien tiene una postura distinta a la tuya sobre una misma cuestión -el proceso de independencia- es exactamente lo mismo que llamar a alguien facha por no pensar como tu o ser de derechas. Estas cosas sí hacen daño, y no que haya una cara visible del independenismo distinta.


#27S, ¿Catalunya Sí Que Es Pot?

catalu_a_espa_aEs 27 de setiembre y sucede que, tras dos semanas de campaña electoral, más un par más de pre-campaña, los ciudadanos españoles residentes en Cataluña van a votar. No voy a hacer ningún análisis de la campaña ni de los candidatos porqué, principalmente, no la he seguido en demasía. Me gustó el que hizo una compañera de facultad (que podréis encontrar aquí) al respecto de los candidatos. Habremos votado en libertad, como es menester, y seguramente habremos votado más que en otras ocasiones. Decir qué es lo que habremos ido a votar es harto complicado.

Una vez haya terminado el recuento de votos y se hayan asignado los escaños como es debido -sistema proporcional de representación, Ley d’Hondt mediante- empezarán las interpretaciones de los resultados. Para ser justos, deberíamos dejar todos claro de antemano cuál va a ser nuestro criterio de interpretación. Me da en la nariz que la interpretación de algunos medios será que todo lo que no sea voto pro-independencia es voto pro-status quo.

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Hay que tener en cuenta que, de las seis candidaturas que con más seguridad entrarán en el parlamento, sólo de cuatro podemos tener claro qué opción representan. Éstas cuatro candidaturas pueden dividirse en dos bloques: el soberanista, formado por Junts pel Sí y las CUP, y el constitucionalista, formado por Ciutadans y Partido Popular. Los otros dos partidos que con toda seguridad obtendrán representación parlamentaria son PSC y Catalunya Sí Que Es Pot. El PSC tienen muy clara su posición, resumida en su eslógan electoral “por una Cataluña mejor dentro de una España diferente”: quieren ir hacia una relación federal, pese a que su máximo exponente, lamentablemente, ya ni se acuerde. Y Catalunya Sí Que Es Pot, la plataforma integrada por Podemos e ICV, quieren que los catalanes decidan su futuro, pero mediante un referéndum acordado con el Estado. En realidad tienen más claro que es lo que no quieren: una Cataluña, independiente o no, gobernada por el sr. Mas.

Como estos comicios son para elegir el parlamento catalán, lo que es lógico es que se contabilicen escaños. En este sentido, la intepretación debería ir tal que así:

  • Los escaños obtenidos por JxS más la CUP deberían interpretarse como partidarios de la independencia.
  • Los escaños obtenidos por PP más C’s deberían interpretarse como los partidarios del status quo o incluso de la reducción de autonomía. Es importante remarcar que sólo los escaños de estos dos partidos representarán dicha opción.
  • Los escaños obtenidos por PSC deberían contabilizarse como los partidarios de una reforma federal, por muy tarde que ésta llegue, o por mucho que en el resto del PSOE no terminen de creérselo.

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Y, ¿cómo interpretamos los escaños obtenidos por CSQEP? Pues francamente, no lo sé. Entre sus filas hay independentistas -el mismo Rabell- pero no parece que quieran ser contados como tal. Pablo Iglesias y la cúpula de Podemos han dicho por activa y por pasiva -con clara intención electoral más que como análisis politológico- que en estas elecciones había tres opciones (la casta de Mas, la casta del PP+PSOE+C’s o la fuerza del cambio encarnada en su candidatura) obviando a las CUP, su rival en la izquierda en lo que a cambio se refiere. En ICV hay independentistas, pero no a cualquier precio, una Cataluña en manos de Mas y compañía es peor que una España dónde aún hay esperanzas para algunos, y recordemos que Pujol gobernó durante veintitrés años.

Debido a la doctrina de partido, se permite que haya coerciones internas -mediante multas y otras sanciones- para garantizar el voto en bloque de todos los representantes del mismo partido. La gran pregunta es si los diputados de CSQEP tendrán libertad para votar, si habrá doctrina de partido o si, pese haberla, habrá diputados rebeldes.

En caso de que haya versos sueltos, me planteo el siguiente escenario hipotético: Junts pel Sí, sin mayoría absoluta tal como pronostican la mayoría de encuestas, deberían recurrir a los votos de las CUP con tal de investir a un presidente en primera instancia -se requiere mayoría absoluta-; pero dicha formación ha dejado claro por activa y por pasiva que no investirían a Mas como President, dejando la puerta abierta a votar a favor de algún otro candidato -¿una presidencia de Romeva o Junqueras o ambos?- a cambio de concesiones de carácter social, a lo cual podría añadirse algun verso suelto de CSQEP dentro de las filas del separatismo.

La gran incógnita es, en definitiva, cómo deberán interpretarse los resultados obtenidos por Catalunya Sí Que Es Pot.


El independentismo y la izquierda

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En estas líneas que hoy escribo espero poder hacer entender por qué uno puede ser de izquierdas e independentista, como lo han sido numerosos movimientos secesionistas a lo largo de la historia, y aún lo son varios partidos en Europa. Mi tesis se resume tal que así: no hay incompatibilidad alguna entre estas dos ideas puesto que no todas las razones para independizarse tienen que ver con criterios étnico-raciales; de hecho, desde una perspectiva izquierdista, la independencia ofrece la posibilidad de crear un nuevo futuro, más justo y democrático, con el centro de toma decisiones más cercano a la sociedad; además, no hay razón alguna para suponer que la independencia de Cataluña vaya en detrimento de la gente más necesitada en otros lugares.

Hoy es ‘Onze de setembre’, ‘diada nacional’ de Cataluña e inicio de campaña para los comicios del 27-S. Como ya ha sucedido en los años anteriores, el periódico ‘La Razón’ hace un peculiar seguimiento, no me quiero ya ni imaginar medios de información como ‘Intereconomía’ o ’13TV’.

