¿Inseguridad en Santa Coloma?

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A finales de enero me despedí de mi querida ciudad, Santa Coloma. Querida, pese a que me queje de muchas cosas, como todos. Querida, aunque no perfecta. Estaba leyendo unos artículos para el máster que actualmente estoy cursando, centrado en la seguridad, y debido a mi tendencia a procrastinar, me adentré en Facebook. Me ha impactado ver la publicación de la alcaldesa en Facebook, en la cual responde a varios mensajes que algunos de mis conciudadanos han escrito en grupos de Facebook, quejándose de la falta de seguridad de la ciudad. También vi la semana pasada que apuñalaron a alguien enfrente de casa de un amigo. Todo esto me lleva a escribir estas breves líneas.

Lo primero que me gustaría decir es que la seguridad absoluta no existe. Podemos reducir las posibilidades de que un crimen suceda, por ejemplo con más patrullas policiales, con cámaras de seguridad o alarmas, pero esto no quiere decir que la criminalidad pueda eliminarse. Hay que tener en consideración que ciertas medidas de seguridad que la gente reclama pueden invadir nuestra privacidad (¿aceptaríais tener una cámara de seguridad grabando las 24 horas al día las puertas de vuestras casas, de modo que quién sea que esté detrás de la cámara pueda ver todos vuestros movimientos, con quién entráis o con quién salís?), pero también hay que tener en consideración que relegar la seguridad a quién pueda permitírsela, ya sea mediante contratación de seguridad privada o mediante patrullas vecinales, puede vulnerar seriamente la seguridad del conjunto de la ciudadanía. ¿Quién supervisaría dicha patrulla ciudadana? ¿Quién vigilaría que no cometieran ningún delito, falta o agresión en su función de vigilantes? ¿Qué harían si vieran a alguien cometiendo un crimen?

Lo segundo que quería comentar es la preocupación que me provoca que haya gente que pida abiertamente la expulsión de ciertos colectivos por creer que sólo ellos y en su totalidad cometen crímenes, como si el delinquir formara parte de su ADN. Una vez hayamos expulsado a todos los ‘moros’, los ‘rumanos’ y quién sea que delinca en esta ciudad que no tenga nacionalidad española, ¿qué haremos con los españoles que delincan?

Desde los atentados de París el pasado noviembre la gente está más preocupada por su seguridad a lo largo y ancho de Europa. En Francia están intentando solventar la (percepción de) falta de seguridad modificando la constitución para poder extender el ‘Estado de Emergencia’ más allá del periodo temporal anteriormente constitucional. Quienes pedís más seguridad deberíais pensar si aceptaríais que os registrara personal militar en la calle sólo porqué estáis en la calle, y por tanto, podéis ser una amenaza a cualquier otra persona. O si aceptaríais ser retenidos durante horas porqué sois sospechosos sin ninguna garantía judicial. O si quisierais que la policía pudiera entrar en vuestra casa sin una orden judicial para registrarla, no vaya a ser que estuvierais pensando en delinquir.

La sensación de seguridad es a menudo más importante que la situación objetiva, pero haríamos bien en mirar los datos en vez de exagerar hechos puntuales y pedir legislar en caliente.

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A ‘març’ pero con algo que otros no tienen: memoria e integridad.

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Después de poco más de tres meses de reuniones, negociaciones y asambleas -sin ser yo el más asambleario, todavía no he entendido cuál era el problema de que las bases de un partido participaran en una decisión importante- al final la CUP no va a investir a Mas. Parece que vamos directos a ‘Març’, y como ya va siendo habitual, la decisión viene acompañada de una campaña de acoso y derribo por parte de los sectores independentistas próximos al partido político antiguamente conocido como Convergència Democràtica de Catalunya. Estas gentes, tan beligerantes con los que no piensan como ellos ahora, son los que se jactaban de lo amplio, transversal, plural y democrático que era el ‘procés independentista’. A la que el guión ha dado cambios poco previstos, ya se sienten traicionados. La verdad es que no ha habido más traición que la del señor Mas y sus inmovilistas ‘hooligans’. Y, a mi entender, son los últimos en llegar los que más prisa están teniendo, los que menos se están dando cuenta de la situación y los que, con más facilidad, harán trizas toda opción de independencia.

En 23 años de gobierno autonómico, haciendo de muleta de gobiernos centrales de distinto color, y tras haber llegado a gobernar en Cataluña con apoyos del Partido Popular, ahora resulta que una condición más que razonable hace descarrilar el proceso, y que el independentismo se va al traste. Toda esta gente, que ahora se queja de las CUP, hace cinco años no tuvo ningún problema cuando tocaba hacer recortes sociales de la mano del PP. En aquél entonces, a todos estos independentistas y gentes de bien les unía más el eje izquierda-derecha, sobretodo en el plano económico. Ahora, cuando el eje nacional debería ser el importante, vemos que el inmovilismo de Junts pel Sí para con su figura mesiánica es más importante que el eje nacional. Vamos de mal en peor.

Quisiera recordar que fue el mismo señor Mas el que dijo que él podría ser candidato o no serlo, en función de lo que fuera mejor para el proceso independentista, y que fuimos muchos los que lo aplaudimos por ello. También quiero recordar que a todo el mundo os caía bien la CUP y el carismático Antonio Baños cuando fueron a protestar delante del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña cuando Mas fue citado a declarar por la convocatoria del pseudo-referéndum del 9N. A diferencia de otras formaciones, a la CUP no se la puede atacar por la falta de coherencia. Respetan al resto de formaciones y respetan los resultados electorales, pero por encima de todo, se respetan a si mismos. Hicieron campaña diciendo que no investirían a Artur Mas, y cuando la situación se ha torcido y se ha planteado el que pudieran permitir dicha investidura, lo han sometido a votación de los militantes. Ya me gustaría a mi ver eso en formaciones como CDC o el PSOE.

Cataluña, como comunidad autónoma, es una democracia parlamentaria, y es éste órgano el que decide a quién se inviste como presidente. El argumento -rancio y casposo- de que la la lista más votada debe gobernar es gravemente defectuoso, y ya vemos a dónde conduce, ya sea en ayuntamientos, en comunidades autónomas o a nivel Estatal. La democracia y la Política, en mayúsculas, son pactos, ceder todos un poco para que todos salgamos ganando. Nos llenábamos la boca con lo democrático que era el proceso, pero han querido forzar al candidato de los 62 escaños cuando había alternativas posibles para sumar más, bastantes más.

Algunos votamos a la CUP por motivos circunstanciales -aunque, hay que decir que no nos ha decepcionado- otros eran ya votantes de siempre en las elecciones municipales y, cuando pasaron al ámbito autonómico, les siguieron votando. Para una parte considerable del independentismo catalán, nosotros somos ahora unos ‘botiflers’, unos traidores a la patria, que hasta llegamos a colaborar con el CNI para torpedear la independencia. Pero recordad que el independentismo, históricamente no ha sido mayoritario en Cataluña, y no lo ha sido, en parte, porque el principal partido de las gentes de bien salía beneficiado dando apoyos puntuales a socialistas y populares. Y recordad que han sido esta misma gente de bien los que hace un lustro pactaban con el PP la gobernabilidad de Cataluña, mientras otras formaciones y organizaciones luchaban para hacer de la propuesta independentista una propuesta mayoritaria. Recordad, Mas y la gente de bien son los últimos en llegar, los que más prisa tienen y los que más intransigentes son al respecto del proceso independentista catalán. Han sido ellos los que están haciendo descarrilar, y la CUP ya lo dejaron muy claro en su genial spot electoral: ‘anem lents perquè anem lluny’.