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En ‘El País’ no son especialmente más comprensivos, ni tampoco en el PSOE ni en PODEMOS, pese a que estos últimos se llenaran la boca defendiendo que los catalanes tengan derecho a decidir, o una suerte de federalismo que nadie termina de creerse. Pero lo que me ha molestado e impulsado a escribir estas líneas ha sido una opinión de Pau Luque Sánchez, doctor en filosofía e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, en ‘El País’, donde afirma que es incongruente ser de izquierdas e independentista. Groso modo, como ser de izquierdas quiere decir buscar la emancipación del más desfavorecido, pretender la independencia de un territorio es contrario a la izquierda, porque excluyes a todos aquellos desfavorecidos fuera del territorio que se quiere secesionar. Para más inri, añade que el proceso debería ir hacia la eliminación de las fronteras, no hacia la creación de estas -es otro tema interesante y da para mucho, así que ya daré mi opinión al respecto otro día- demostrando una peculiar miopía, como si una frontera fuera, por definición, una alambrada coronada de concertinas para dificultar el paso a la gente pobre. La opinión de Pau es una gota más en un océano de negaciones publicadas por ‘El País’ para negar algo muy razonable y legítimo como es poder decidir desde donde quiere uno ser gobernado, o qué parlamento y ejecutivo son los encargados de representar sus intereses y gobernar en consecuencia.

No nos engañemos, dentro de esta amalgama que son los independentistas los habrá que quieran un Estado por motivos étnicos y nacionales, una suerte de Israel en la orilla occidental del Mediterráneo, pero no son estos los de izquierdas. Los que somos de izquierdas, como bien dice Pau en su columna, queremos la independencia para poder tener un país más justo. Y esta justicia no se traslada únicamente en tener unos mejores servicios sociales, algo que el actual status quo no garantiza –ni con Más ni con España- sino, también, en algo más básico: queremos desplazar el centro de toma de decisiones de Madrid a Barcelona, para presupuestos, para revaluación, pero también para decidir cuestiones básicas de cualquier Estado, como el tipo de fuerzas armadas que se quieren, en caso de quererla, a quién se da asistencia médica o para regatear o no a cuántos refugiados sirios podemos ayudar. En otras palabras, no queremos que nuestra ley suprema –la suerte de constitución que es el Estatuto de Autonomía- sea vetado, recortado y aprobado en Madrid, cuando ya pasó todo trámite parlamentario en Barcelona.

La-vicepresidenta-Soraya-Saenz_54373134662_54028874188_960_639Si alguien quiere argumentar, como Soraya Sáenz de Santamaría, que España es el segundo país más descentralizado del mundo, sólo después de Canadá, habrá que recordar que es sólo en la gestión de los recursos, no en cómo se ordena y rige territorialmente.

Por eso las supuestas incompatibilidades que el señor Pau comenta no tienen mucho sentido. No hay relación alguna entre querer tener las herramientas de un Estado a tu disposición y la falta de solidaridad con el resto de clases o pueblos desfavorecidos. Lo que hay es un tremendo respeto por las decisiones que cada cual toma. ¿Os imagináis la reacción que generaría entre la izquierda el que un líder europeo dijera a un líder africano qué debe hacer dentro de su Estado? ¿O que una potencia extranjera intervenga en otro país?

En el imaginario colectivo, ser de izquierdas debería incluir el respeto por las decisiones que otros toman y, sobretodo, no meterte a decidir por otros. Los hay que dicen que es incongruente querer poner una frontera entre Cataluña y España cuando lo que debería buscarse es la unión con Portugal. A esas cabezas pensantes de izquierdas les pregunto: ¿Entonces la Unión Europea es vuestro objetivo y no le tenéis ninguna crítica?

Consciente de la longitud de estas líneas, quisiera terminar, pero no sin antes dejar constancia de las palabras de Pablo Iglesias el día 9 de septiembre en Rubí. Siguiendo el hilo de lo que decía en el anterior párrafo, ¿cuán de izquierdas es decirle a otro qué debe votar en función de su origen o el de su familia?

Pau, Pablo, si lo que vais a hacer es campaña, decidlo abiertamente, pero sed conscientes, como dijo Antonio Baños en su presentación del libro ‘La rebelión catalana’, que si hay alguna posibilidad de cambio y de progreso hacia una mayor democratización en España, esta pasa por el apoyo al derecho a decidir de los catalanes, y esto es tan fácil como poner unas urnas, hacer campaña y votar. No hace falta andarse con remilgos como hace ahora Lluís Rabell, que votó Sí-Sí el 9N, pero ahora dice que hay que hacer un referéndum pactado con el Estado, y que sino, pues ya esperaremos un poco más.

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Más parlamentarismo, más consenso.

-var-www-web.popularlibros.com-public_html-imagenes_grandes-9788434-978843440524Si habéis mirado recientemente los informativos de televisión o habéis leído periódicos, seréis conocedores de dos informaciones: el PP quiere presentar una reforma de la ley electoral para dar una ‘prima al vencedor’ en las elecciones locales y, para las elecciones autonómicas del 27-S Artur Mas y Oriol Junqueras formarán parte de una candidatura unitaria en la que el cabeza de lista es el exeurodiputado ecosocialista Raül Romeva. Estos dos hechos han generado una serie de opiniones al respecto, ya sea de periodistas, tertulianos u otros políticos, que me han obligado a tener que hacer una explicación y defensa del sistema parlamentario de carácter consensual.

¿Qué es una democracia parlamentaria consensual?

Una democracia parlamentaria es aquella en la que los ciudadanos eligen el parlamento –en elecciones legislativas- y los diputados democráticamente electos eligen quién debe encabezar el gobierno formado por un Primer Ministro. El caso más ejemplar es Reino Unido, pero también lo es España, pese a que aquí le llamemos Presidente del Gobierno. Lo opuesto, hablando de democracias, serían los sistemas presidencialistas, donde los ciudadanos votan la composición del parlamento por un lado, y por otro la presidencia del país, como en Estados Unidos. Como consecuencia, en los sistemas parlamentarios no existe una clara separación entre los poderes legislativo y ejecutivo.

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Extraído de ‘Modelos de democracia’ de Arend Lijphart, Ariel, Barcelona 2012. En el eje vertical, cuanto más arriba, más unitario es el Estado, cuanto más abajo, más descentralizado. En el eje horizontal, cuanto más a la izquierda, más consensual es la democracia, cuanto más a la derecha, más mayoritaria.

Pero democracias parlamentarias hay de dos tipos: consensuales y mayoritarias. En función de varios factores (en Modelos de democracia Lijphart toma en consideración diez variables: número efectivo de partidos parlamentarios, gabinetes ganadores mínimos de un solo partido, dominio del ejecutivo, desproporcionalidad electoral, pluralismo de los grupos de interés, federalismo-descentralización, bicameralismo, rigidez constitucional, revisión judicial e independencia del banco central) las democracias pueden definirse o bien como democracia consensual o mayoritaria. Países como Reino Unido, Estados Unidos o Francia son mayoritarios, mientras que países como los Escandinavos, Israel o Suiza son consensuales.

España es una democracia parlamentaria mayoritaria. Esto es debido a que el sistema electoral, pese a ser proporcional (los escaños que salen de cada circunscripción se reparten de forma proporcional en función del número de votos que saque cada partido) tiene una corrección mayoritaria, lo cual ha favorecido –de hecho ya se pensó así en su momento- gobiernos monocolor y mayorías absolutas, lo cual favorece la aprobación de leyes por parte de pocos partidos (bien es verdad que, al disponer mayoría de escaños –es decir, mayor representación del pueblo soberano- , pueden hacerlo con toda legitimidad).

La reforma del PP

El PP ya anunció el año pasado que tenía intención de modificar la ley electoral para las elecciones municipales, instaurando correcciones para evitar que gobierne una lista que no sea la más votada. Para conseguir tal efecto han propuesto varias medidas. Por ejemplo, que en caso de que ningún partido haya obtenido el 40% de los votos, se dirima quién debe gobernar con una segunda vuelta –como en Francia-, o que tenga que gobernar la lista más votada, aunque exista un pacto entre el resto de partidos que, sumando sus concejales, tengan mayoría, o dando una prima de concejales al partido que más votos obtenga. Todas estas medidas van en una clara dirección: los sistemas mayoritarios. Esto es de especial relevancia puesto que Rafael Hernando, portavoz en el Parlamento del PP, de un modo totalmente orwelliano, dice que dichas propuestas son para acercar la democracia al pueblo, para que el ciudadano tenga mayor poder de decisión.

El sistema actual en España es el parlamentario. Así lo estipula la constitución y, por tanto, quien se encarga de elegir la presidencia del Gobierno o la alcaldía de los Ayuntamientos son los diputados y concejales. El parlamentarismo consensual, además, es más justo en términos de representatividad, y los gobiernos formados por coaliciones –si bien no está la costumbre asentada en el país- representan mejor a los ciudadanos, haciendo que su acción de gobierno sea –hablamos en teoría- más justa y en nombre de más ciudadanos que si el gobierno es monocolor y elegido por un 30% de la población.

La lista unitaria

Al ser el sistema parlamentario, los elegibles por cada partido se presentan en listas que los ciudadanos votan. Que las listas sean cerradas y bloqueadas es una queja habitual entre los sectores de izquierdas que piden una mayor democratización –y razón no les falta- pero esto no quita que el método de elección para los representantes del pueblo sea democrático y legítimo. En España todas las elecciones que hay son para elegir representantes del pueblo, ya sea en Ayuntamientos, Parlamentos Autonómicos o las Cortes Generales, divididas entre el Congreso de los Diputados y el Senado. De este modo, aunque durante la campaña electoral se pida el voto por uno u otro candidato, siempre con nombres propios y retratos, en realidad lo que el ciudadano hace es elegir quién le representará en el parlamento. En España ha habido siempre una tendencia a hacer campañas de carácter presidencialista, algo bastante normal si entendemos que el ciudadano empatizará más con un rostro que con unas siglas.

Como ya dije, en la candidatura unitaria ‘Junts pel sí’, el cabeza de lista es Raül Romeva, seguido de Carme Forcadell, Muriel Casals, y ya en cuarto y quinto lugar, Artur Mas y Oriol Junqueras. Es previsible que, en caso de obtener escaños suficientes para formar gobierno, este sea presidido por Artur Mas, cosa que a Joan Herrera, actual líder de Iniciativa per Catalunya, le parece antinatural. Quizás habría que recordarle al líder ecosocialista que el parlamentarismo no estipula que quien deba gobernar sea el cabeza de lista de la lista ganadora, sino aquél que reciba el voto favorable de una mayoría de diputados.

¿Por qué un parlamentarismo consensual?

Ya desde antes de las manifestaciones y acampadas populares del 11-M sectores en la izquierda han reclamado una mayor democracia, habitualmente pidiendo una reforma de la ley electoral para que las listas electorales dejen de ser cerradas y bloqueadas, cambiando la Ley d’Hondt por otro método correctivo de carácter más proporcional, todo ello para que los sistemas de representación del pueblo sean más plurales y acordes con las preferencias de los electores –como anécdota: que Izquierda Unida, con más de un millón y medio de sufragios obtenga ocho diputados, mientras que CiU, con medio millón menos obtenga el doble, es cuanto menos peculiar. Con el tiempo, otras propuestas –que también hacía tiempo que corrían por el panorama político español- han ganado también más visibilidad, como por ejemplo los movimientos asamblearios –los cuales no son de mi especial devoción.

El caso, para terminar esta extensa entrada, es que, cuando se trata de sistemas parlamentarios, los modelos consensuales son superiores a los modelos mayoritarios en cuanto a representatividad, proporcionalidad y democratización. Todo modelo tiene virtudes y defectos, y sin duda uno de los defectos de los modelos consensuales es la falta de rendimiento de cuentas de los diputados, si lo comparamos con los sistemas mayoritarios, y también, quizás, una mayor dificultad para gobernar, aunque esto no termine de estar del todo claro para Lijphart.