Pequeño análisis del debate

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Por si alguien no se había dado cuenta, estamos ya en campaña electoral para el 20D. En Cataluña es la tercera de este año, y para los que no nos gustan, es un alivio pensar que el año que viene no habrá ninguna -bueno, quizás una, pero espero que no lleguemos a dicha situación. Las campañas electorales incluyen spots electorales, carteles con las caras de los candidatos por las calles y, también, debates electorales. La novedad de estas elecciones, y el grupo Atresmedia nos lo ha estado recordando hasta la saciedad, es el primer debate electoral a cuatro, en el que las normas las ponían los periodistas y los candidatos no tenían turnos establecidos. Hay que agradecer que, pese a ser Ana Pastor una de las moderadoras, esta vez no interrumpió a los candidatos, como es costumbre en ella. Para los que no lo pudistéis ver y os da pereza tragaros dos hora de programa El Mundo ha recopilado los diez mejores momentos.

A continuación haré un repaso de qué me ha parecido cada uno de los candidatos -incluyendo a Sáenz de Santamaría, que ella misma ha dicho que es candidata a la vicepresidencia.

pedro-sanchezPedro Sánchez: por sorteo, él fue el primero en responder a las primeras preguntas, al igual que fue el primero en pronunciar su minuto final ante la cámara. De los cuatro, él era el que debía enfrentarse más a todos los candidatos. Contra Pablo Iglesias, vinculandolo a los gobiernos de Syriza en Grecia, empujándolo hacia la izquierda más radical. Contra Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría empujándolos hacia la derecha, intentando difuminar las diferencias entre los partidos de uno y de la otra. Aún así, atacó con fuerza al PP, vinculando los recortes sociales con las rebajas fiscales. Pese a iniciar el debate con cierta tranquilidad y buena postura, conforme éste iba avanzando se le notaba cierto nerviosismo: se alteraba cuando se le dirigían directamente y, de los cuatro, era el más faltón, burlón y desconsiderado durante la intervenciones del resto de participantes. Cuando más nervioso estuvo fue al hablar de la cuestión catalana: se le preguntó explícitamente en qué consistía su propuesta federal, y no explicó nada más allá de trasladar el Senado a Barcelona. El único tema al respecto del cual no se rió, ni interrumpió, ni burló fue la violencia machista.  Para mi fue el claro perdedor del debate. Los mítines pueden dársele relativamente bien, soltando eslogan tras eslogan, pero cuando se trata de debatir…

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Pablo Iglesias: de los cuatro partidos representados en el debate, el suyo es el que peor va en las encuestas, y sabe bien quiénes pueden ser los indecisos que les terminen votando: gente desencantada con el PSOE, gente joven, acostumbrada a contratos precarios y afectada por los recortes del gobierno del PP que piden un cambio real. Pese a tener tics de la vieja política, no le asusta reconocer aquellas propuestas de los otros partidos con las que está de acuerdo -la nueva política debe diferenciarse de la vieja, entre otras cosas, en el pactismo- pese a matizarlas. De los cuatro, fue el más combativo, con diferencia. Las cámaras y los debates son su medio natural, ha sido conocido por ello, y se le nota que disfruta. También era el más informal, tanto en su vestimenta como su postura: es parte de la identificación que pretende establecer entre él y la gente común, la dicotomía ‘los de arriba’ contra ‘los de abajo’. Fue el más condundente con las preguntas de los periodistas (el único en mojarse en si intervendría en Siria en caso de que el gobierno francés así se lo pidiera, y el único en mojarse en la cuestión territorial y nacional), pero también fue el protagonista de algunos errores que el resto de candidatos supieron aprovechar bien. Cambió el nombre de la firma para la cual trabaja el principal asesor económico de Pedro Sánchez (la llamó ‘House Water Watch Cooper’ cuando en realidad es PricewaterhouseCoopers) y un error al explicar su posición respecto al ‘derecho a decidir’ hizo parecer que Andalucía, en 1980, celebró un referendum de autodeterminación en vez de uno para poder acceder a la autonomía mediante el artículo 151 de la Constitución Española, vía por la que, en principio, no podía acceder. Aún así ha sido el único candidato en reivindicar la pluralidad nacional de España, así como la pluralidad lingüística. Al respecto de la violencia de género, el momento más solemne del debate para todos, aprovechó para reivindicar más medios y comptencias para poder atajar el problema, en clara alusión a los recortes efectuados por el Gobierno del PP. Sacó a relucir su formación como politólogo cuando fueron preguntados sobre si dejarían gobernar la lista más votada: en un sistema parlamentario gobierna el que consigue más apoyos parlamentarios, no como en los sistemas presidencialistas. Fue el claro ganador del dabate.

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Albert Rivera: La estrategia de C’s pasa por invisibilizar a Podemos y considerarse a ellos mismos como única alternativa posible al PP y al PSOE, culpándoles de todos los males que hasta ahora han afectado a España, y haciendose cargo ellos solitos de la regeneración política del país. Durante el debate, la estrategia ha sido la misma. Se le ha notado muy nervioso y con no muy buena cara, sobretodo durante la primera hora del debate. Al nerviosismo hay que sumarle el tono faltón con que se ha dirigido casi constantemente a Sáenz de Santamaría. Los únicos momentos fuertes de debate para el candidato naranja han sido cuando se ha tocado la corrupción y la cuestión catalana: contundente contra el PP, mostrando la portada de El Mundo con los papeles de Bárcenas, y contundente contra el independentismo y Artur Mas, revindicando su segunda posición en el parlamento catalán frente a los 11 diputados que los populares consiguieron el pasado 27 de setiembre. Entre sus errores ha estado el buscar la simpatía del electorado haciendo chistes y bromitas al respecto de las intervenciones del resto, dando la impresión de que era una tertúlia de bar más que un debate serio.

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Soraya Sáenz de Santamaría: el Partido Popular acudía al debate siendo el ganador en todas las encuestas, pese a la importante bajada y haber gobernado cuatro años con duros recortes. La tarea de Soraya, como ha venido siendo estos largos cuatro años, ha sido la de control y minimización de daños. Que no acudiera Rajoy al debate hace daño al PP, pero haberlo dejarlo sólo ante el peligro hubiese sido catastrófico. Se mostró clara y contundente en cuanto a sus motivos para ser ella la representante del Partido Popular en el debate: somos un equipo amplio y diverso, nos repartimos los actos de campaña, y el presidente asistirá al tradicional debate con el líder de la oposición. Pese a la contundencia, no convenció mucho. Más que debatir, lo que hizo fue defenderse constantemente, y lo hizo de forma correcta y con elegancia, sin faltar al respeto a nadie, sin apenas levantar la voz, y disparando dardos de vez en cuando. Sus principales argumentos han sido el crecimiento de la economía y la creación de empleo, cifras convenientemente elegidas. No fue muy brillante su respuesta a la corrupción, como viene siendo habitual en el PP, reclamando celeridad para cerrar los casos. Su principal rival ha sido el PSOE, reclamando lo tradicional en la política española, y cuando ha hecho referencias a C’s y Podemos ha sido para equiparar la nueva política con la vieja. Al respecto de la cuestión catalana, su respuesta ha sido igual de floja que su acción de gobierno: escudarse en la constitución para no avanzar hacia una solución política. Aún así, ha aprovechado para mostrar a su partido como el garante de los servicios públicos en Cataluña. Ha revindicado el status quo y la nación española como única e indivisible, en clara contraposición a los posicionamientos de Podemos y PSOE. Ha sido la primera en ser preguntada al respecto de la violencia machista y se ha mostrado contundente, llamándola violencia de género, pese a que en el PP y cercanías suelen preferir el término ‘violencia doméstica’. Se ha mostrado coherente con el posicionamiento de su partido al respecto de la lista más votada, amparándose en la tradición, pero sin tener en cuenta que el nuestro es un sistema parlamentario, no presidencialista. No ganó el debate, pero su segunda posición salvó un poco los muebles.