Lo deseable en pro de la democracia sería que todo parlamento, ya sea municipal, autonómico o Estatal tuviera una proporcional representación de los escaños respecto a lo que el electorado ha elegido y que, si nadie obtiene mayoría suficiente para gobernar en solitario, se vean obligados a convivir y a formar un gobierno de coalición. Lo importante no debería ser la implementación del programa electoral a toda costa, sino que toda acción de gobierno cuente con el mayor apoyo de la población. Las correcciones mayoritarias que el PP tiene en mente van, precisamente, en contra de esta mayor democratización.


Populisme

A hores d’ara deu ser Katz_113x170_df.qxdbastant inútil i contraproduent publicar res que no estigui directament relacionat amb el resultat –contundent com ell sol- del referèndum grec. No el faig aquí, i tampoc sé si el faré enlloc. Avui parlaré sobre el populisme, fenomen creixent a tot el món, però especialment al sud d’Europa, cridat a dominar l’escena política durant les pròximes dècades. El que avui desgranaré aquí és en base a un fantàstic assaig del politòleg italià Loris Zanatta, El populismo.

El terme ‘populisme’ o ‘populista’ venim sentint-lo des de ben petits, de fet, des de sempre. S’utilitza de forma despectiva, i molt rarament algú –o algun moviment- s’identifica com a tal. És, aquí i ara, essencialment un terme negatiu. Però, què és el populisme? La RAE no n’ofereix cap definició, i la del DIEC és insuficient:

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1 m. [LC] Corrent ideològic, polític, etc., que vol defensar els interessos i les aspiracions del poble.
2 m. [LC] Aprofitament demagògic de les aspiracions del poble per a obtenir un benefici.

Qualsevol partit polític amb uns mínims d’aspiracions democràtiques encaixa en aquesta definició. No ens és útil. Per a esbrinar la resposta a la pregunta, Zanetta passa a estudiar tots els moviments que, típicament, s’han considerat populistes, per tal de trobar-hi punts en comú. A diferència d’altres autors, que diferencien populismes de dreta dels d’esquerra, els actuals dels de dècades anteriors, per a Zanetta tots els populismes són iguals, doncs es basen en un seguit d’idees forçament arrelades en el si d’aquests moviments. Aquestes idees conformen un nucli dur, identificable tant en moviments populistes actuals com en aquells més clàssics, com el peronisme argentí, el feixisme italià o el nacional-catolicisme franquista.

El primer tret distintiu que conforma aquest nucli dur és una visió orgànica de la societat, holística i també corporativista. En l’imaginari d’aquests moviments, les societats són similars a organismes vius, amb cada part realitzant la seva tasca natural. Quan alguna cosa no rutlla significa que el cos està malalt. Rarament els nostres cossos emmalalteixen degut a factors interns, i en els populismes passa el mateix. A més, el poble és homogeni i eminentment virtuós,i seguint la lògica maniquea que impregna aquests moviment, tot aquell que actuï en contra del poble o no sigui virtuós no pot formar-hi part d’aquest organisme. Els populismes són maniqueus i altament polaritzadors. Utilitzen retòrica altament demagògica i amb llenguatge planer, fàcilment identificable com a part del poble. Els líders, a més, són carismàtics, capaços de mobilitzar masses.

No pot entendre’s el populisme sense les forces disgregadores de la modernitat. Les dues grans revolucions de la modernitat van ser la liberal il·lustrada i la industrial. Aquests dos elements han comportat profunds canvis al si de la societat: han fomentat, entre altres, l’individualisme i el pluralisme. Com a conseqüència  de la revolució liberal, els Estats –primer les repúbliques i més tard les monarquies parlamentàries- van dotar-se d’institucions per a representar els interessos del ‘poble’. Aquesta institució ha estat el parlament, institució que els populismes acostumen a no tenir en gaire estima i respecte, doncs no creuen que representi eficaçment els interessos del que ells entenen per poble. Aquest és un fenomen que podem categoritzar com anti-modern, que alhora és una altra característica dels populismes. Els populismes cerquen la unitat i la unanimitat, l’homogeneïtat. Com és evident, la conseqüència d’això és el menyspreu cap al pluralisme i la individualitat.

Fins ara tenim, com a nocions bàsiques de tot populisme, la unitat i homogeneïtat del poble, assimilable sempre a un organisme viu, amb líders carismàtics al capdavant, i el menyspreu cap als fruits de la modernitat. Li hem de sumar un altre element: tendeixen a apel·lar una anterior unitat harmoniosa del poble que, per motius externs, s’ha perdut. Aquests motius externs no sempre són els mateixos, i depenen, sobretot, de la tendència ideològica del moviment en qüestió. Tradicionalment les fonts de disgregació són la globalització i les seves conseqüències –crisi econòmica, migració, disparitat de rentes, multiculturalisme- però també ho són la forta corrupció –els corruptes no són virtuosos i, per tant, no formen par del poble-, sistemes de representació obsolets que s’empenyen en perpetuar-se –com l’Espanya actual, però també la Veneçuela anterior a Chávez, o la Itàlia de Berlusconi fa una dècada, o la de Beppe Grillo en l’actualitat- o economies, democràcies o institucions segrestades per elits. Tots aquests anteriors elements –maniqueisme, societat entesa com a organismes vius, rebuig als sistemes de representació liberal, menyspreu al pluralisme i a l’individualisme- fa que, amb freqüència, aquests moviments siguin de tendència autoritària. Aquest autoritarisme no entra en conflicte, dins de la seva pròpia lògica, amb els reclams de retorn de la sobirania nacional: aquells que se’ls oposen no formen part del poble i, per tant, no tenen poder de decisió; a més, el poble és homogeni i fàcilment identificable en el líder, per tant, és ell qui ha de decidir, i a més ho farà correctament, independentment de que hi hagi oposició.