Estas han sido mis impresiones sobre el debate de anoche. Me falta recalcar una anécodata que me ha sorprendido para bien: pese haberse utilizado a Venezuela como arma arrojadiza en los últimos años, sobretodo debido a la cercanía de la formación de Pablo Iglesias con Hugo Chávez, sólo se comentó la negativa de Podemos a firmar una petición para la liberación de todos los presos políticos en Venezuela. Fue el único comentario al respecto del país caribeño, y casi pasó desapercibido.


La sutileza del FLA

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El viernes pasado, previo a ‘El Clásico’ e inmerso en la alud de noticias sobre la caza al hombre de Salah Abdeslam, nuevas y estremecedoras imagines de los atentados y audios hasta el momento inéditos de los tiroteos, el Consejo de Ministros ha aprobado repartir lo que quedaba del FLA (Fondo de Liquidez Autonómico), con un control específico sobre Cataluña . El último capítulo del proceso independentista hasta la fecha resulta ser un buen tanto que se apunta el Gobierno. El cómo tiene más que ver con el relato creado que con la rigurosidad de los hechos.

La situación en Cataluña es delicada: estamos con un gobierno en funciones a la espera de que se pueda llegar a un acuerdo entre JxSí y las CUP para investir a alguien como presidente, las farmacias deben miles y miles de euros a sus proveedores porqué la Generalitat no paga lo que debe porqué la asignación presupuestaria que se hace desde el Gobierno es cuanto menos tendenciosa, tenemos camas cerradas en hospitales públicos mientras se derivan pacientes a centros privados o concertados, etc. A los catalanes siempre se nos ha acusado de tacaños, y si bien no siempre estoy de acuerdo con dicho tópico, ‘la pela és la pela’ y en Madrid se han dado cuenta.

El relato tramposo

Si se lee la prensa española, sobretodo la radicada en Madrid, o al escuchar al gobierno del Reino de España, cuando hablan de independencia, financiación y otras temas mínimamente relacionados con la cuestión territorial, se da uno cuenta de que en un momento u otro termina afirmándose que España es uno de los Estados más descentralizados del mundo, más incluso que los Estados Unidos en algunos aspectos. Y en parte no les falta razón. El Estado central tiene delegadas una cantidad enorme de competencias a las Autonomías. Pero también es cierto que hacen trampas: la financiación no se controla desde las autonomías, sino desde el Gobierno central. La ecuación es sencilla: competencias – presupuestos = nada.

Desde Cataluña algunos se han ido quejando (me incluyo) de lo injusto que es el actual sistema de financiamiento, sobretodo para los catalanes, por el cual el Estado recauda los impuestos -una parte, cierto es, corresponde a la Autonomía- y luego asigna las pertinentes partidas presupuestarias a las distintas Comunidades Autónomas. Es una suerte de redistribución de la renta, pero con un fuerte componente político que, en estos temas importantes de dinero, sería conveniente minimizar.

Debido a la actual crisis económica, la de la deuda, que parece alargarse más de lo que le tocaba, la Generalitat no ha podido financiarse en los mercados internacionales: las agencias de ‘rating’ califican la deuda catalana como bono basura- teniendo que recurrir al Estado central cuando las arcas han quedado vacías. Uno de los mecanismos que se han creado para poder pagar a proveedores de las administraciones autonómicas es el FLA, por el cual el Gobierno central ofrece un crédito a las administraciones para poder pagar los servicios pertinentes, que después debe devolverse.

Justo en uno de los momentos más delicados del proceso independentista catalán, y a tiempo para hacer campaña de cara al 20-D, el Gobierno presidido por Rajoy decide asestar un golpe al independentismo, condicionando la cesión de este crédito a que no se destine ni un sólo euro al independentismo y a que se deban presentar todas las facturas de aquellos servicios que van a ser pagados con estos más de tres mil millones de euros. ¿Alguna de las cosas a pagar tiene relación con el independentismo? No, pero al gobierno del PP le da igual y a los medios de comunicación españoles también, pues ambos comparten el relato de que España es de los Estados más descentralizados del mundo. Los millones de euros prestados irán a pagar una serie de carreteras y cárceles construidas en colaboración con el sector privado, que en el momento de hacerse no debían computarse como déficit, pero que ahora, desde Europa, sí, datando alguna de las obras de hace unos diez años.

¿Qué significa el condicionamiento del préstamo del FLA?

Llevabámos meses en los que se preguntaba al Gobierno, constantemente, si aplicarían o no el artículo 155 de la constitución o si, de hacerlo, cómo lo harían. Desde los ámbitos independentistas se tenía la certeza de que dicha intevención de la autonomía, por la qual el Gobierno central podría dar instrucciones a todas las autoridades de la Comunidad Autónoma, seria una acto de tal magnitud i falta de democracia, que desde instituciones europeas y desde otros países se exigiría al Estado español solucionar la cuestión territorial mediante un referéndum serio, algo que supondría una victoria para el independentismo.

Las condiciones especiales que exigen a la Generalitat significan, de facto, la intervención de la Autonomía, con un claro efecto de cara a las elecciones del 20D -el Gobierno hará todo lo posible para impedir que España se desmembre- pero con suficiente falta de intensidad como para que no cause revuelo en el exterior.


La cuestión religiosa en el siglo XXI

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Todo lo que uno pueda escribir hoy va a tener relación con los atentados de París del 13 de Noviembre. Tenemos una nueva sigla en el imaginario común en relación a los atentados de índole yihadista, eso sí, siempre en territorio occidental. No voy a dedicar éstas líneas a discutir sobre los hechos ocurridos. He leído ya demasiados comentarios en twitter, facebook y hasta he escuchado a tertulianos especular sobre si ha sido un ataque bajo bandera enemiga, un auto-golpe, quintas columnas, conspiraciones involucrando a los Illuminati (sí, los Illuminati). Tampoco entraré en el debate de por qué nos escandalizamos tanto cuando esto sucede en París, pero no cuando esta misma semana sucedió en Beirut. Creo que lo más sano, tanto a nivel individual como colectivo, es seguir la información, procurar no abrir demasiado la boca a menos que sepamos algo con certeza o podamos aportar algo útil y, sobretodo, dejar que se enfríe el asunto para poder tratarlo con la dignidad que se merece. Sé perfectamente que en los tiempos que corren, la inmediatez es la norma y que esto no sucederá, pero no por eso deja de ser útil mi recomendación.

Anoche, cuando después de cenar mi padre me dijo que había un tiroteo en Francia, lo primero que se me pasó por la cabeza fue un acto terrorista más perpetuado por algún lobo solitario, alguien medianamente afín a ISIS o alguna otra organización. No había indicios que apuntaran a ésta tesis, pero es la impresión que me daba. Más tarde, Hollande decía en rueda de prensa que el acto había sido organizado en el exterior por Daesh y ejecutado con ayuda del interior del país. No ha sido hasta esta mañana que la organización ha reclamado el acto como propio. ¿Qué implica que la atrocidad haya sido cometida por Estado Islámico? Que va a haber otra ola de manifestaciones islamófobas y racistas, que se va a mirar con más recelo todavía a los refugiados que vienen hacia tierras europeas (irónico que, siendo ellos los que huyen de actos como estos en sus propios hogares, día tras día, vayan a ser ellos los señalados como culpables) y que, inevitablemente, se hablará de religión, y se mezclará ésta con aspectos raciales y debatiremos estérilmente si el Islam es una religión de paz o no, si el Islam predica el odio hacia el Occidental y, sobretodo, pasaremos por alto que los mismos musulmanes son los que en los últimos años han venido sufriendo estas atrocidades, con el añadido de intervenciones extranjeras y ataques con drones que tienen la mala costumbre de impactar sobre civiles – pasados a llamar ‘daños colaterales’.

9788430606252Es por esto que me ha venido a la cabeza una de las lecturas más útiles que he podido realizar este año: La cuestión religiosa en el siglo XXI. El autor de la obra es Georges Corm, libanés formado en Francia durante los años sesenta en ciencias políticas, económicas y derecho. No os asustéis no es una obra densa, e invito a todo el mundo a leerla.

En esencia, y motivo por el cual hablo del libro en un día como hoy, la tesis de la obra es que, debido a la globalización económica y financiera del pasado siglo, las viejas democracias han perdido capacidad de legitimación. Esta crisis no sólo ha afectado a los Estados-nación sino que ha afectado a los tres grandes monoteísmos, siendo en parte el causante de la aparición de los extremismos religiosos. Ejemplos de ello son los hijos de migrantes magrebíes en Francia y España o hijos de migrantes pakistaníes o sirios en Reino Unido, que perciben que el Estado les ha fallado, alienándolos y empujándolos hacia extremismos religiosos, identidad que los acoge con los brazos abiertos, no como la de los Estados dónde viven y de los cuales tienen la ciudadanía.

El libro no es sólo ésta tesis. Habla también el señor Corm de temas que nos interesan para entender los repulsivos actos de París. Como se puede deducir por el título, el libro trata sobre la cuestión religiosa en el siglo XXI. Esto incluye un repaso histórico de la instrumentalización de la religión en distintas épocas de la historia de la humanidad, incluyendo el colonialismo europeo, justificado en la época por intelectuales franceses como el deber de imponer el progreso a aquellos menos desarrollados. Pero la religión ha sido también un instrumento clave durante la Guerra Fría, y de aquéllos polvos éstos lodos. Para combatir la invasión soviética de Afganistán, el bloque occidental fomentó grupos yihadistas, como por ejemplo Al-Qaeda, que luego se volvieron contra Occidente cuando se intervino en Irak, y algunas de cuyas facciones ahora integran el Estado Islámico.

Y hablando de violencia, ¿hay mayor expresión de violencia que el terrorismo indiscriminado? Los que veis tertulias donde aparece Francisco Marhuenda habréis tenido la oportunidad de escucharle situar el origen de la violencia política en la Revolución Francesa, culpando, sobretodo, a Voltaire, y mezclando la Revolución Francesa, la violencia indiscriminada y el anticlericalismo. Georges Corm cree que esto es un error: no sólo es una mala interpretación de la Revolución Francesa, motivo por el cual todos ahora podemos disfrutar de derechos y libertades independientemente de nuestra condición -todo en teoría- sino que además es peligrosa, pues culpa al laicismo de los horrores religiosos. Nadie dice que la Revolución Francesa fuera cosa de hippies. Hubo violencia, y la hubo con fines políticos, pero no fue ésta la génesis del terrorismo. El origen tiene lugar un par de siglos antes, en Europa, y de mano de la religión.

Entre el siglo XVI y el XVIII se dieron en Europa una serie de conflictos que comenzaron con la Reforma Protestante, cuya característica principal era el papel de la religión y las tácticas empleadas. No fue una guerra de grandes ejércitos en campos de batalla, como lo fueron las guerras napoleónicas. Las guerras de religión en Europa tenían varios objetivos, entre ellos eliminar al diferente, exterminarlo a él y a su estirpe, atemorizarlos. Para hacerlo empleaban tácticas que sólo pueden ser calificadas de terroristas: quemaban a pueblos enteros con sus gentes dentro, envenenaban pozos, etc. Lo hacían, en parte, porqué encontraban justificaciones bíblicas para hacerlo, tantos unos como otros. Y en parte de estos eventos tuvo un cierto protagonismo la Santa Inquisición. ¿Qué tiene que ver esta institución, totalmente religiosa, con la política y con los recientes eventos? Pues la institucionalización de los delitos de opinión, que es lo que los autos de fe fueron. (Como podemos ver la violencia y el terrorismo no es sólo cosa del Islam).

Es posible que no se vea claramente la relación del libro con los atentados de París. Hemos visto que la religión ha sido, desde hace siglos, instrumentalizada para satisfacer diversos intereses: colonialismo (expansión territorial y colonial pero no así de derechos como la ciudadanía), guerras subsidiarias (Talibanes, Al-Qaeda, islamistas moderados en Siria e Irak, etc.). Y también que los orígenes del terrorismo (violencia política) tienen mucha relación con la religión (de hecho fue a causa de conflictos intra-religiosos), que ahora algunos se empeñan en verlo como inherente sólo a una (el Islam).

0102192_xl¿Qué podemos extraer del libro que nos pueda ser útil para entender los sucesos del 13N? Primero de todo: la instrumentalización de la religión y el terrorismo con fines religiosos no es inherente a una religión concreta. Los grandes monoteísmos se basan en verdades reveladas en forma de libro, los cuales tienen como mínimo un milenio. Nada de lo que ahí se mencione debe tomarse al pie de la letra, ni para bien ni para mal. La religión es también un tipo de identidad, que no tiene nada que ver con la violencia. Es en casos de alienación y de radicalización (yihadista) cuando se empieza a mezclar religión con violencia y terrorismo. Muchos de estos fenómenos (de radicalización, de violencia) tienen su origen en el Estado moderno y sus errores, ya sea de puertas a dentro o hacia fuera. Uno de los principales puntos de las agendas de las democracias actuales debería ser cómo conseguir que la gente no se radicalice, que no tenga motivos para dejar de identificarse con los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad que a su vez son los que permiten que las distintas identidades puedan coexistir en paz. De puertas a fuera hay que tener en cuenta que los Estados y las guerras no son laboratorios donde podemos tener todo controlado a excepción de una variable: cualquier intervención que hagas en pro de unos intereses puede tener consecuencias desastrosas. Ahí tenemos el 11S, el 11M, el 7J y ahora el 13N.


¿Botifler por no querer a Mas como President?

Pretendía hacer un análisis de las elecciones del pasado 27, pero hoy en día todo va tan rápido que, tan sólo tres días después, todo lo que uno pudiera decir ya deja de ser relevante por estar desfasado. Ahora lo que parece estar en boca de todos es la posible investidura o no de Artur Mas, para lo cual hacen falta los votos de las CUP, pero que estos ya han anunciado que por ahí no va a ir la cosa.