Però, tot i que els moviments populistes des de fa un parell de segles s’han anat produint arreu, no sempre han triomfat. Per a que els moviments populistes sorgeixin i s’assentin fan falta un seguit de condicions. Una característica habitual és el ser una zona perifèrica a les dos grans revolucions anteriorment esmentades: allà on els populismes triomfen, el constitucionalisme liberal i la industrialització van arribar tard, i no s’han acabat d’assentar. És necessari, també, que a l’imaginari col·lectiu hi hagi certes nocions d’unitat i d’homogeneïtat. Aquest últim element és fàcil de reconèixer en societats tradicionalment catòliques, força comunitàries, com ho poden ser Espanya o Itàlia, però també les societats gregues i russes –tot i que en el seu cas són ortodoxos- i també per tota l’Amèrica llatina.

Tot i que Zanetta no fa una distinció entre populismes, neopopulismes i moviments de dretes i d’esquerres, sí fa una matisació al respecte del sorgiment d’aquests moviments en Estats amb institucions fortes, com poden ser-ho Espanya o Itàlia. En aquests països, habitualment, els moviments populistes no són tan reaccionaris a les institucions liberals, sovint formant-ne part d’elles i rebaixant també la càrrega autoritària.

Deia al principi que els populismes estan cridats a dominar l’escena política arreu durant les pròximes dècades. Principalment per dos motius: tots els elements que he esmentat es donen en gran quantitat de països i, a més, les anàlisis que actualment fan aquests moviments sobre l’actual situació no van gaire allunyats de la realitat. L’actual pèrdua de sobirania dels estats en favor d’institucions no democràtiques i amb una clara falta de rendició de comptes no és la conspiració judeo-maçònica socialista internacional que diversos populismes han fet servir com a enemic per a mobilitzar a les masses.

Evidentment, si tenim tots els números per a que sorgeixin nous populismes, algú es preguntarà si algun dels moviments que han sorgit a l’Estat espanyol com a conseqüència de la crisi econòmica i la pèrdua de legitimitat dels dos grans partits tradicionals poden ser populistes. La meva resposta és afirmativa, tot i que amb matisos. Les forces populistes a Espanya, representades a l’esquerra per Podemos i a la dreta per Ciutadans, no són moviments totalment populistes, com sovint volen fer-nos creure certs mitjans de comunicació. Pablo Iglesias no és Chávez, ni Podemos és un moviment chavista. Si aquests moviments tenen cada cop més adeptes és perquè fan anàlisis correctes de l’actual situació, ofereixen esperances de canvi i, sobretot, la nostra societat tendeix cap a aquests fenòmens.


Silbidos, caricaturas y desnudez. Tres ejemplos de libertad.

Hablar sobre lo que pretendo yo hoy es complicado. En mi mente tengo las ideas bastante claras, pero escribirlas no ha resultado tan sencillo como esperaba. Hablar de la libertad, de forma seria, es algo complicado, pues numerosos factores entran en juego y, evidentemente, lo que filósofos no han aclarado en libros enteros no lo explicaré yo en una entrada de un blog. No soy yo la clase de personas que tiene una idea o un modelo de sociedad y pretende obligar al resto. Al contrario, debido al respeto a la libertad y a las personas, creo que lo ideal serían unos marcos, esquemas, que permitieran una amplia libertad igual para todos. Pondré tres ejemplos en los que pienso que lo sensato sería respetar la libertad de cada uno, y los pondré a sabiendas que no todo el mundo estará de acuerdo conmigo. Estos tres ejemplos son las pitadas a los himnos, las caricaturas de Mahoma y el ir (semi)desnudo por la calle.

El pasado sábado 30 de mayo se disputó la final de la Copa del Rey de fútbol entre el FC Barcelona y el Athletic Club de Bilbao. Como era de esperar, al sonar el himno español previo al partido, este fue sobradamente pitado, hasta el punto en que (en la emisión de TV3) el himno apenas podía intuirse. No han faltado los periodistas, tertulianos y opinólogos profesionales, expresando su apoyo a la libertad de cada cual de pitar los himnos, pero también aquellos a los que les ha salido la bilis y han llegado a pedir sanciones contra los individuos que pitaron al Rey o a los clubes, por no hacer nada, o asociaciones que lo hayan promovido. Evidentemente, creo que sancionar un ejercicio de expresión como puede ser pitar un himno o institución, por muy símbolo de la Nación que sea, está fuera de lugar. Si bien Floriano juzga horrorosa dicha acción (que está en su pleno derecho) porqué son símbolos que nos representan a todos, precisamente porqué dicha representación no ha sido consultada a los representados, no veo problema alguno en protestar mediante silbidos. El problema con los símbolos nacionales del Estado español, como su bandera, himno y jefe del Estado, es que no son excesivamente democráticos: el rey no ha sido elegido para su cargo, la bandera y el himno no cuentan con el apoyo de todas las naciones que forman parte de España y, por tanto, no representan a la totalidad de su población. Evidentemente puede ofender que a uno le piten su himno, pero, como en muchas otras situaciones en la vida, a veces no hay más que aguantarse. Pero al igual que el que no está conforme lo silba, el que sí está conforme lo aplaude y, por tanto, no veo cual es el sentido de querer prohibir que se silbe por el hecho de ofender.

Las caricaturas de Mahoma han sido polémicas y han traído alguna que otra amenaza y alguna que otra muerte. No es un fenómeno exclusivo del Islam.  La revista El Jueves dibujó al actual Rey con su mujer, cuando todavía eran príncipes, teniendo sexo con la intención de obtener una ayuda económica para sus hijos –sí, el polémico cheque bebé de Zapatero. También ha habido quejas entre comunidades católicas (muy, muy católicas) por caricaturas del Papa, de Obispos y por satirizar sobre la pedofilia y el excesivo ímpetu de los pro-vida en defender su posición. Pretender prohibir una caricatura, o realizar amenazas contra las personas que las hacen, es algo muy peligroso. Al hacerlo uno (o una comunidad) asumeque hay algo extremadamente sagrado y que, por tanto, nadie puede mancillarlo. Entiendo a la perfección que dentro de cada una de estas comunidades se ofendan y prohíban a sus miembros dichas acciones que mancillan aquello que para ellos es sagrado, pero deberíamos entender que extender dicha prohibición a aquellos que no forman parte de la comunidad es algo reprobable. La literatura es un buen ejemplo de ello. Autores como Salman Rushdie han sido amenazados de muerte por escribir libros como Los versos satánicos, en cuyas páginas se ofrece una descripción poco ortodoxa del profeta Mahoma. Libros como Lolita de Nabokov, Trópico de Cancer, de Henry Miller o El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger han sido censurados y prohibidos por ofender la moral pública. ¿A quién puede ofender que alguien cuente historias donde hay sexo, sodomía, pedofilia o lenguaje barriobajero? Evidentemente, estos libros no han ofendido a sus lectores, han ofendido a otros, que a su vez han pretendido que nadie pueda leerlos. Evidentemente, a día de hoy en los países occidentales poca gente hay que pida la censura de libros, pero no todo el mundo fue igual de contundente cuando mataron a los caricaturistas del semanario satírico Charlie Hebdo. Un par de ejemplos más: ¿qué opinaríais de que se prohibieran libros como Manifiesto comunista de Marx y Engels, o Anarquía, Estado y Utopía de Robert Nozick? El segundo dudo que se prohibiera en los Estados Unidos, pero el primero lo llegó a estar.