En estos tres días hemos visto muchas cosas, algunas de las cuales ya predije en mi anterior entrada a éste blog, aunque tampoco hacía falta ser un gran adivino para verlas venir. Los partidos independentistas consiguen mayoría absoluta con 72 escaños. Los anti-independentistas consiguen 52, y entre medio, con 16, los diputados de CSQEP, que día tras día dicen que sus votos no pueden contarse como independentistas, pero tampoco como anti-independentistas.

En escaños no hay mucha discusión. Miremos los votos: CUP y JxSí suman un nada desdeñable 48%, la única discusión al respecto es si es una mayoría suficiente para iniciar un proceso de secesión, ya sea pactado o unilateral; PP, C’s y PSC suman 39%; y el 13% restante lo componen CSQEP, UDC, PACMA, votos en blanco y hasta el Partido Pirata. Estos resultados han tenido a los tertulianos y opinólogos profesionales entretenidos, discutiendo cosas que a mi me parece como hablar del sexo de los ángeles. Aquí podéis encontrar un buen resumen el cual coincide enteramente con mi opinión.

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Como decía, en estos tres días ha pasado de todo, baile de cifras aparte, y de lo que más se ha hablado últimamente es si JxSí contará con el apoyo de las CUP para investir a Mas como President. La posición de las CUP es muy simple: independencia sí,  gobierno de la Generalitat de JxSí también, pero con otra figura que no sea Artur Mas. Y no lo han dicho al obtener diez escaños y la clave para la investidura del President, lo llevan diciendo de hace tiempo. A quien confunda el proceso de independencia con el señor Mas le parecerá raro, ¿acaso no era todo esto un invento suyo para tapar corruptelas?

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En la capital del reino se lo pasan genial. No les ha hecho falta ninguna estrategia de división para vencer, porqué se han dividido solos. Hasta hace una semana temían por lo que pudiera pasar y ahora disfrutan con la campaña de acoso y derribo de estos días hacia las CUP. Gente que debe haber votado a JxSí les equipara con C’s y con PP, demostrando una miopía y un partidismo brutal. ¿No era el proceso, acaso, transversal y del pueblo? Mas tiene potencial como mártir, sobretodo después de que lo hayan citado a declarar el 15-O, pero también tiene una carga que no creo conveniente si lo que queremos es un nuevo Estado, más justo y más democrático. Nadie ha exigido a Antonio Baños como President, por muy divertido que pudiera ser, sólo se exige a alguien que esté limpio y no relacionado con los tijeretazos. Si no es Mas, ¿quién, entonces? En la tertulia matutina de El Món a Rac1, mientras entrevistaban a Junqueras, ayer le comentaban que él o Romeva serían buenas opciones, pues son figuras intermedias en el eje izquierda derecha, donde las CUP están muy a la izquierda y Mas en el centro-derecha. A mi me parece bien cualquiera que el parlamento elija, pero que no tenga ni la más mínima mácula.

El caso es que por las redes, y en comentarios de periódicos on-line, he empezado a ver que se acusa a los diputados de las CUP, y supongo que también a sus votantes y miembros, de botiflers (significados aquí), lo cual, si hablamos en ‘clave del proceso’ es más dañino que sacrificar a Mas a nivel político. Hace ya mucho tiempo que se acusa a los catalanes de ser racistas hacia las gentes que, allá en los cincuenta, tuvieron que migrar desde el resto de España, y también hacia su descendencia, los mundialmente conocidos xarnegos una casta inferior para los catalanes, siempre según la prensa radicada en la capital del reino. De nada sirvió que en 1964 Paco Candel publicara un ensayo llamado Los otros catalanes, o que se lleve años considerando catalán aquel que vive, trabaja y se siente catalán.

Llamar botifler a quien tiene una postura distinta a la tuya sobre una misma cuestión -el proceso de independencia- es exactamente lo mismo que llamar a alguien facha por no pensar como tu o ser de derechas. Estas cosas sí hacen daño, y no que haya una cara visible del independenismo distinta.


#27S, ¿Catalunya Sí Que Es Pot?

catalu_a_espa_aEs 27 de setiembre y sucede que, tras dos semanas de campaña electoral, más un par más de pre-campaña, los ciudadanos españoles residentes en Cataluña van a votar. No voy a hacer ningún análisis de la campaña ni de los candidatos porqué, principalmente, no la he seguido en demasía. Me gustó el que hizo una compañera de facultad (que podréis encontrar aquí) al respecto de los candidatos. Habremos votado en libertad, como es menester, y seguramente habremos votado más que en otras ocasiones. Decir qué es lo que habremos ido a votar es harto complicado.

Una vez haya terminado el recuento de votos y se hayan asignado los escaños como es debido -sistema proporcional de representación, Ley d’Hondt mediante- empezarán las interpretaciones de los resultados. Para ser justos, deberíamos dejar todos claro de antemano cuál va a ser nuestro criterio de interpretación. Me da en la nariz que la interpretación de algunos medios será que todo lo que no sea voto pro-independencia es voto pro-status quo.

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Hay que tener en cuenta que, de las seis candidaturas que con más seguridad entrarán en el parlamento, sólo de cuatro podemos tener claro qué opción representan. Éstas cuatro candidaturas pueden dividirse en dos bloques: el soberanista, formado por Junts pel Sí y las CUP, y el constitucionalista, formado por Ciutadans y Partido Popular. Los otros dos partidos que con toda seguridad obtendrán representación parlamentaria son PSC y Catalunya Sí Que Es Pot. El PSC tienen muy clara su posición, resumida en su eslógan electoral “por una Cataluña mejor dentro de una España diferente”: quieren ir hacia una relación federal, pese a que su máximo exponente, lamentablemente, ya ni se acuerde. Y Catalunya Sí Que Es Pot, la plataforma integrada por Podemos e ICV, quieren que los catalanes decidan su futuro, pero mediante un referéndum acordado con el Estado. En realidad tienen más claro que es lo que no quieren: una Cataluña, independiente o no, gobernada por el sr. Mas.

Como estos comicios son para elegir el parlamento catalán, lo que es lógico es que se contabilicen escaños. En este sentido, la intepretación debería ir tal que así:

  • Los escaños obtenidos por JxS más la CUP deberían interpretarse como partidarios de la independencia.
  • Los escaños obtenidos por PP más C’s deberían interpretarse como los partidarios del status quo o incluso de la reducción de autonomía. Es importante remarcar que sólo los escaños de estos dos partidos representarán dicha opción.
  • Los escaños obtenidos por PSC deberían contabilizarse como los partidarios de una reforma federal, por muy tarde que ésta llegue, o por mucho que en el resto del PSOE no terminen de creérselo.

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Y, ¿cómo interpretamos los escaños obtenidos por CSQEP? Pues francamente, no lo sé. Entre sus filas hay independentistas -el mismo Rabell- pero no parece que quieran ser contados como tal. Pablo Iglesias y la cúpula de Podemos han dicho por activa y por pasiva -con clara intención electoral más que como análisis politológico- que en estas elecciones había tres opciones (la casta de Mas, la casta del PP+PSOE+C’s o la fuerza del cambio encarnada en su candidatura) obviando a las CUP, su rival en la izquierda en lo que a cambio se refiere. En ICV hay independentistas, pero no a cualquier precio, una Cataluña en manos de Mas y compañía es peor que una España dónde aún hay esperanzas para algunos, y recordemos que Pujol gobernó durante veintitrés años.

Debido a la doctrina de partido, se permite que haya coerciones internas -mediante multas y otras sanciones- para garantizar el voto en bloque de todos los representantes del mismo partido. La gran pregunta es si los diputados de CSQEP tendrán libertad para votar, si habrá doctrina de partido o si, pese haberla, habrá diputados rebeldes.