Finalmente, y quizás el tema más polémico, la desnudez en la vía pública. En Barcelona, hace años, se podía andar desnudo por la calle. Mi tío tiene la foto de un hombre que paseaba por Portaferrissa, desnudo salvo por los zapatos, con unos calzoncillos rojos tatuados y una piercing en el pene. Finalmente, el Ayuntamiento de Barcelona, por quejas de los comerciantes –sobretodo restaurantes- prohibió la desnudez o semidesnudez en la vía pública, excepto en las playas. Mucha gente opinará que es ofensivo, porqué nadie tiene porqué ver la desnudez de otra persona –mucho menos si hay niños delante, y el desnudo va con un trozo de metal colgado ahí abajo- pero no es este mi caso. Asumamos que el criterio “es ofensivo” es válido para prohibir a alguien ir por la calle como le plazca. ¿Qué sucede si a alguien le ofenden los tatuajes o los piercings, por set antinaturales? Todos entendemos que dicha prohibición es absurda, estoy seguro. Y si a alguien le ofende que dos personas homosexuales se besen y vayan de la mano por la calle, ¿habría que prohibirlo? Evidentemente que no. Alguien podría decirme que estoy mezclando churras con merinas, no es lo mismo enseñar un tatuaje o hacer una muestra pública de afecto que ir desnudo por la calle. Pero el siguiente ejemplo es más puñetero. ¿Qué sucede si alguien decide ir con ropa totalmente transparente y sin ropa interior? ¿O con esas camisetas de mallas que no ocultan nada excepto aquellas partes del cuerpo tapadas por las costuras? Si la desnudez en público debe ser prohibida, estas dos prendas también deberían prohibirse, pero las personas que las visten no irían desnudas.

Preguntémonos lo siguiente: ¿es la ofensa personal motivo suficiente para alterar la conducta de otros? Buscad algo vuestro que pudiera molestar a alguien (la barba, la falta de estilo vistiendo, el estado de la ropa, piercings, tatuajes, peinados, etc.), ¿estaríais de acuerdo con que se os prohibiera llevarlo?

Como decía al inicio, soy partidario de buscar un esquema de libertades que sea el más amplio posible e igual para todos y, a su vez, soy partidario de la total libertad en los tres casos. Que algo me ofenda a título personal no debería ser razón para que se prohibiera y, del mismo modo que pienso esto sobre aquello que me molesta, espero que el resto de gente tenga un respeto similar por la libertad de otros, ya sea ésta ejercida silbando himnos nacionales, caricaturizando aquello que pueda ser sagrado o vestir (o no) como a uno le dé la gana.


Sumisión

Nota: em refereixo a la novel·la en castellà per ser l’idioma en la que l’he llegit. També està publicada en català amb el títol Submissió.

denis-rouvreSumisión va aparèixer a les llibreries franceses el fatídic 7 de gener de 2015, el mateix dia de l’atemptat contra el setmanari satíric Charlie Hebdo (eldiario.es en parla aquí). Si afegim que la novel·la tracta una hipotètica França en que, a les eleccions presidencials de 2022, a la segona volta, l’electorat ha d’escollir entre la candidata del Front Nacional, Marine Le Pen, o el candidat del jove partit Germanor Musulmana, Mohammed Abbes, i que aquest últim és qui guanya, la polèmica ja està servida. L’altre dia al metro una senyora, al veure que llegia Sumisión, em va preguntar si estava bé. Això només m’havia passat amb l’Stieg Larsson, esperant a l’aeroport de Santiago de Compostela, amb la diferència que, en aquella ocasió, la majoria de gent que llegia esperant per a embarcar, llegia alguna de les novel·les de Millennium.

Houellebecq no ha destacat mai ni per ser moderat, ni políticament correcte, ni molt menys per importar-li el que diran, i en aquesta novel·la es nota (també és bona mostra el seu aspecte físic. A Charlie Hebdo se’n fotien). L’acusaran d’islamòfob, i segurament amb raó, però, tal com reconeix el protagonista de la seva novel·la (i, més o menys, alter ego),  és un masclista partidari de “l’ordre natural del patriarcat”. Però això tampoc ens hauria de sorprendre.

La novel·la en sí, tot i la premissa esmentada anteriorment de la elecció presidencial, pot dissecar-se en tres grans elements: els paral·lelismes amb la vida de Huysmans, la degeneració de l’individu a occident (encarnada en el protagonista), i els arguments que intenten donar versemblança a un President musulmà, islamista moderat, que acaba amb el greu problema de l’atur amb mesures tan senzilles (i sorprenentment acceptades tant per la dreta com per l’esquerra) com allunyar a la dona del món laboral. Sí, ja us havia dit que Houellebecq és un masclista.

Però hom no llegeix a Houellebecq perquè hi estigui d’acord amb el que diu. El llegeix perquè li agraden els autors que són capaços de transmetre el fàstic que sent per les societats del segle XXI, amb una certa tristor i melancolia. A Houellebecq no el consideren l’enfant terrible de la literatura francesa perquè sí. Amb altres novel·les ha guanyat importants premis, com el Goncourt, i sempre ha generat cert debat a la societat francesa. Segurament perquè el lector, sobretot el francès, deu veure una bona fotografia de la realitat, i li dol que sigui expressada amb aquest fàstic.