En caso de que haya versos sueltos, me planteo el siguiente escenario hipotético: Junts pel Sí, sin mayoría absoluta tal como pronostican la mayoría de encuestas, deberían recurrir a los votos de las CUP con tal de investir a un presidente en primera instancia -se requiere mayoría absoluta-; pero dicha formación ha dejado claro por activa y por pasiva que no investirían a Mas como President, dejando la puerta abierta a votar a favor de algún otro candidato -¿una presidencia de Romeva o Junqueras o ambos?- a cambio de concesiones de carácter social, a lo cual podría añadirse algun verso suelto de CSQEP dentro de las filas del separatismo.

La gran incógnita es, en definitiva, cómo deberán interpretarse los resultados obtenidos por Catalunya Sí Que Es Pot.


El independentismo y la izquierda

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En estas líneas que hoy escribo espero poder hacer entender por qué uno puede ser de izquierdas e independentista, como lo han sido numerosos movimientos secesionistas a lo largo de la historia, y aún lo son varios partidos en Europa. Mi tesis se resume tal que así: no hay incompatibilidad alguna entre estas dos ideas puesto que no todas las razones para independizarse tienen que ver con criterios étnico-raciales; de hecho, desde una perspectiva izquierdista, la independencia ofrece la posibilidad de crear un nuevo futuro, más justo y democrático, con el centro de toma decisiones más cercano a la sociedad; además, no hay razón alguna para suponer que la independencia de Cataluña vaya en detrimento de la gente más necesitada en otros lugares.

Hoy es ‘Onze de setembre’, ‘diada nacional’ de Cataluña e inicio de campaña para los comicios del 27-S. Como ya ha sucedido en los años anteriores, el periódico ‘La Razón’ hace un peculiar seguimiento, no me quiero ya ni imaginar medios de información como ‘Intereconomía’ o ’13TV’.

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En ‘El País’ no son especialmente más comprensivos, ni tampoco en el PSOE ni en PODEMOS, pese a que estos últimos se llenaran la boca defendiendo que los catalanes tengan derecho a decidir, o una suerte de federalismo que nadie termina de creerse. Pero lo que me ha molestado e impulsado a escribir estas líneas ha sido una opinión de Pau Luque Sánchez, doctor en filosofía e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, en ‘El País’, donde afirma que es incongruente ser de izquierdas e independentista. Groso modo, como ser de izquierdas quiere decir buscar la emancipación del más desfavorecido, pretender la independencia de un territorio es contrario a la izquierda, porque excluyes a todos aquellos desfavorecidos fuera del territorio que se quiere secesionar. Para más inri, añade que el proceso debería ir hacia la eliminación de las fronteras, no hacia la creación de estas -es otro tema interesante y da para mucho, así que ya daré mi opinión al respecto otro día- demostrando una peculiar miopía, como si una frontera fuera, por definición, una alambrada coronada de concertinas para dificultar el paso a la gente pobre. La opinión de Pau es una gota más en un océano de negaciones publicadas por ‘El País’ para negar algo muy razonable y legítimo como es poder decidir desde donde quiere uno ser gobernado, o qué parlamento y ejecutivo son los encargados de representar sus intereses y gobernar en consecuencia.

No nos engañemos, dentro de esta amalgama que son los independentistas los habrá que quieran un Estado por motivos étnicos y nacionales, una suerte de Israel en la orilla occidental del Mediterráneo, pero no son estos los de izquierdas. Los que somos de izquierdas, como bien dice Pau en su columna, queremos la independencia para poder tener un país más justo. Y esta justicia no se traslada únicamente en tener unos mejores servicios sociales, algo que el actual status quo no garantiza –ni con Más ni con España- sino, también, en algo más básico: queremos desplazar el centro de toma de decisiones de Madrid a Barcelona, para presupuestos, para revaluación, pero también para decidir cuestiones básicas de cualquier Estado, como el tipo de fuerzas armadas que se quieren, en caso de quererla, a quién se da asistencia médica o para regatear o no a cuántos refugiados sirios podemos ayudar. En otras palabras, no queremos que nuestra ley suprema –la suerte de constitución que es el Estatuto de Autonomía- sea vetado, recortado y aprobado en Madrid, cuando ya pasó todo trámite parlamentario en Barcelona.

La-vicepresidenta-Soraya-Saenz_54373134662_54028874188_960_639Si alguien quiere argumentar, como Soraya Sáenz de Santamaría, que España es el segundo país más descentralizado del mundo, sólo después de Canadá, habrá que recordar que es sólo en la gestión de los recursos, no en cómo se ordena y rige territorialmente.

Por eso las supuestas incompatibilidades que el señor Pau comenta no tienen mucho sentido. No hay relación alguna entre querer tener las herramientas de un Estado a tu disposición y la falta de solidaridad con el resto de clases o pueblos desfavorecidos. Lo que hay es un tremendo respeto por las decisiones que cada cual toma. ¿Os imagináis la reacción que generaría entre la izquierda el que un líder europeo dijera a un líder africano qué debe hacer dentro de su Estado? ¿O que una potencia extranjera intervenga en otro país?

En el imaginario colectivo, ser de izquierdas debería incluir el respeto por las decisiones que otros toman y, sobretodo, no meterte a decidir por otros. Los hay que dicen que es incongruente querer poner una frontera entre Cataluña y España cuando lo que debería buscarse es la unión con Portugal. A esas cabezas pensantes de izquierdas les pregunto: ¿Entonces la Unión Europea es vuestro objetivo y no le tenéis ninguna crítica?

Consciente de la longitud de estas líneas, quisiera terminar, pero no sin antes dejar constancia de las palabras de Pablo Iglesias el día 9 de septiembre en Rubí. Siguiendo el hilo de lo que decía en el anterior párrafo, ¿cuán de izquierdas es decirle a otro qué debe votar en función de su origen o el de su familia?

Pau, Pablo, si lo que vais a hacer es campaña, decidlo abiertamente, pero sed conscientes, como dijo Antonio Baños en su presentación del libro ‘La rebelión catalana’, que si hay alguna posibilidad de cambio y de progreso hacia una mayor democratización en España, esta pasa por el apoyo al derecho a decidir de los catalanes, y esto es tan fácil como poner unas urnas, hacer campaña y votar. No hace falta andarse con remilgos como hace ahora Lluís Rabell, que votó Sí-Sí el 9N, pero ahora dice que hay que hacer un referéndum pactado con el Estado, y que sino, pues ya esperaremos un poco más.

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Más parlamentarismo, más consenso.

-var-www-web.popularlibros.com-public_html-imagenes_grandes-9788434-978843440524Si habéis mirado recientemente los informativos de televisión o habéis leído periódicos, seréis conocedores de dos informaciones: el PP quiere presentar una reforma de la ley electoral para dar una ‘prima al vencedor’ en las elecciones locales y, para las elecciones autonómicas del 27-S Artur Mas y Oriol Junqueras formarán parte de una candidatura unitaria en la que el cabeza de lista es el exeurodiputado ecosocialista Raül Romeva. Estos dos hechos han generado una serie de opiniones al respecto, ya sea de periodistas, tertulianos u otros políticos, que me han obligado a tener que hacer una explicación y defensa del sistema parlamentario de carácter consensual.

¿Qué es una democracia parlamentaria consensual?

Una democracia parlamentaria es aquella en la que los ciudadanos eligen el parlamento –en elecciones legislativas- y los diputados democráticamente electos eligen quién debe encabezar el gobierno formado por un Primer Ministro. El caso más ejemplar es Reino Unido, pero también lo es España, pese a que aquí le llamemos Presidente del Gobierno. Lo opuesto, hablando de democracias, serían los sistemas presidencialistas, donde los ciudadanos votan la composición del parlamento por un lado, y por otro la presidencia del país, como en Estados Unidos. Como consecuencia, en los sistemas parlamentarios no existe una clara separación entre los poderes legislativo y ejecutivo.

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Extraído de ‘Modelos de democracia’ de Arend Lijphart, Ariel, Barcelona 2012. En el eje vertical, cuanto más arriba, más unitario es el Estado, cuanto más abajo, más descentralizado. En el eje horizontal, cuanto más a la izquierda, más consensual es la democracia, cuanto más a la derecha, más mayoritaria.

Pero democracias parlamentarias hay de dos tipos: consensuales y mayoritarias. En función de varios factores (en Modelos de democracia Lijphart toma en consideración diez variables: número efectivo de partidos parlamentarios, gabinetes ganadores mínimos de un solo partido, dominio del ejecutivo, desproporcionalidad electoral, pluralismo de los grupos de interés, federalismo-descentralización, bicameralismo, rigidez constitucional, revisión judicial e independencia del banco central) las democracias pueden definirse o bien como democracia consensual o mayoritaria. Países como Reino Unido, Estados Unidos o Francia son mayoritarios, mientras que países como los Escandinavos, Israel o Suiza son consensuales.

España es una democracia parlamentaria mayoritaria. Esto es debido a que el sistema electoral, pese a ser proporcional (los escaños que salen de cada circunscripción se reparten de forma proporcional en función del número de votos que saque cada partido) tiene una corrección mayoritaria, lo cual ha favorecido –de hecho ya se pensó así en su momento- gobiernos monocolor y mayorías absolutas, lo cual favorece la aprobación de leyes por parte de pocos partidos (bien es verdad que, al disponer mayoría de escaños –es decir, mayor representación del pueblo soberano- , pueden hacerlo con toda legitimidad).

La reforma del PP

El PP ya anunció el año pasado que tenía intención de modificar la ley electoral para las elecciones municipales, instaurando correcciones para evitar que gobierne una lista que no sea la más votada. Para conseguir tal efecto han propuesto varias medidas. Por ejemplo, que en caso de que ningún partido haya obtenido el 40% de los votos, se dirima quién debe gobernar con una segunda vuelta –como en Francia-, o que tenga que gobernar la lista más votada, aunque exista un pacto entre el resto de partidos que, sumando sus concejales, tengan mayoría, o dando una prima de concejales al partido que más votos obtenga. Todas estas medidas van en una clara dirección: los sistemas mayoritarios. Esto es de especial relevancia puesto que Rafael Hernando, portavoz en el Parlamento del PP, de un modo totalmente orwelliano, dice que dichas propuestas son para acercar la democracia al pueblo, para que el ciudadano tenga mayor poder de decisión.

El sistema actual en España es el parlamentario. Así lo estipula la constitución y, por tanto, quien se encarga de elegir la presidencia del Gobierno o la alcaldía de los Ayuntamientos son los diputados y concejales. El parlamentarismo consensual, además, es más justo en términos de representatividad, y los gobiernos formados por coaliciones –si bien no está la costumbre asentada en el país- representan mejor a los ciudadanos, haciendo que su acción de gobierno sea –hablamos en teoría- más justa y en nombre de más ciudadanos que si el gobierno es monocolor y elegido por un 30% de la población.

La lista unitaria

Al ser el sistema parlamentario, los elegibles por cada partido se presentan en listas que los ciudadanos votan. Que las listas sean cerradas y bloqueadas es una queja habitual entre los sectores de izquierdas que piden una mayor democratización –y razón no les falta- pero esto no quita que el método de elección para los representantes del pueblo sea democrático y legítimo. En España todas las elecciones que hay son para elegir representantes del pueblo, ya sea en Ayuntamientos, Parlamentos Autonómicos o las Cortes Generales, divididas entre el Congreso de los Diputados y el Senado. De este modo, aunque durante la campaña electoral se pida el voto por uno u otro candidato, siempre con nombres propios y retratos, en realidad lo que el ciudadano hace es elegir quién le representará en el parlamento. En España ha habido siempre una tendencia a hacer campañas de carácter presidencialista, algo bastante normal si entendemos que el ciudadano empatizará más con un rostro que con unas siglas.

Como ya dije, en la candidatura unitaria ‘Junts pel sí’, el cabeza de lista es Raül Romeva, seguido de Carme Forcadell, Muriel Casals, y ya en cuarto y quinto lugar, Artur Mas y Oriol Junqueras. Es previsible que, en caso de obtener escaños suficientes para formar gobierno, este sea presidido por Artur Mas, cosa que a Joan Herrera, actual líder de Iniciativa per Catalunya, le parece antinatural. Quizás habría que recordarle al líder ecosocialista que el parlamentarismo no estipula que quien deba gobernar sea el cabeza de lista de la lista ganadora, sino aquél que reciba el voto favorable de una mayoría de diputados.

¿Por qué un parlamentarismo consensual?

Ya desde antes de las manifestaciones y acampadas populares del 11-M sectores en la izquierda han reclamado una mayor democracia, habitualmente pidiendo una reforma de la ley electoral para que las listas electorales dejen de ser cerradas y bloqueadas, cambiando la Ley d’Hondt por otro método correctivo de carácter más proporcional, todo ello para que los sistemas de representación del pueblo sean más plurales y acordes con las preferencias de los electores –como anécdota: que Izquierda Unida, con más de un millón y medio de sufragios obtenga ocho diputados, mientras que CiU, con medio millón menos obtenga el doble, es cuanto menos peculiar. Con el tiempo, otras propuestas –que también hacía tiempo que corrían por el panorama político español- han ganado también más visibilidad, como por ejemplo los movimientos asamblearios –los cuales no son de mi especial devoción.

El caso, para terminar esta extensa entrada, es que, cuando se trata de sistemas parlamentarios, los modelos consensuales son superiores a los modelos mayoritarios en cuanto a representatividad, proporcionalidad y democratización. Todo modelo tiene virtudes y defectos, y sin duda uno de los defectos de los modelos consensuales es la falta de rendimiento de cuentas de los diputados, si lo comparamos con los sistemas mayoritarios, y también, quizás, una mayor dificultad para gobernar, aunque esto no termine de estar del todo claro para Lijphart.

Lo deseable en pro de la democracia sería que todo parlamento, ya sea municipal, autonómico o Estatal tuviera una proporcional representación de los escaños respecto a lo que el electorado ha elegido y que, si nadie obtiene mayoría suficiente para gobernar en solitario, se vean obligados a convivir y a formar un gobierno de coalición. Lo importante no debería ser la implementación del programa electoral a toda costa, sino que toda acción de gobierno cuente con el mayor apoyo de la población. Las correcciones mayoritarias que el PP tiene en mente van, precisamente, en contra de esta mayor democratización.


Populisme

A hores d’ara deu ser Katz_113x170_df.qxdbastant inútil i contraproduent publicar res que no estigui directament relacionat amb el resultat –contundent com ell sol- del referèndum grec. No el faig aquí, i tampoc sé si el faré enlloc. Avui parlaré sobre el populisme, fenomen creixent a tot el món, però especialment al sud d’Europa, cridat a dominar l’escena política durant les pròximes dècades. El que avui desgranaré aquí és en base a un fantàstic assaig del politòleg italià Loris Zanatta, El populismo.