Sumissión no és la seva millor novel·la que hagi caigut a les meves mans (amb humilitat he de reconèixer que només he llegit Ampliación del campo de batalla i Plataforma, les quals em semblen excepcionals), però es llegeix bé, i sempre et fa dubtar i reflexionar: seria possible que l’eix esquerra-dreta deixés de ser el principal en el país en que es van originar? Un front republicà? És plausible que sigui l’islam la solució a dècades de degeneració individualista?

Publicada per Anagrama, tant en català com en castellà, la novel·la val 19.90€ i la podreu trobar aquí i aquí. També us deixo aquí una entrevista que li fan per a Babelia.


Plataforma per Catalunya

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Entre partits d’esquerra i de dreta poden haver certes similituds, com per exemple el suport al petit comerç o el rebuig a certes pràctiques, com la tauromàquia. De fet, ser d’esquerra és, en part, quelcom relatiu a la realitat social i política on hom viu. L’esquerra dels Estats Units radica en el Partit Demòcrata, però si comparem aquest partit amb qualsevol altre d’esquerres europeu, com per exemple el Partit Socialista Francès (bé, potser aquells simpatitzants del Manel Valls no ho són tant, d’esquerres) o el Partit del Treball neerlandès, no ho semblen tant d’esquerres. Les diferències augmenten molt si introduïm els partits verds a la comparació.

Algunes de les característiques dels partits de dretes són, típicament, la defensa de la tradició, l’economia de mercat (o la liberalització d’aquesta) o els valors individuals. Els de l’esquerra, per contra, solen ser els del progressisme, intervenció estatal en l’economia i valors més col·lectius. Això, però, no impossibilita que hi hagi partits o moviments d’esquerres en defensa de l’individualisme, o partits de dretes que defensin una certa intervenció en l’economia. La política no és tan senzilla ni maniquea.

Però de vegades podem trobar-nos amb partits amb propostes clarament d’esquerres, però també amb d’altres que fan que, inevitablement, s’escorin cap a la (extrema) dreta. Aquest és el cas de Plataforma per Catalunya.

PxC no enganya a ningú, i si ho fa, amb molta tristor he de dir que la culpa és més de l’enganyat que de l’enganyador. Algunes de les suposades propostes d’esquerres d’aquesta agrupació podrien ser el cinquè (educació i sanitat públics, de qualitat i sense retallades), una part del sisè (la part d’adequar els sous de càrrecs polítics als de la ciutadania), o el vuitè (millora de la situació econòmica de pensionistes i gent en situació de dependència). També podrem estar d’acord en que aquests punts són gairebé de sentit comú.New Doc_2

Però, com veiem, fan un èmfasi important en “els de casa”, la qual cosa suposa una discriminació molt lletja. No es suposa que les redistribucions s’han de realitzar d’aquells que més tenen cap a aquells que en tenen menys o gens, per tal d’aconseguir una societat més justa i corregir, així, les desigualtats? Importa l’origen de qui ha de rebre dites redistribucions? Són menys ciutadans, tot i que treballen i paguen impostos com la resta?

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La presència d’aquest partit a Catalunya, en general, em sembla greu, però en el cas de Santa Coloma, em sembla pitjor encara. Santa Coloma és una ciutat de la perifèria de Barcelona, ciutat dormitori durant el franquisme i, sobretot, receptora de tot tipus de migració. Vam passar d’unes 15.000 persones al 1950, a més de 100.000 vint anys després. Aquest creixement demogràfic va ser degut a migració provinent d’altres indrets de l’Estat, com per exemple Andalusia, Aragó, Extremadura o Galícia. Us imagineu que algú en aquella època pengés cartells com aquests?

A part del seu arxiconegut eslògan, PxC te més elements que el situen ben lluny de la centralitat. M’agradaria destacar dos elements, dues cares de la mateixa moneda: l’islamofòbia i la creu de Sant Jordi. Plataforma s’ha aliat amb el moviment neo-nazi alemany Pegida (aquí), el principal motiu del qual és frenar el que ells anomenen “islamització d’Europa”, que va resultar rellevant en les setmanes posteriors als atemptats del setmanari satíric parisenc ‘Charlie Hebdó’, i que van desinflar-se després que es descobrissin unes fotografies del seu líder disfressat de Hitler (aquí).  Sant Jordi, figura religiosa i patró, d’entre altres llocs, de Catalunya, és l’element identitari . És una contraposició curiosa, doncs Sant Jordi no és un símbol exclusiu de casa nostra (és també sant patró d’Anglaterra i Geòrgia), ni és tant europeu (nasqué , si la llegenda és certa, a Nicomèdia, a l’actual Turquia), ni és un símbol tant cristià (si bé fou martiritzat pels romans per no voler renunciar a la seva fe cristiana, és també venerat com a sant per l’Islam). Que utilitzin la creu de Sant Jordi com a estilització de la ics en el seu logotip és ofensiu per a la resta de la població que es sent catalana, independentment del seu origen. Emprar un símbol que, ens agradi més o menys per ser religiós, ens representa a tots, i forma part d’una de les tradicions més maques i de les diades més populars a Catalunya, no pot sinó ofendre a tots aquells que, com jo, ens oposem frontalment a la discriminació racial, a la religiosa i a la xenofòbia.


Cuatro líneas sobre Salvados, Rekarte e Iglesias.

Hace poco se ha emitido un más que seguro polémico capítulo de Salvados (ver aquí), el programa de documentales y entrevistas dirigido por Jordi Évole, y tengo la necesidad de compartir ciertas opiniones.

No es la primera vez que Évole hace un capítulo con polémica, me estoy acordando de ‘Operación Palace’, emitido el 23 de Febrero del año pasado, pero también me acuerdo de ‘Borrando a ETA’. Por desgracia, ETA ha sido un asunto muy importante de la historia reciente española, incluyendo episodios de guerra sucia, atentados con coches bomba, tiroteos, secuestros y ejecuciones así como también torturas y vulneraciones de la convención europea de derechos humanos (esta última aquí).