El terme ‘populisme’ o ‘populista’ venim sentint-lo des de ben petits, de fet, des de sempre. S’utilitza de forma despectiva, i molt rarament algú –o algun moviment- s’identifica com a tal. És, aquí i ara, essencialment un terme negatiu. Però, què és el populisme? La RAE no n’ofereix cap definició, i la del DIEC és insuficient:

populisme 
1 m. [LC] Corrent ideològic, polític, etc., que vol defensar els interessos i les aspiracions del poble.
2 m. [LC] Aprofitament demagògic de les aspiracions del poble per a obtenir un benefici.

Qualsevol partit polític amb uns mínims d’aspiracions democràtiques encaixa en aquesta definició. No ens és útil. Per a esbrinar la resposta a la pregunta, Zanetta passa a estudiar tots els moviments que, típicament, s’han considerat populistes, per tal de trobar-hi punts en comú. A diferència d’altres autors, que diferencien populismes de dreta dels d’esquerra, els actuals dels de dècades anteriors, per a Zanetta tots els populismes són iguals, doncs es basen en un seguit d’idees forçament arrelades en el si d’aquests moviments. Aquestes idees conformen un nucli dur, identificable tant en moviments populistes actuals com en aquells més clàssics, com el peronisme argentí, el feixisme italià o el nacional-catolicisme franquista.

El primer tret distintiu que conforma aquest nucli dur és una visió orgànica de la societat, holística i també corporativista. En l’imaginari d’aquests moviments, les societats són similars a organismes vius, amb cada part realitzant la seva tasca natural. Quan alguna cosa no rutlla significa que el cos està malalt. Rarament els nostres cossos emmalalteixen degut a factors interns, i en els populismes passa el mateix. A més, el poble és homogeni i eminentment virtuós,i seguint la lògica maniquea que impregna aquests moviment, tot aquell que actuï en contra del poble o no sigui virtuós no pot formar-hi part d’aquest organisme. Els populismes són maniqueus i altament polaritzadors. Utilitzen retòrica altament demagògica i amb llenguatge planer, fàcilment identificable com a part del poble. Els líders, a més, són carismàtics, capaços de mobilitzar masses.

No pot entendre’s el populisme sense les forces disgregadores de la modernitat. Les dues grans revolucions de la modernitat van ser la liberal il·lustrada i la industrial. Aquests dos elements han comportat profunds canvis al si de la societat: han fomentat, entre altres, l’individualisme i el pluralisme. Com a conseqüència  de la revolució liberal, els Estats –primer les repúbliques i més tard les monarquies parlamentàries- van dotar-se d’institucions per a representar els interessos del ‘poble’. Aquesta institució ha estat el parlament, institució que els populismes acostumen a no tenir en gaire estima i respecte, doncs no creuen que representi eficaçment els interessos del que ells entenen per poble. Aquest és un fenomen que podem categoritzar com anti-modern, que alhora és una altra característica dels populismes. Els populismes cerquen la unitat i la unanimitat, l’homogeneïtat. Com és evident, la conseqüència d’això és el menyspreu cap al pluralisme i la individualitat.

Fins ara tenim, com a nocions bàsiques de tot populisme, la unitat i homogeneïtat del poble, assimilable sempre a un organisme viu, amb líders carismàtics al capdavant, i el menyspreu cap als fruits de la modernitat. Li hem de sumar un altre element: tendeixen a apel·lar una anterior unitat harmoniosa del poble que, per motius externs, s’ha perdut. Aquests motius externs no sempre són els mateixos, i depenen, sobretot, de la tendència ideològica del moviment en qüestió. Tradicionalment les fonts de disgregació són la globalització i les seves conseqüències –crisi econòmica, migració, disparitat de rentes, multiculturalisme- però també ho són la forta corrupció –els corruptes no són virtuosos i, per tant, no formen par del poble-, sistemes de representació obsolets que s’empenyen en perpetuar-se –com l’Espanya actual, però també la Veneçuela anterior a Chávez, o la Itàlia de Berlusconi fa una dècada, o la de Beppe Grillo en l’actualitat- o economies, democràcies o institucions segrestades per elits. Tots aquests anteriors elements –maniqueisme, societat entesa com a organismes vius, rebuig als sistemes de representació liberal, menyspreu al pluralisme i a l’individualisme- fa que, amb freqüència, aquests moviments siguin de tendència autoritària. Aquest autoritarisme no entra en conflicte, dins de la seva pròpia lògica, amb els reclams de retorn de la sobirania nacional: aquells que se’ls oposen no formen part del poble i, per tant, no tenen poder de decisió; a més, el poble és homogeni i fàcilment identificable en el líder, per tant, és ell qui ha de decidir, i a més ho farà correctament, independentment de que hi hagi oposició.

Però, tot i que els moviments populistes des de fa un parell de segles s’han anat produint arreu, no sempre han triomfat. Per a que els moviments populistes sorgeixin i s’assentin fan falta un seguit de condicions. Una característica habitual és el ser una zona perifèrica a les dos grans revolucions anteriorment esmentades: allà on els populismes triomfen, el constitucionalisme liberal i la industrialització van arribar tard, i no s’han acabat d’assentar. És necessari, també, que a l’imaginari col·lectiu hi hagi certes nocions d’unitat i d’homogeneïtat. Aquest últim element és fàcil de reconèixer en societats tradicionalment catòliques, força comunitàries, com ho poden ser Espanya o Itàlia, però també les societats gregues i russes –tot i que en el seu cas són ortodoxos- i també per tota l’Amèrica llatina.

Tot i que Zanetta no fa una distinció entre populismes, neopopulismes i moviments de dretes i d’esquerres, sí fa una matisació al respecte del sorgiment d’aquests moviments en Estats amb institucions fortes, com poden ser-ho Espanya o Itàlia. En aquests països, habitualment, els moviments populistes no són tan reaccionaris a les institucions liberals, sovint formant-ne part d’elles i rebaixant també la càrrega autoritària.

Deia al principi que els populismes estan cridats a dominar l’escena política arreu durant les pròximes dècades. Principalment per dos motius: tots els elements que he esmentat es donen en gran quantitat de països i, a més, les anàlisis que actualment fan aquests moviments sobre l’actual situació no van gaire allunyats de la realitat. L’actual pèrdua de sobirania dels estats en favor d’institucions no democràtiques i amb una clara falta de rendició de comptes no és la conspiració judeo-maçònica socialista internacional que diversos populismes han fet servir com a enemic per a mobilitzar a les masses.

Evidentment, si tenim tots els números per a que sorgeixin nous populismes, algú es preguntarà si algun dels moviments que han sorgit a l’Estat espanyol com a conseqüència de la crisi econòmica i la pèrdua de legitimitat dels dos grans partits tradicionals poden ser populistes. La meva resposta és afirmativa, tot i que amb matisos. Les forces populistes a Espanya, representades a l’esquerra per Podemos i a la dreta per Ciutadans, no són moviments totalment populistes, com sovint volen fer-nos creure certs mitjans de comunicació. Pablo Iglesias no és Chávez, ni Podemos és un moviment chavista. Si aquests moviments tenen cada cop més adeptes és perquè fan anàlisis correctes de l’actual situació, ofereixen esperances de canvi i, sobretot, la nostra societat tendeix cap a aquests fenòmens.