Cada vez que oigo la palabra ETA me acuerdo de la polémica que generó el que Pablo Iglesias dijera que la violencia de ETA tiene explicaciones políticas (aquí en El Mundo). Y es que, como en cualquier conflicto terrorista, las motivaciones son políticas. Decir esto no quiere decir que dichas motivaciones legitimen la violencia, es simplemente reconocer la realidad. Cada vez que un etarra armaba un coche bomba, secuestraba a alguien o tiraba del gatillo de su arma, no lo hacía por el placer de matar, en cuyo caso estaríamos tratando con una banda de homicidas sádicos, lo hacían porqué creían que, así, luchaban por liberar al País Vasco. Las siglas de la organización nos ayudan a entender esto: Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad, según Wikipedia, en la cual deposito mi confianza debido a mi total falta de conocimiento de la lengua vasca).

Además, como bien os habréis fijado los que habéis visto el programa, Rekarte hace varias referencias a la guerra. Habla de que la lógica que imperaban sus actos era la de guerra, la del enemigo, y es que esto es lo que sucede cuando un conflicto escala, que se empieza a utilizar la violencia, y llega un punto en el que lo único que deseas es eliminar al otro. Por suerte ETA anunció su abandono de la violencia en otoño de 2011 y, de momento, cumple su palabra. Pero el conflicto aún está por resolver. Recordemos que no mataban por placer, sino para conseguir unos objetivos políticos. Entre estos objetivos se encuentra el de la independencia de Euskal Herria, objetivo defendido política y pacíficamente por otras organizaciones que mucha gente se empeña en equiparar a ETA.

Con esto me gustaría dejar claras dos cosas. La primera: que alguien mate por una idea no quiere decir que dicha idea sea mala. ETA mataba por la independencia del País Vasco, pero lo erróneo era matar, no la independencia vasca. La segunda: allá dónde hay terrorismo, nada es tan sencillo como parece y, normalmente, hay explicaciones políticas, por mucho que duelan. Aquí hemos tenido a ETA, pero en Irlanda del Norte tuvieron al IRA y sus múltiples escisiones, matando por la unificación de Irlanda alejada del dominio británico.


Prostitución: habría que legalizarla?

https://www.youtube.com/watch?v=52VxD0_e44U

“Ciudatans”, como los llaman desde el partido que actualmente gobierna el Estado, ha hecho pública una propuesta, más por motivos económicos que por otros, otra vez (aquí). En este caso no es sobre el acceso a la sanidad de los migrantes sin papeles, sino sobre la prostitución, tema polémico donde los haya. Proponen legalizarla (regularizarla), haciendo que las prostitutas sean autónomas, ejerciendo en locales privados, y perseguir a las mafias.

La legalización o no de la prostitución es un tema polémico en la inmensa mayoría de países. Creer que la totalidad de las trabajadoras sexuales (también hay trabajadores sexuales) lo hacen por amor al arte es totalmente ingenuo. El proxenetismo y la trata de blancas ocurren hasta en estados tan avanzados en este tipo de materias como los Países Bajos (el vídeo de cabecera es un ejemplo). A algunas les prometen carreras profesionales como bailarinas (como vemos en el video anterior), a otras las ayudan a llegar a países desarrollados para luego extorsionarlas, amenazándolas a ellas o a sus familiares en caso de no ejercer la prostitución y pagarles a ellos (el proxenetismo parece ser cosa de hombres).

Supongo que nadie tendrá agallas de defender estas prácticas, son detestables. Pero no todas las prostitutas se dedican a ello por estos motivos. Algunas (y algunos) se ven obligados por motivos económicos, porque no pueden encontrar cualquier otro medio de proveer para sí y para los suyos los medios para vivir. En este caso entendemos que cualquier práctica que denigre a las mujeres es rechazable. Pero puede haber otras profesiones en que la gente también se vea obligada a entrar para proveer a los suyos de los medios necesarios para vivir, pero no hay tanta beligerancia como contra la prostitución. También están aquellas que son estigmatizadas, como por ejemplo drogodependientes o transexuales, que se ven obligadas a ejercer la prostitución por no tener, prácticamente, acceso alguno a cualquier forma de subsistir.

Es un terreno pantanoso en el que no me gustaría que se me malinterpretara: nadie debería verse forzado a realizar una tarea que lo denigre como ser humano, sea cuál sea dicha tarea, y ya sean los motivos por necesidad económica o por explotación pura y dura.

Una vez aclarado esto: creo que la prostitución debería regularizarse. Con condiciones, pero regularizarse. Si bien mucha gente no puede entender que alguien realice dicha práctica motu proprio, no creo que debamos juzgar lo que cada uno decida hacer con su cuerpo. Si entendemos que somos soberanos sobre nuestros cuerpos (uno de los principios del feminismo, aquí se trata el tema con más profundiad), entonces no encuentro razón alguna para oponerse a la prostitución más allá de las mencionadas más arriba. La prostitución puede ser una herramienta de empoderamiento, igual que el pole dancing (aquí una pequeña muestra), ambas actividades que suelen asociarse, en el imaginario popular, con en el disfrute del hombre-usuario u hombre-espectador, nunca la mujer-activa.

Para terminar, no vendría mal recordar que, en éste tipo de decisiones, habría que tener más contacto con los y las afectadas. En mi opinión, hay una mala costumbre en España consistente en desregularizar la economía, pero regularizar la sociedad más, como si la primera fuera bueno que anduviera suelta, y la segunda hubiera que tenerla cada vez más amarrada. Seamos conscientes que en el órgano donde se representa la soberanía del pueblo todavía no se ha alcanzado la paridad (aquí datos del INE), y ahí es donde se gestan y aprueban las leyes por las que nos regimos. Con estos datos todavía es fácil que los hombres decidan qué es conveniente para el resto de la sociedad, como si fuéramos nosotros los únicos soberanos.